Tras la primera vuelta, comenzó la pelea por la legitimidad de la elección

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Colombia amaneció este 1 de junio con un escenario político tan claro en las urnas como complejo en el debate público.

Los resultados de la primera vuelta presidencial dejaron dos certezas. La primera, que Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda disputarán la Presidencia en la segunda vuelta del próximo 21 de junio. La segunda, que la discusión política ya no se concentra únicamente en quién obtuvo más votos, sino en la confianza que los ciudadanos depositan en el sistema electoral.

La jornada dejó una participación histórica cercana a los 24 millones de votantes y una asistencia del 57,88 % del censo electoral, una de las más altas registradas en el país. Sin embargo, apenas cerraron las urnas, comenzó una controversia que amenaza con marcar las próximas tres semanas de campaña.

La disputa por los resultados

El presidente Gustavo Petro cuestionó los resultados preliminares conocidos a través del preconteo y planteó dudas sobre diferencias en el censo electoral y el funcionamiento de los sistemas de procesamiento de datos.

Las declaraciones fueron respaldadas por el candidato Iván Cepeda, quien pidió esperar los resultados definitivos del escrutinio.

Sin embargo, expertos electorales recuerdan que el sistema colombiano distingue claramente entre preconteo y escrutinio. El primero tiene carácter informativo y permite conocer rápidamente la tendencia de la votación. El segundo es el procedimiento oficial realizado por jueces y comisiones escrutadoras que consolida los resultados definitivos.

Según explicó Alfonso Portela, exregistrador delegado y experto en organización electoral, el escrutinio avanza desde el mismo día de las elecciones y podría quedar consolidado esta misma semana.

Más importante aún, las diferencias encontradas hasta ahora entre preconteo y escrutinio son mínimas frente al universo total de votos depositados.

¿De dónde salen los 800.000 votos?

Uno de los argumentos utilizados para cuestionar los resultados tiene que ver con la existencia de dos cifras distintas del censo electoral.

La explicación es menos misteriosa de lo que parece.

El censo utilizado para las elecciones legislativas de marzo se cerró en enero, mientras que el de la elección presidencial incorporó nuevas cédulas expedidas e inscripciones realizadas entre enero y marzo. Esa actualización explica el incremento cercano a 800.000 ciudadanos habilitados para votar.

No se trata de votos aparecidos de manera irregular ni de ciudadanos incorporados después de la elección, sino de un procedimiento contemplado en la legislación electoral colombiana.

El algoritmo que no aparece

Otra de las discusiones surgidas durante la jornada tuvo que ver con supuestos algoritmos capaces de alterar los resultados.

La realidad es que el sistema colombiano continúa apoyándose fundamentalmente en documentos físicos.

Cada mesa produce formularios E-14 diligenciados manualmente por los jurados de votación. De allí salen tanto los datos del preconteo como los documentos que posteriormente revisan las comisiones escrutadoras.

Por esa razón, varios observadores internacionales han descrito el sistema colombiano como uno de los más auditables de la región: los resultados pueden rastrearse físicamente desde cada mesa hasta los consolidados nacionales.

La preocupación institucional

Más allá de las cifras, el mensaje de diferentes organismos nacionales e internacionales fue coincidente.

La Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General, observadores internacionales, representantes de Naciones Unidas y líderes empresariales hicieron un llamado a respetar los resultados y evitar discursos que puedan alimentar tensiones o confrontaciones durante las próximas semanas.

La preocupación es comprensible.

La diferencia entre los dos candidatos finalistas es de aproximadamente 673.000 votos. Es una ventaja importante, pero no definitiva en una segunda vuelta donde los apoyos de los candidatos eliminados, la movilización de nuevos votantes y la participación ciudadana pueden resultar decisivos.

Los grandes ganadores y perdedores

Desde el punto de vista político, la jornada produjo varias sorpresas.

La principal fue la victoria de Abelardo de la Espriella, quien logró imponerse en contra de la mayoría de pronósticos de las encuestas.

La segunda fue el pobre desempeño de varias figuras tradicionales de la política colombiana. Algunos dirigentes que durante años ocuparon posiciones de enorme influencia obtuvieron resultados marginales frente a la magnitud de sus trayectorias políticas.

También quedó abierta una discusión sobre el futuro liderazgo del Centro Democrático después de la derrota de Paloma Valencia y sobre el papel que jugará Juan Daniel Oviedo como posible referente de los sectores de centro.

Lo que viene

La campaña hacia la segunda vuelta será corta, intensa y probablemente mucho más emocional que programática.

Los candidatos buscarán conquistar los votos de quienes respaldaron a otras campañas, persuadir a los votantes en blanco y movilizar a millones de ciudadanos que aún permanecen en la abstención.

Pero hay algo que resulta aún más importante.

Las próximas tres semanas pondrán a prueba no solamente la capacidad de los candidatos para ganar votos, sino la fortaleza de las instituciones colombianas para garantizar que los resultados sean aceptados por todos.

Porque una democracia no se mide únicamente por la forma como votan sus ciudadanos.

También se mide por la forma como sus líderes aceptan el veredicto de las urnas.

Oído al tambor.

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