Hay temas que no generan clics fáciles. No producen indignación instantánea ni peleas virales en redes sociales. Son complejos, técnicos y, muchas veces, incómodos. Pero justamente por eso terminan siendo los más peligrosos.
Hoy quiero hablarles de uno de esos temas: la posibilidad real de que Colombia enfrente una crisis energética y de gas en los próximos años. Y no estamos hablando de un problema menor. Estamos hablando de apagones, racionamientos, facturas impagables y un sistema que, según varios expertos del sector, ya está mostrando señales de agotamiento.
Lo más grave no es solo el problema en sí. Lo más grave es que casi nadie quiere hablar de él.
Un déficit que ya existe
Durante años Colombia tuvo una especie de “colchón” energético. Producíamos más energía de la que consumíamos. Ese margen permitía enfrentar fenómenos climáticos como El Niño sin entrar en pánico.
Hoy esa situación cambió.
Según lo discutido en una reunión con representantes del sector térmico, Colombia ya tiene un déficit energético cercano al 6%. Es decir: estamos consumiendo más energía de la que tenemos garantizada para producir.
El Gobierno convocó recientemente una subasta para conseguir nuevos proyectos de generación. Pero desde el inicio aparecieron los problemas.
La meta era cubrir apenas el 5% del faltante, no el 6%. Y aun así la subasta fracasó parcialmente: solo aparecieron ofertas equivalentes al 2% de la energía requerida.
Traducido al español cotidiano: el país necesita energía que hoy no tiene y tampoco consiguió quién se comprometiera seriamente a producirla.
La tormenta perfecta
El problema no es uno solo. Son varios problemas ocurriendo al mismo tiempo.
Primero: la demanda sigue creciendo. Consumimos más energía cada año. Más computadores, más celulares, más electrodomésticos, más aire acondicionado, más carros eléctricos.
Segundo: los embalses están por debajo de los niveles ideales para enfrentar un fenómeno de El Niño fuerte. Hoy deberían estar alrededor del 80% de su capacidad y están cerca del 64%.
Tercero: el país tampoco está preparado en materia de gas. Colombia dejó de explorar y desarrollar nuevas reservas mientras aumentaba la dependencia del gas importado. El resultado es un combustible más caro y una infraestructura insuficiente para procesarlo y distribuirlo.
Y cuarto: no hay tiempo.
Ese fue quizá el mensaje más repetido durante el episodio. No hay margen para improvisar. Las decisiones que se tomen en los próximos meses podrían definir si Colombia atraviesa o no un periodo prolongado de racionamiento energético.
El fantasma del apagón
Muchos colombianos menores de 35 años nunca vivieron el apagón de los años 90. No saben lo que significa vivir con cortes programados de energía, cocinar mirando el reloj o reorganizar la vida cotidiana alrededor de horarios de luz.
Pero el sector energético ya empieza a hablar de esa posibilidad.
Y no solo por falta de generación. También por problemas financieros dentro del sistema.
El caso más delicado es el de Air-e, la empresa intervenida por el Gobierno que hoy acumula deudas cercanas a 2,1 billones de pesos con otras compañías del sector eléctrico.
La preocupación es sencilla de entender: si una empresa grande deja de pagar, el resto del sistema empieza a tensionarse. Algunas compañías podrían dejar de vender energía por riesgo de cartera. Otras tendrían que absorber pérdidas. Y el mercado completo podría encarecerse aún más.
Mientras tanto, el precio de la energía ya viene subiendo.
Hace apenas unos meses el llamado “precio de escasez” rondaba los 700 pesos por kilovatio. Hoy ya supera los 1.000 pesos y podría seguir aumentando si el fenómeno de El Niño se intensifica.
Eso significa algo muy concreto para millones de hogares: la factura seguirá llegando, incluso si hay racionamientos.
Y llegará más cara.
El problema político que nadie quiere discutir
En medio de la campaña presidencial, el debate público colombiano parece atrapado entre insultos, escándalos y peleas personales.
Pero casi nadie está preguntando algo fundamental:
¿Cómo va a evitar el próximo gobierno que Colombia enfrente una crisis energética durante los próximos años?
Porque aquí no se trata solo de ideología. Se trata de capacidad técnica, experiencia, equipos de trabajo y gobernabilidad.
El propio sector calcula que Colombia necesitará invertir alrededor de 66 billones de pesos durante la próxima década para ampliar generación, transmisión y distribución eléctrica.
Eso implica construir nuevas plantas, ampliar redes, obtener licencias ambientales y recuperar la confianza de inversionistas privados.
No es un problema que se resuelva con discursos.
La discusión incómoda
Tal vez por eso este tema incomoda tanto.
Porque obliga a hablar de decisiones de largo plazo. De planeación. De ejecución. De gestión pública. De técnicos. De ingeniería. De realidades físicas y financieras que no se arreglan con hashtags.
Y porque nos recuerda algo incómodo: un país moderno depende completamente de algo que damos por sentado.
La electricidad.
Hasta que un día deja de estar ahí.
Y ahí sí todos entendemos el problema.



