Por: Descartes
Los extremos terminan pareciéndose. En Colombia, la extrema derecha y la extrema izquierda, aunque representan visiones opuestas sobre el mundo, la economía, el tamaño del Estado y la solución de los conflictos, terminan siendo similares en la práctica, como el frío y el calor extremos, que queman con igual intensidad.
Ambos están manchados con escándalos de corrupción. Más de una docena de altos funcionarios, ministros, directores de entidades y asesores de ocho años del gobierno Uribe, estuvieron presos acusados de diversas conductas penales.
Mínimo ocho de ellos fueron condenados, siendo un récord en la historia reciente de Colombia. Eso sin contar con congresistas afines al gobierno y otros servidores de menor nivel investigados o condenados.
Por su parte, durante los cuatro años del gobierno Petro, siete funcionarios han sido enviados a prisión o enfrentan medidas judiciales relacionadas con corrupción.
A esto se suma el caso del hijo del presidente, acusado de recibir dinero ilegal para la campaña de su padre y destinarlo a lujos personales, además de las irregularidades señaladas en contratos durante su paso por la Asamblea del Atlántico.
Los dos extremos tampoco difieren en populismo. El gobierno Petro implementó una reducción del 50 % en el precio del SOAT para motos de menos de 200 c.c.
Por su parte, la candidata Paloma Valencia propuso que el Estado asuma el costo total del SOAT para motocicletas de hasta 250 c.c. Ambas medidas pasan por alto que las motocicletas representaron el 61 % de las muertes en siniestros viales en el país entre enero y julio de 2024, sin contar los miles de heridos. Esto genera un fuerte impacto económico sobre un sistema de salud ya afectado por múltiples problemas.
Ejemplos de populismo abundan: las casas regaladas por un vicepresidente, el aumento inusitado del salario mínimo, el congelamiento del precio de la gasolina durante largos periodos o su reducción en años electorales, entre otros.
En medio de este panorama, y según la “dictadura de las encuestas”, los colombianos acudirán este domingo a las urnas inclinándose por opciones ubicadas en los extremos ideológicos, representadas en tres candidatos que lideran los sondeos.
Iván Cepeda es visto como la continuidad del gobierno Petro, por lo que carga con el desgaste derivado de la inseguridad, la economía y la fallida “paz total”. Sus opositores lo asocian con estructuras de las FARC y con el Clan del Golfo.
También lo señalan de haber promovido un supuesto “cartel de falsos testigos” para perjudicar a Álvaro Uribe. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia no encontró mérito para investigarlo y, por el contrario, ordenó indagar al expresidente, quien fue absuelto por el Tribunal Superior de Bogotá.
Abelardo de la Espriella es un abogado que defendió a figuras polémicas vinculadas con paramilitarismo, narcotráfico y casos de corrupción de alto perfil, entre ellos Salvatore Mancuso, David Murcia Guzmán, Alex Saab, Jorge Visbal Martelo y los Nule, protagonistas del “Carrusel de la Contratación”.
Sus críticos cuestionan que se presente como un abanderado anticorrupción después de haber representado o asesorado a personas involucradas en ese tipo de escándalos. Además, su estilo confrontativo contribuye a un ambiente de alta polarización.
Paloma Valencia mantiene un estrecho vínculo político con Álvaro Uribe. Sus detractores sostienen que buena parte de su programa se basa en las ideas del expresidente, lo que limitaría su capacidad de atraer votantes independientes o de centro.
También la identifican con el legado de un gobierno que tuvo importantes logros en seguridad, pero que dejó el oscuro capítulo de más de 6.000 falsos positivos. Además, le recuerdan episodios en el Congreso relacionados con el escándalo de Odebrecht y los cuestionamientos sobre el papel del fiscal Néstor Humberto Martínez y sectores del uribismo.
Ninguno de los tres tiene experiencia gobernando. Cepeda y De la Espriella, además, se han negado a participar en debates, lo que limita el contraste de sus propuestas. Tampoco han divulgado ampliamente sus programas de gobierno en medios de comunicación.
Mientras tanto, en el centro político existen otras opciones con experiencia en administración pública que el ruido de los extremos no deja escuchar.
Según las encuestas, parece que preferimos apostarle a la confrontación antes que buscar un punto medio capaz de construir sin pretender aplastar al otro por pensar diferente y sin cargar con los antecedentes que rodean a quienes hoy lideran los sondeos.



