Por Javier Mozzo Peña
Bares en la India están sacando provecho de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.
Resulta que, ante la escasez de aluminio en el gigante país asiático, los productores de la Coca-Cola Light, una de las bebidas más populares en ese país, no han podido atender oportunamente la demanda de sus consumidores. India es uno de los pocos países que vende ese producto únicamente en lata de aluminio.
El inconveniente es que los abastecedores de la gaseosa no han podido o no han querido adaptarse rápidamente para vender el líquido en otros envases, como vidrio.
Ello ha entregado a los clientes a los brazos de los acaparadores de la popular bebida enlatada, quienes sacan dinero por partida doble pues solo venden el producto en “fiestas de Coca-Cola Light”, a las que se llega pagando entradas de hasta 20 dólares.
El gancho adicional de las convocatorias es que, según el corresponsal Aditya Kalra de la agencia Reuters en Nueva Delhi, también se paga por participar en rifas en las que los premios son, precisamente, Coca-Cola Light en lata.
Otros canales de venta son sitios en línea donde todavía se puede conseguir en cantidades limitadas, obviamente, a muy altos precios.
Lo que pasa en India demuestra que no solo el petróleo y el gas escasean por la cruenta guerra.
El cierre del estrecho de Ormuz no está perdonando nada, ni siquiera la vida tranquila que llevaban, por ejemplo, millones de indios destapando un refresco para calmar la sed.
También está perjudicando los mercados de metales, la agricultura, los envases de plástico, los servicios postales y hasta la industria automotriz.
De acuerdo con Reuters, el Golfo Pérsico representa alrededor del 9% de la producción mundial de aluminio, la cual se encuentra atrapada desde finales de febrero por un bloqueo de facto en el estrecho de Ormuz impuesto por Irán.
El año pasado, por ejemplo, solo Oriente Medio representó el 21% de las importaciones mundiales del aluminio sin procesar y el 13% de las importaciones del metal procesado, escribió recientemente Kevin Williams en CNBS.
La Asociación del Aluminio, que representa a la industria del metal en Estados Unidos informó que “la situación en Irán está teniendo repercusiones y, a medida en que el conflicto se prolonga, la preocupación del sector también aumenta”.
Como ya se había comentado en esta columna no hace mucho, los fertilizantes corren enormes riesgos por los problemas en la cadena de suministro y en su propia producción. Aproximadamente un tercio del comercio mundial de fertilizantes transitaba por el Estrecho de Ormuz, incluyendo ingentes volúmenes de nitrógeno.
Los precios de la urea, vital para las tierras de cultivo, han subido de 475 dólares por tonelada a 680 en el centro de distribución de fertilizantes en Nueva York, informó CNBC, lo que está afectan el ciclo de siembras de soja y maíz.
El Programa de Alimentos de la ONU estimó que 45 millones de personas más -la mayoría residentes en Asia y África- podrían caer en hambruna si la guerra no cesa a mediados de este año. Eso elevaría el total mundial de personas que sufren inseguridad alimentaria a 363 millones, la más alta registrada.
Craig Geskey, vicepresidente de soluciones estratégicas de Traffic, una empresa de gestión logística y transporte, afirmó a CNBC que los insumos petroquímicos, los plásticos, el caucho, la electrónica y las baterías se encuentran entre los insumos y sectores que enfrentan dificultades en la cadena de suministro.
En Estados Unidos, Mae Anderson de la agencia AP, reportó que el Servicio Postal implementó un recargo temporal de 8% en algunos de sus servicios, incluyendo el correo prioritario, para mitigar el aumento en el costo de los combustibles de sus camiones.
Amazon también añadió un recargo de 3,5% por combustible y logística a los vendedores externos que usan la plataforma y se espera que los precios de la ropa, los cosméticos y los muebles pasen por la misma situación.
Procter & Gamble, fabricante de la pasta de dientes Crest y el detergente para ropa Tide, estimó la semana pasada que tendría que trasladar el más alto costo por los envases de plástico a los precios finales, pues muchos de ellos están fabricados de resina y otros derivados del petróleo.
Unilever, con sede en Londres, también advirtió que podría elevar el precio final de sus productos como el jabón Dove o la mayonesa Hellmann’s entre un 2 y un 3% “en pequeñas dosis”.
Según la Alianza de Supermercados Independientes, que agrupa a unos 7.500 establecimientos en todo el mundo, el combustible representa entre el 15 y el 30% del costo total de los alimentos.
Llegados a este punto, un problema agregado es que cuando los buques logran usar otras rutas para evadir el cierre de Ormuz, producen congestión en los puertos de destino y en el servicio de camiones que se usan para distribuir los productos. Algo que ya se había visto durante la pandemia.
“El impacto inicial en el océano puede tardar entre 10 y 14 días, pero la presión suele llegar en un plazo de 2 a 5 semanas. A medida que los contenedores desviados por otras rutas llegan en grandes cantidades, aumenta la congestión en las terminales y la demanda de transporte terrestre supera la disponibilidad de camiones”, escribió la profesora Usha Haley, experta en cadenas de suministro de la escuela de negocios Barton, en la Universidad Estatal de Wichita.
El bienestar cotidiano ha sido impactado por el cierre del Estrecho de Ormuz y la guerra en Irán. La gran paradoja de nuestra era es que el libre tránsito por una ruta marítima de apenas 33 kilómetros de ancho sea lo único que separa la normalidad del caos en las góndolas de los supermercados.
Mientras más de 1.500 buques mercantes permanezcan varados a la espera de que se normalice la situación, seguiremos descubriendo que, en geopolítica, una mala decisión en uno de los tantos estrechos usados para transportar productos para el diario vivir, se paga, literalmente, en cada cepillado de dientes.
@javimozzo



