La seguridad en Colombia no atraviesa simplemente una mala racha estadística; estamos ante una erosión sistemática de la soberanía estatal. Mientras la capacidad operativa de nuestra Fuerza Pública se degrada, los grupos criminales avanzan para copar vacíos estratégicos, consolidando órdenes sociales alternos ante una estrategia oficial que parece observar desde la barrera.
La crisis de la «Zanahoria sin Garrote»
El diagnóstico es crudo: el propio Ejecutivo admite que la Fuerza Pública opera apenas al 55% de su potencial ideal. No es un accidente. Según el analista Eduardo Pizarro, se aplicó una política de «zanahoria» (diálogo) sin el necesario «garrote» (presión militar), permitiendo que la reacción del Estado sea hoy tardía e insuficiente.
A esto se suma un desmantelamiento del liderazgo institucional:
- Cúpula descabezada: 79 generales y almirantes han salido desde agosto de 2022.
- Fuga de experiencia: La salida masiva de oficiales superiores genera un vacío crítico en la planificación táctica.
- Crisis técnica: El 60% de la flota de helicópteros está en tierra, dejando a las tropas sin movilidad en los teatros de operaciones más complejos.
El «Ejército de las Sombras» en expansión
Mientras el Estado se debilita, el crecimiento de los Grupos Armados Organizados (GAO) ha sido explosivo. Las cifras de la Apreciación de las Capacidades Críticas de la Amenaza (Accam) no mienten:
- Bajo la actual administración, el pie de fuerza ilegal pasó de 15,120 a 27,121 integrantes, un crecimiento del 45%.
- El Clan del Golfo ya suma casi 10,000 miembros, ofreciendo salarios de hasta 1.5 millones de pesos para consolidar su gobernanza local.
- La producción de cocaína alcanza un récord histórico de 2,664 toneladas métricas, financiando un reclutamiento agresivo que el Estado no está logrando contrarrestar.
¿Hacia dónde vamos en 2026?
La «Paz Total» ha funcionado, en la práctica, como una ventaja estratégica para la criminalidad. De cara a las próximas elecciones, el país se enfrenta a un punto de inflexión entre modelos diametralmente opuestos: desde la «mano firme» y el fin de negociaciones con bandidos, hasta la continuidad del modelo de justicia social.
Se nos va la patria en esta elección. El control territorial hoy se mide en vías ilegales construidas por criminales y en la carnetización de ciudadanos en regiones como el Cauca y el Catatumbo.
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¿Qué opina usted? ¿Es posible recuperar el control territorial sin una reestructuración profunda del mando militar? Los leo en los comentarios.



