Petro podría ser el peor enemigo de Iván Cepeda

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La discusión sobre un supuesto fraude electoral parece haber quedado resuelta.

La Registraduría informó que el escrutinio realizado por los jueces de la República alcanzó el 99,98 % de avance y que la coincidencia entre el preconteo y el escrutinio supera el 99,9 %. En otras palabras, los errores detectados no modifican el resultado de la primera vuelta presidencial.

Sin embargo, mientras el país parecía pasar la página, el presidente Gustavo Petro abrió un nuevo debate al sugerir que la campaña de Iván Cepeda enfrenta graves debilidades y que él mismo tendría que ponerse al frente de la batalla electoral.

Y ahí aparece una pregunta inevitable:

¿Está Petro ayudando a su candidato o lo está perjudicando?

Una derrota que todavía no existe

Lo primero que llama la atención es el tono.

Ni Iván Cepeda perdió ni Abelardo de la Espriella ganó.

Ambos clasificaron a la segunda vuelta y tienen tres semanas para conquistar los votos que les faltan. Los únicos derrotados fueron los candidatos que quedaron por fuera de la competencia.

Por eso resulta extraño que desde el propio Gobierno se transmita un mensaje de derrota anticipada.

Más aún cuando Cepeda obtuvo más votos de los que consiguió Gustavo Petro en primera vuelta hace cuatro años.

Si eso es una derrota, es una derrota bastante peculiar.

La obra de gobierno que nadie ve

Petro sostiene que su gobierno realizó la mayor transformación social de la historia reciente y que los colombianos no han sabido valorarla.

Vale la pena entonces hacer el ejercicio de buscar esa obra.

El problema es que los tres grandes pilares que presentó el Gobierno parecen generar más preguntas que aplausos.

Salud

La promesa era mejorar el sistema.

La percepción de millones de ciudadanos es que terminó debilitándose.

La crisis de medicamentos, las demoras en tratamientos, la incertidumbre de los pacientes y las dificultades del sistema de salud de los maestros han convertido este tema en uno de los mayores pasivos políticos del Gobierno.

Paz Total

La iniciativa fue presentada como una apuesta histórica.

Sin embargo, el aumento de la extorsión, el secuestro, el reclutamiento de menores y la expansión territorial de grupos armados ilegales hacen difícil sostener que el país vive hoy una etapa de mayor tranquilidad.

Transición energética

El Gobierno apostó por acelerar el cambio de modelo energético.

Pero hoy Colombia enfrenta advertencias sobre posibles déficits de energía y escasez de gas natural, mientras Ecopetrol atraviesa dificultades derivadas de la incertidumbre sobre exploración y producción.

Cuando incluso sindicatos históricamente cercanos al Gobierno empiezan a cuestionar estas políticas, la discusión deja de ser ideológica y se vuelve práctica.

El problema de comunicación no es la comunicación

Hay una vieja regla en política:

Las buenas noticias necesitan espacio para respirar.

Pero cuando el presidente convierte cada intervención pública en una pelea con periodistas, empresarios, jueces, opositores o incluso miembros de su propio equipo, las polémicas terminan devorándose cualquier logro que quiera mostrar.

Si existe una obra de gobierno que merezca reconocimiento, el primer obstáculo para comunicarla parece ser el propio presidente.

No porque los medios la oculten.

Sino porque las controversias terminan ocupando todo el espacio.

El riesgo para Iván Cepeda

Aquí aparece el punto central.

Cuando Petro afirma que debe asumir personalmente el liderazgo de la campaña, el mensaje implícito es devastador:

Que la campaña actual no está funcionando.

Que su candidato no está logrando conectar.

Que los estrategas están fallando.

Y eso debilita la imagen de liderazgo de quien aspira a gobernar Colombia.

Más grave aún.

Cada vez que Petro entra en la discusión electoral, el debate deja de girar alrededor de Iván Cepeda y vuelve a girar alrededor de Gustavo Petro.

El candidato desaparece detrás del presidente.

Y en política eso suele ser una mala noticia.

Pero cuidado: la elección tampoco está ganada para Abelardo

La advertencia también aplica para la otra campaña.

Dos días después de la primera vuelta, la sensación es que el presidente sigue marcando la agenda política mientras Abelardo de la Espriella observa desde la barrera.

Y eso puede ser un error.

Las campañas no se ganan celebrando resultados pasados sino construyendo mayorías futuras.

Los electores necesitan respuestas concretas.

¿Cómo evitar un racionamiento energético?

¿Cómo recuperar la seguridad?

¿Cómo financiar el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas?

¿Cómo rescatar el sistema de salud?

¿Cómo corregir el déficit fiscal?

Las próximas semanas no deberían estar dominadas por peleas ni por insultos.

Deberían estar dominadas por propuestas.

La verdadera batalla

La segunda vuelta presidencial no será simplemente una confrontación entre dos candidatos.

Será también una evaluación ciudadana sobre el gobierno que termina.

Y en esa evaluación Gustavo Petro parece haber decidido convertirse en protagonista.

La pregunta es si esa protagonismo ayudará a Iván Cepeda o terminará consolidando el voto en su contra.

Porque a veces, en política, el adversario más peligroso no está en la campaña de enfrente.

Está sentado en la misma mesa.

Oído al tambor.

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