La operación confianza de la paz

Por. Carlos Obregón

El presidente se arriesgó a entregar, temporalmente, una carta que se usaría casi al final de los acuerdos.

En los últimos días el país ha vivido un clima de mucho contraste, pues mientras la justicia va mal y con tendencia a empeorar, el proceso de paz parece ir bien y con acciones al alza en la opinión. Mientras a la gente del común el tema de la crisis de la justicia poco la trasnocha, el de la paz ha creado una gran expectativa por las noticias que surgen de La Habana y Bogotá.

Respecto del tema de la paz, hay una palabra mágica que se ha convertido en el dinamizador del proceso: confianza. El anuncio del presidente Juan Manuel Santos de cesar bombardeos temporalmente sobre campamentos y desplazamientos de la guerrilla corresponde al cumplimiento de la tregua de las Farc desde diciembre y a otras decisiones como cortar con el reclutamiento de menores de 17 años.  Igual ocurre con la decisión de ambas partes de trabajar de manera conjunta para iniciar el desminado en el país, en zonas críticas como Antioquia o el Putumayo.

Dejar de lanzar ataques aéreos a la insurgencia y permitir que se limpien los caminos de explosivos tiene un costo alto para ambas partes: para el Ejército –guardadas proporciones—equivale a un despeje temporal y a dejar de usar  el arma con que ha logrado sacarle ventaja militar a las Farc. Arrancar las minas antipersona representa para las Farc licenciar al guerrillero más efectivo como lo llaman los estudiosos: el que protege día y noche al campamento, no hay que darle pertrechos y apenas cuesta 5 mil pesos.

De todas maneras, el mayor costo de estas decisiones lo carga el presidente que se arriesgó a entregar, así sea de manera temporal, una carta que se suponía se daría más adelante, casi al final de los acuerdos.

Y confianza vuelve a ser un elemento clave en la integración de la Comisión Asesora de Paz. El hecho de tener sentados en la misma instancia de apoyo a la izquierda y a la derecha conservadora deja ver que hay sectores críticos del proceso que empieza a tener una mirada diferente del mismo y que prefieren estar dentro con una actitud distante que perderse la foto de la firma. O la voluntad del procurador Alejandro Ordóñez de aceptar el diálogo con el gobierno e insistir en que el ex presidente Álvaro Uribe acepte conversar, algo que será improbable porque –como lo deja ver en su carta al procurador—insiste en una serie de condiciones que son una manera de decir no, gracias.

Con esta comisión,  Santos vuelve a tomar riesgos pero era un paso que tenía que dar desde ya para ir fortaleciendo apoyos para lo que viene. Cada vez será más difícil ir haciendo acuerdos con las Farc –sobre víctimas o sobre justicia– sin tener un pie de apoyo sólido internamente, así una comisión de ese nivel represente los riesgos de las filtraciones inoportunas de lo que se les consulte o algunos pretendan volverla una comisión negociadora alterna o hacer de ella un instrumento de uso político.

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