«La democracia no es un estado en el que se alcanza la perfección, sino un proceso dinámico que requiere la participación y la unión de todos para defenderla.»
Nelson Mandela
Por: Fernando Salgado Quintero MD MSc
Una de las fibras más sensibles de la realidad social en Colombia es la polarización afectiva. En el país, el debate político ha dejado de ser una confrontación de ideas para convertirse en un choque de identidades.
Cuando la política se traslada del cerebro al hígado, la objetividad desaparece, porque reconocerle un acierto al «rival» se siente como una traición al propio bando.
Esta crisis del criterio nace del sesgo de confirmación, donde el odio actúa como un filtro absoluto, la ciudadanía ya no busca información para entender la realidad, sino para validar sus prejuicios.
Si un dato por técnico o positivo que sea proviene de alguien que está en la acera opuesta de la ideología, es rechazado de inmediato.
Este fenómeno se agrava por la brecha entre la opinión y el conocimiento, hoy se opina con ferocidad sobre temas complejos sin bases mínimas, reemplazando el argumento por el ataque personal.
Las posiciones extremas, tanto de derecha como de izquierda, se alimentan de este ciclo, necesitando construir un «monstruo» en el adversario para mantener a sus bases movilizadas.
Frente a este panorama, cobra una relevancia histórica para la democracia y el Estado de Derecho el esfuerzo de nueve precandidatos que, en un hecho sin precedentes, han decidido unir sus ideas y propósitos.
Este gesto representa una oportunidad única para que el país escoja a un líder que, lejos de gobernar en solitario, conforme un gobierno de amplia participación, plural y diverso.
Este compromiso de trabajar juntos, integrando a los demás aspirantes en la gestión pública, es la antítesis de la exclusión y el sectarismo.
Es el camino para construir una política que represente finalmente a la totalidad de los colombianos, transformando la unión de estos líderes en el primer gran paso hacia la superación del odio y el fortalecimiento de nuestra institucionalidad.



