Venezuela: El espejismo de la transición y el pragmatismo sin alma

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Por: Redacción

Han pasado tres meses desde que Nicolás Maduro dejó el poder y, en los pasillos del poder en Caracas, el aire sigue siendo denso. Si bien el fin del régimen madurista se ha consumado, la «transición» que encabeza Delcy Rodríguez se perfila no como una primavera democrática, sino como un ejercicio de supervivencia pragmática que, por ahora, deja más dudas que certezas.

Según un reciente estudio del Social Research Center (SRC), que consultó a un panel de expertos en economía y política internacional, el tablero venezolano está lejos de estabilizarse. La hoja de ruta de Rodríguez, al menos sobre el papel, es clara: reformas en la ley de hidrocarburos y una nueva ley minera para intentar seducir a la inversión extranjera. Es el clásico manual de intentar vender los activos del Estado cuando la caja está vacía y la legitimidad es un bien escaso.

Los tres nudos gordianos de la era Rodríguez

El análisis del SRC es contundente y nos deja tres puntos para diseccionar con lupa:

  • Economía de supervivencia: Los expertos son escépticos. Mientras el gobierno intenta reconfigurar sectores estratégicos, el consenso técnico advierte que, sin una arquitectura política mínimamente creíble, la recuperación será insuficiente. Como bien señaló el economista Gabriel Alejandro Velásquez, Venezuela no necesita parches temporales, sino soluciones estructurales, algo que parece fuera del alcance del actual gobierno interino.
  • La legitimidad como desafío supremo: No basta con aprobar leyes; hay que convencer al país y a la comunidad internacional. La polarización sigue siendo una pared difícil de saltar, y lograr consensos internos mientras se negocia con una oposición fracturada y actores sociales críticos es una tarea de equilibrista. La confianza, como lo advierte la especialista Angela Serrano, es la moneda más cara en este momento, y es precisamente la que menos circula.
  • Geopolítica del pragmatismo: Quizás lo más revelador es el giro en la política exterior. Se observa una tendencia marcada a priorizar los intereses energéticos y económicos por encima de las viejas rencillas ideológicas, especialmente en el trato con Estados Unidos. Estamos ante una realpolitik donde las sanciones se flexibilizan a medida que el petróleo vuelve a ser el lenguaje común.

El costo regional de la transición

Mientras en Caracas hacen cálculos de oficina, el impacto regional es un polvorín. La presión migratoria sobre países como Colombia, Brasil, Chile y Ecuador no cede, y la estabilidad de la región depende ahora de una transición que, por momentos, parece más enfocada en la permanencia del sistema que en la recuperación de la institucionalidad democrática.

Estamos ante un escenario donde, como lo sugiere el académico Francisco Contreras, el pragmatismo podría terminar siendo el motor de la transformación, pero a un costo elevado: el sacrificio de los principios democráticos en el altar de la estabilidad.

Lo que viene para Venezuela no es un camino trazado, sino una reconfiguración constante. Las decisiones de las próximas semanas no son solo trámites administrativos; son las que definirán si el país logra salir del atolladero o si simplemente estamos presenciando el cambio de nombre de los mismos problemas de siempre.

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