¡Hola, Apuntadores! Qué gusto saludarlos este miércoles 3 de junio.
La carrera por la presidencia de Colombia está encendida. Tras la primera vuelta, los candidatos finalistas, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, están en la caza de los tres millones de votos que cada uno necesita para coronarse en la segunda vuelta el próximo 21 de junio.
En el aire flotan 2.5 millones de electores clave: los que votaron por Juan Daniel Oviedo, Sergio Fajardo o Claudia López. Es un botín definitivo y, precisamente por eso, hay un tema crucial que no podemos dejar pasar agachado: la Constituyente.
De repente, la propuesta de cambiar la Constitución desapareció del discurso de campaña de Iván Cepeda y de su jefa de debate, María José Pizarro. ¿Por qué la niegan o dicen que ya no es prioridad? La respuesta es pura estrategia: tienen que ir a buscar votos en el centro y en la centro-derecha, y saben perfectamente que ahí la Constituyente no suma, sino que espanta.
Pero ojo, una cosa es el discurso y otra la realidad. Detrás de bambalinas, el comité promotor de la Asamblea Constituyente sigue formalmente inscrito ante el Consejo Nacional Electoral, la recolección de firmas continúa en las calles y eventos del Pacto Histórico, y hasta se mantiene activa la cuenta de ahorros en Bancolombia para financiarlo. Nos quieren distraídos con otros temas para que no hablemos de lo verdaderamente importante: las reglas del juego del país.
Dos visiones encontradas: ¿Bloqueo institucional o contrapesos?
El debate de fondo sobre cambiar la Constitución del 91 divide al país en dos orillas muy claras:
- Los defensores de la Constituyente: Argumentan que existe un «bloqueo institucional» en el Congreso que frenó las reformas sociales del gobierno. Dicen que la estructura actual del poder dificulta hacer realidad los derechos fundamentales y que se necesita una nueva etapa para garantizar la salud, el trabajo y la reforma agraria.
- Los críticos y la oposición: Responden que ese supuesto «bloqueo» no es más que el funcionamiento normal de una democracia. Se llama separación de poderes y sistemas de pesos y contrapesos. En una democracia, los gobiernos no siempre consiguen todo lo que quieren a la brava; para eso están las cortes, el Congreso y los organismos de control.
Además, pretender que estamos en una crisis comparable a la de 1991 es desconocer la historia. En ese entonces, el narcotráfico y los carteles de Medellín y Cali tenían arrodillado al Estado con el asesinato de candidatos presidenciales y una crisis de legitimidad profunda. Hoy, aunque persisten problemas graves de orden público y violencia territorial, las instituciones se mantienen firmes.
El libreto de desacreditar el sistema electoral
Detrás de la insistencia del presidente Gustavo Petro y de Iván Cepeda en atacar la transparencia de las elecciones —hablando de un fraude del que no han presentado ni una sola prueba— hay una estrategia copiada de manual. Es el mismo libreto que en su momento usaron Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales: horadar la confianza en las instituciones para convencer al ciudadano de que el sistema no sirve y que la única salida es cambiar la Constitución.
¿Y para qué quieren cambiar las reglas del juego? Para construir unas a su medida: reelección indefinida, eliminación de la separación de poderes, centralización del mando y un sistema electoral manejado por el gobierno, tal como ocurre en Venezuela.
Afortunadamente, las misiones de observación internacional de la Unión Europea y de la OEA ya fueron contundentes: descartaron cualquier tipo de fraude o manipulación en el preconteo y los escrutinios. El sistema electoral colombiano es robusto, transparente, y es el mismo con el que la izquierda llegó a la alcaldía, al Congreso y a la propia Presidencia. Curioso que solo les parezca fraudulento cuando no ganan por goleada.
La puja por los «Ni-Ni» y el Decálogo de Fajardo
Mientras Álvaro Uribe ya cantó su voto definitivo por Abelardo de la Espriella bajo las banderas del orden y la autoridad , y Juan Daniel Oviedo se plantó en la total independencia exigiendo debates y respeto institucional , el ex candidato Sergio Fajardo destapó sus cartas al mediodía con su «Decálogo del millón de votos».
Aunque Fajardo, fiel a su estilo, prefiere mantenerse en el centro y no decir abiertamente por quién votar , los puntos clave de su documento hablan por sí solos y marcan una distancia enorme con el proyecto del Pacto Histórico:
- No a la Constituyente: Defensa irrestricta de la Constitución del 91 y rechazo a cualquier intento de socavarla.
- Fin a la «Paz Total»: Exigencia de una agenda seria de seguridad, control territorial y combate a las economías ilegales ante el evidente fracaso de la política actual.
- Política exterior profesional: Crítica directa a la diplomacia presidencial basada en peleas personales, improvisaciones y afinidades ideológicas.
La mesa está servida y las cartas sobre la mesa. En las próximas semanas nos jugamos el modelo económico, la independencia de poderes y el futuro de nuestra democracia. No es momento para votar en blanco o quedarse viendo fútbol; es momento de exigir respuestas claras de «sí o no» a los candidatos frente a la Constitución.
¡Pasa la voz!
¿Qué opinan ustedes sobre el repentino silencio del Pacto Histórico con la Constituyente? ¿Le creen a ese giro moderado de segunda vuelta? Déjenme sus comentarios aquí abajo.
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