¿Un nuevo derecho internacional?

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Por Javier Mozzo Peña

  • Extraigamos del poder al presidente que cometió fraude electoral, de modo que no se desencadene una guerra civil…
  • ¡Imposible!
  • Abordemos con militares buques petroleros fantasma porque eluden sanciones económicas.
  • No… ¡Imposible!
  • Hagamos efectiva la guerra contra las drogas y hundamos lanchas rápidas que llevan cocaína y otras sustancias a Estados Unidos.
  • ¡Imposible!… ¡Imposible!
  • ¿Qué tal si apoyamos el derrocamiento de un régimen teocrático de casi medio siglo, que está reprimiendo violentamente a su población?
  • (La respuesta pronto la conoceremos).

De un tiempo a esta parte, muchas cosas que antes se consideraban imposibles de hacer se han hecho realidad.

Es más: ahora se anuncian y se ejecutan acciones en abierta contradicción a las normas del derecho internacional que, por casi un siglo, fueron establecidas para imponer orden sobre el caos.

Nicolás Maduro -un dictador en toda regla y quien se había robado las más recientes elecciones en Venezuela- ahora está preso tras una audaz acción de intervención militar de Estados Unidos. En una cárcel de Manhattan está enfrentando a la justicia de ese país, con cargos de tráfico de cocaína.

Buques petroleros fantasma, llamados así por apagar sus señales de localización para evadir sanciones que pesan sobre las economías de Venezuela, Irán y Rusia, ahora son abordados y su carga confiscada en altamar por fuerzas militares de Estados Unidos y Francia.

Lanchas que aparentemente transportan cocaína por el Mar Caribe y el Océano Pacífico hacia Estados Unidos, son bombardeadas dejando centenares de muertos.

En los tres casos no se acudió a una entidad supra nacional para buscar aprobación o siquiera una consulta. El sistema internacional y su estructura jurídica se ven totalmente sobrepasados y lucen como un cuadro colgado en la pared.

Potencias militares, especialmente Estados Unidos, se cansaron de la nula aplicación de las normas que ellas mismas ayudaron a construir y se han tomado la ley en sus manos. Ya parece que la ONU o el Consejo de Seguridad, la Corte Internacional de Justicia o la Organización Mundial de Comercio no existieran.

Surge una “Junta de la Paz” o “Junta para la Paz”, que se autoproclamó esta semana como un organismo internacional y a la cual ya varias naciones se han adscrito, como una especie de “mini ONU”.

“Los primeros pasos hacia un día más brillante para el Medio Oriente y un futuro mucho más seguro para el mundo se están desarrollando ante sus propios ojos”, dice una publicación de la Casa Blanca en la red social Twitter.

Es clara la declaración de intenciones del nuevo organismo. Cuenta con un logotipo sugerente y dorado, en el que Norteamérica está rodeada por hojas de laurel. Una junta que creó Donald Trump -de la que es su presidente- compuesta por democracias, autocracias y regímenes monárquicos, que compite clara y abiertamente con la anquilosada ONU.

Un nuevo derecho internacional se crea ante nuestros ojos y, en distintos escenarios, pareciera cambiar por completo y de manera dramática el orden liderado y mantenido por Estados Unidos desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.

Los académicos Mónica Hakimi y Jacob Katz Cogan ya lo veían venir en el 2025. Así lo consignaron en el artículo para el American Journal of International Law titulado “El fin del orden internacional respaldado por Estados Unidos y el futuro del derecho internacional”.

Allí, consideraban que ese viejo orden, con un derecho internacional fuerte y edificado con mucha paciencia a lo largo de los años, estaba siendo transformado precisamente por el país que tal vez hizo más por ayudarlo a construir.

Los autores ya visualizaban que el cambio de ese orden se estaba acelerando. Días después de cumplir el primer año de su segundo mandato, Trump lo está imponiendo, en medio de su rechazo total al multilateralismo y a su política transaccional que ha puesto todo patas arriba.

El abogado Martín Eduardo Botero, en una extensa columna publicada también en Twitter, expresó que no se trata de que Trump esté en contra de la ONU sino del fracaso moral y, sobre todo, funcional del derecho internacional globalista, que dejó de proteger a las víctimas.

Para Botero, no se trata de que falte más legislación. Más bien, de que no sea capaz de impedir que estados criminales lideren organismos para proteger los derechos humanos; que presidentes responsables de reprimir y desplazar ciudadanos dicten lecciones de moral y que las víctimas reales queden atrapadas en procedimientos eternos, informes estériles y condenas sin consecuencias.

“No es casual que muchos estados y millones de ciudadanos hayan dejado de creer en ese orden. No porque amen el autoritarismo sino porque no se sienten protegidos por la legalidad internacional vigente. Trump no está creando el vacío, lo está ocupando”, indicó el abogado.

La iniciativa de Trump no nace de la nada, sino de una verdad incómoda: el derecho internacional dejó de ser eficaz para enfrentar el mal. “Trump no propone un sistema más justo, sino una más directo, más brutal si se quiere, pero lo hace en los hombros de uno que falló en su misión esencial”, agregó el abogado.

América Latina y Colombia lucen alejadas del nuevo orden que se está construyendo. Solo Argentina hace parte de la Junta de la Paz.

¿Queremos seguir mirando para atrás y contemplar los pocos resultados de un derecho internacional que no funcionó, o vamos hacia adelante para castigar de una vez por todas a los responsables del caos?

@javimozzo

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