Por Javier Mozzo Peña
Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán derrumban y levantan nuevos muros. La destrucción de aquel en Berlín en 1989 simbolizó el nacimiento de un mundo unido que prometía una paz liberal, el progreso bajo el paraguas del libre mercado y la consolidación de valores comunes en Occidente.
Dos años después de su caída, el mundo contempló también la desaparición de la Unión Soviética, lo que dejó a una potencia dominante.
En casi medio siglo, el régimen teocrático iraní fue construyendo una estructura de poder casi de manera silenciosa, que se amparó en la Guerra Fría y en la enorme influencia de un potencial energético casi inagotable, con enormes reservas de petróleo y gas, con el que financiaba no propiamente su paz interior o exterior.
Al referirnos a Irán no estamos hablando de un régimen normal, pacífico y que buscaba el entendimiento.
De lo que hablamos es de un país que financió, patrocinó y armó a todo tipo de terroristas. Lo hizo prácticamente desde que el ayatolá Jomeini aterrizó en Teherán en 1979 proveniente de Francia. Con quien primero quiso reunirse fue con el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat.
Ese régimen llegó al punto álgido el año pasado, cuando masacró a decenas de miles de habitantes tratando de contrarrestar protestas en todo el país, en medio de una grave crisis económica, generada por las ingentes cantidades de recursos para expandir su imperialismo ideológico y su ambición por destruir a Israel.
Dejemos algo en claro: las acciones de Estados Unidos e Israel no fueron aprobadas por el sistema internacional, ni por la legalidad que ambos han ayudado, en mayor o menor manera, a construir y que, de alguna manera, rige para el resto del mundo.
Muy pocos ladrillos quedan en pie del “orden basado en reglas” contra las autocracias, que empezó a derrumbarse, por no ir más allá en el tiempo, con la invasión de Rusia a Ucrania en 2022.
Las normas de la Carta de las Naciones Unidas prohíben la agresión armada salvo en defensa propia inminente o con autorización expresa. A lo primero es a lo que están acudiendo Estados Unidos e Israel para darle algún soporte legal a su ataque a Irán.
Si las democracias liberales ignoran el derecho internacional cuando les conviene o se sienten amenazadas, pierden el derecho a exigirlo a otros, con lo que pasamos de un mundo basado en leyes a uno basado en quien tiene el mayor poder militar.
Si estuviéramos hablando de un país normal, como Ucrania, podríamos plantear el desplome de la diplomacia multilateral, de las negociaciones tranquilas y de los diálogos en capitales neutrales. Pero eso fue lo que sobró en el caso iraní, tras meses de contactos indirectos, mediados por Omán.
Con Irán había un muro que por mucho tiempo sirvió para contener o intentar ocultar, una realidad de desestabilización exportada por Teherán durante décadas. Durante todo este tiempo, actuó detrás de milicias proxys que golpeaban a Israel y a Estados Unidos, sin recibir castigo a cambio en su casa.
Pocos días después de iniciar su más reciente operación, Estados Unidos recordó que durante estos años han muerto más de 1.000 de sus ciudadanos por las acciones directas o indirectas del régimen teocrático que está desplomándose. Casi 3.000 israelíes murieron en octubre del 2023 con la incursión de milicias de Hamas, patrocinadas por Irán, al territorio hebreo.
De alguna manera, Irán ha sido llamado a rendir cuentas, como patrocinador, financiador y armador del terrorismo.
Sin las mejores maneras, también se derrumbó el muro de la tolerancia internacional. El régimen tensó tanto la cuerda de la desestabilización regional, que la pared de contención que Occidente y algunos vecinos árabes mantenían por miedo a una conflagración mayor, cayó ante el peso de las provocaciones de Irán.
Paralelamente, entonces, el mundo está levantando un muro para aislar a los regímenes que han demostrado que no buscan el entendimiento, sino la hegemonía mediante el caos.
Y es así que los próximos que puedan recibir su merecido -dando por sentado que el derecho internacional se quedó escrito en un papel- sean Rusia y Corea del Norte, quienes han recibido el apoyo de China para sus propósitos.
Habrá una nueva Cortina de Hierro reforzada. Se estaría colocando el último ladrillo a una pared que divide a las democracias occidentales que buscan estabilidad, de un eje conformado por China, Rusia y Corea del Norte, todas poseedoras de la bomba atómica.
Y han dado pasos en ese sentido, buscando comerciar con una moneda común, con el intercambio de innovación y desarrollo en tecnología civil y militar entre ellas y la afiliación a organizaciones regionales.
La sombra del muro que se está levantando también opaca por completo a las Naciones Unidas. El nuevo orden mundial está hoy dado por la cantidad de misiles y portaviones y su capacidad para usarlos en el momento y bajo las circunstancias que se deseen, sin que nadie se atraviese.
La seguridad está en la capacidad de golpear primero y más fuerte.
Hay una claridad trágica en todo lo que está sucediendo en el Medio Oriente. Al quitar la máscara de la guerra que Irán usó para incendiar la región durante tanto tiempo, Estados Unidos y sus aliados han levantado un muro de contención que luce definitivo.
No obstante, ese muro encierra un mundo más rígido, más caro y más peligroso, donde la única diplomacia que se puede aplicar es aquella que sea acompañada por el arsenal más moderno y potente.
@javimozzo



