Por Javier Mozzo Peña
Mientras el mundo espera con creciente expectativa las nuevas decisiones que se adopten en torno a Irán, muchas preguntas surgen en torno a las decisiones que ha tomado en torno a su relación con Estados Unidos e Israel.
El contraste: Crecimiento petrolero y tragedia social
Uno de los más recientes monitores económicos de Irán realizado por el Banco Mundial es pródigo en resaltar cosas buenas de la nación asiática, pese a la tragedia de falta de agua y mala provisión de electricidad.
En el 2024 consideraba que el país crecía por cuarto año consecutivo, impulsado por la recuperación de su sector petrolero, pese a las duras sanciones económicas vigentes.
El PIB se aceleró al 5% interanual entre abril y diciembre del 2023, impulsado por una expansión del área petrolera de 16,3% interanual, gracias a las mejores exportaciones de crudo, especialmente a China e India, las insaciables economías que más crecen en el mundo.
Entonces, ¿Qué lleva a un país dotado de esas inmensas riquezas naturales a condenar a sus habitantes a olvidarse de un mayor bienestar y prosperidad, a tener sed y sufrir por falta de electricidad, a costa de buscar el exterminio de otro?
¿Cuál es el propósito de embarcarse en una multimillonaria carrera armamentística que incluye la bomba nuclear y no atender las inmensas necesidades de su población?
De los actuales líderes de Irán no se obtendrían muchas respuestas. Posiblemente su contestación no se basaría en los términos “riqueza” o “bienestar” que se usa en esta parte del mundo, sino que usarán los de justicia, soberanía y supervivencia.
Tal vez intentarían invertir la manera en que Occidente ve sus ambiciones militares puestas por encima de su pueblo. Es decir, dirán que no es que “sacrifiquen” la prosperidad de los habitantes, sino que Occidente está tratando de chantajear a Irán para que renuncie a su independencia a costa de migajas económicas.
Para los ayatolas, que cumplen casi medio siglo rigiendo con mano de hierro los destinos de 80 millones de iraníes, su programa nuclear no es un capricho militar sino un derecho inalienable, un paso para combatir el “apartheid científico” que condena a los países del llamado Sur Global a que nunca lleguen a alcanzar las tecnologías de punta.
La «Odisea Nuclear»: Un gasto de 100.000 millones de dólares
Ali Vaez y Karim Sadjadpour parecieron aproximarse a dar respuestas en su seminal estudio “La odisea nuclear de Irán: costos y riesgos” del 2013 para el Carnegie Endowment of International Peace.
Allí argumentan que esa “odisea” ha estado marcada por enormes costos financieros, riesgos impredecibles y motivaciones poco claras.
“El historial encubierto del programa nuclear, sumado al a prohibición del gobierno iraní de una cobertura mediática abierta sobre ese tema, ha impedido un debate interno muy necesario sobre su justificación costo-beneficio, por lo que preguntas cruciales sobre la eficacia económica y la seguridad del programa han quedado sin respuesta”, indicaron los expertos.
Ya en el 2013, los expertos calculaban que, para Irán, el solo costo de conseguir la bomba atómica ha superado los 100.000 millones de dólares, desde que comenzó con la aventura por allá en la década de 1980.
Para ejemplificar el costo de la corrupción y la mala planificación que también ha contaminado al programa nuclear, solo uno de los muchos reactores, el Bushehr, duró cuatro décadas en completarse a un costo de 11.000 millones de dólares, para que apenas atienda un 2% de las necesidades eléctricas de Irán.
Otros analistas dan cuenta que el mantenimiento de los grupos proxys, encargados de atacar a Israel y Estados Unidos, le significaba a Irán transferencias anuales de al menos entre 700 millones y 1.000 millones de dólares, mientras que el gasto en influencia regional para Siria y Yemen superó los 16.000 millones de dólares en la última década.
Vaez y Sadjadpour también se refieren a los costos indirectos relacionados con las pérdidas masivas en inversión extranjera directa, el impacto de las sanciones y el costo de oportunidad de no poder explotar plenamente la segunda reserva gasífera del mundo.
Con energías renovables y un buen plan de mitigación de la sequía, Irán pudo haber resuelto buena parte de sus graves problemas y no embarcarse en semejante carrera armamentística.
Para los teóricos de las relaciones internacionales el régimen iraní ve que el pilar de su existencia revolucionaria es el apoyo a grupos terroristas y la búsqueda de la desaparición de Estados Unidos e Israel. Al abandonar esa retórica, el régimen perdería su razón de ser y su distinción frente a otros países islámicos, en una suerte de círculo maléfico en el que la identidad revolucionaria vale más que mejorar una simple cifra de crecimiento económico.
Omniequilibrio: ¿Por qué el régimen prefiere el control a la prosperidad?
El profesor Steven David sugiere el concepto de “Omniequilibrio” que afirma que para comprender las políticas exteriores de los países en desarrollo era necesario no solo considerar las amenazas externas al estado, sino los desafíos internos a la superviviencia del régimen.
Los líderes iraníes pueden percibir que la mayor amenaza no es la pobreza de su gente, sino una invasión extranjera o un golpe de estado. Es decir, prefieren un régimen seguro que un pueblo próspero.
Otros como John Mearsheimer podrían decir que Irán busca la “hegemonía regional”, condenando a Israel y desafiando a Estados Unidos, como una herramienta para movilizar al mundo musulmán bajo su liderazgo y expulsar la influencia occidental de su vecindario.
La tragedia de Irán no radica en la falta de recursos, sino en el destino que se les ha dado.
Mientras el régimen celebra cada avance en el enriquecimiento de uranio como una victoria de soberanía, el ciudadano común mide el costo en los cortes de luz, la escasez de agua y una moneda que se desvanece.
La “odisea nuclear” ha terminado por convertirse en una jaula de oro: un sistema diseñado para proteger la supervivencia de una élite revolucionaria, pero que ha hipotecado el futuro de una de las naciones más ricas y talentosas del mundo. Irán no está perdiendo una guerra externa; está perdiendo la carrera por su propio desarrollo.
@javimozzo



