Por Javier Mozzo Peña
El presidente Donald Trump se sostenía en el marco de una de las puertas del Air Force One, que separan a los periodistas de las salas de mando del poderoso aparato. Mientras el avión sorteaba una ligera turbulencia, el mandatario atendía una de sus tradicionales conferencias de prensa, que le organizaron en un viaje desde la Florida hasta Washington.
Haciendo esfuerzos por escuchar y tratar de enviar mensajes claros, Trump habló de Irán, casi al mismo tiempo que en el otro lado del mundo, el líder supremo de ese país, Alí Jamenei, estaba haciendo lo mismo de Estados Unidos, en algo parecido a un coliseo, posiblemente en Teherán.
Tras revelar que está “indirectamente” envuelto en las tratativas que ambas partes mantienen en Ginebra (Suiza) para alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear, Trump lanzó una advertencia a su contraparte: “Seremos razonables. Pero ellos no querrán ver las consecuencias” de no lograr una resolución.
Por el otro lado, el líder supremo iraní habló frente a decenas de mujeres. Allí advirtió que “un portaviones es, sin duda, una herramienta peligrosa, pero más peligrosa es el arma que puede enviar ese buque de guerra al fondo del mar”.
Los mensajes no abren otra puerta sino la que va al pesimismo y a una segura guerra.
Se han producido dos rondas de negociaciones en Ginebra para evitarla y acabar definitivamente con el problema de Irán. Los encuentros, el último de los cuales terminó sin anuncio alguno el martes, han sido mediados por Omán y a juzgar por lo que manifiestan los líderes de ambas naciones, no habrá un tercero.
Estados Unidos ya tiene instalada y lista, cerca de aguas territoriales de Irán, una fuerza militar de ataque pocas veces vista. Blogueros en Israel dicen que se olfatea un ambiente de guerra y que algo grande se acerca.
La cuerda se tensa más con el inicio este miércoles de ejercicios navales entre Rusia e Irán en el norte del Océano Índico, cerca de aguas territoriales de Omán y de los activos militares desplegados por Estados Unidos.
En ese contexto, ¿qué se puede proyectar acerca de lo que los líderes de ambas partes esperan hacer? ¿En qué escenarios están pensando?
El primero es el más optimista y dejaría en el congelador un eventual ataque. Trump podría lograr que Irán deje de enriquecer uranio para fabricar varias bombas atómicas y que aquel que el régimen removió rápidamente de las instalaciones que fueron atacadas en junio pasado, sea recogido y enviado a un tercer país para su resguardo.
De la misma forma, podría lograr el desmantelamiento de los misiles que Irán tiene apuntando, no solo a los activos militares estadounidenses en tierra, sino a los movilizados en el mar y con los que la superpotencia espera proteger a sus aliados en todo Oriente Medio en caso de conflicto.
El fin del apoyo iraní a las milicias que han atacado a Israel desde Yemen, Líbano y Siria sería la cereza sobre el pastel en un eventual acuerdo.
Ese escenario mostraría a un Trump exultante, regocijado como el pacificador que logró lo que nadie más pudo.
El segundo escenario es el del fracaso de las negociaciones. Si no hay firma pronto, se aprobaría un ataque masivo mucho más contundente que el del año pasado, no solo a los sitios nucleares sino a la infraestructura petrolera. De lo primero se encargarían los bombarderos estratégicos estadounidenses y de lo segundo, Israel.
No tiene precedente en el presente siglo la cantidad de activos estadounidenses movilizados en Oriente Medio, con dos portaviones y sus respectivos grupos de apoyo, decenas de bombarderos y aviones de ataque e interferencia electrónica y miles de militares.
Sumado al descontento popular, el uso de semejante arsenal sin duda provocará el colapso definitivo del régimen.
Los asesores de Trump le estarían aconsejando que la combinación de presión externa y protestas internas podría llevar al colapso definitivo del régimen de los ayatolas. Pero también le podrían advertir que se desataría un caos regional, pues podría desatar la intervención de grupos armados no estatales y potencias regionales vecinas, como ISIS y Paquistán.
Irán, por su parte, no está pensando en capitular, sino en ganar tiempo para seguir preparándose de cara a un casi seguro ataque. Hundir o dañar un portaviones, un destructor misilístico o una fragata estadounidense con sus cohetes de precisión, humillaría a la gran potencia.
Analistas y periodistas reportando desde Irán han comentado que Jamenei autorizó a su canciller a ofrecer en las negociaciones en Suiza la dilución del uranio que ha enriquecido, a un nivel con el que no pueda lograr su objetivo de construir una o varias bombas atómicas, por el momento, como un gesto de buena voluntad.
Se trataría, cómo no, de una maniobra para aliviar sanciones económicas justo al nivel en el que se puedan calmar las presiones internas y obtener algo de divisas. Con ello no se entregaría el conocimiento técnico para la fabricación de la bomba, ni el usado en la confección de misiles supersónicos, que es lo que también estaría buscando Estados Unidos.
La amenaza del líder supremo de mandar al fondo del mar un gran buque estadounidense podría revelar que Jamenei ya habría dado la orden, que, de tener éxito, obligará a la opinión pública estadounidense a exigir el regreso de las tropas.
Esta partida de ajedrez se resume en una paradoja peligrosa: mientras Trump va por un acuerdo que parezca una victoria total, Jamenei prepara una defensa que convierta esa búsqueda en un costo político que el estadounidense no pueda asumir.
Si la diplomacia no logra conciliar muy pronto el desmantelamiento del programa nuclear iraní con la supervivencia del régimen, el mundo pasará de las advertencias en el Air Force One a la realidad de los misiles iraníes en el Estrecho de Ormuz.
En este escenario, la pregunta ya no es si habrá un enfrentamiento, sino quién podrá sostener el golpe cuando el primer buque —o la primera economía— comience a hundirse.
@javimozzo

