Lo bueno, lo malo y lo feo de la Cumbre

Por Oscar Montes

La VI Cumbre de las Américas evidenció la que podría llamarse la ‘nueva diplomacia colombiana’, cuyo máximo líder es Juan Manuel Santos Calderón, quien sale posicionado de Cartagena como líder político y diplomático de la Región. En efecto, de la mano de Santos Colombia ha venido proyectándose como el país referente de América Latina y la Nación que unifica al Continente, pues busca tender puentes con base en las similitudes y no pretende derribarlos a partir de las diferencias, como lo anunció ayer en la instalación de la Cumbre.

El liderazgo internacional que pretende ejercer Santos empieza a trascender, como lo demuestra la carátula de la revista TIME del próximo 23 de abril y en la que se refieren a él como “emergente jugador global”, es decir en un protagonista regional. De hecho, la publicación destaca su liderazgo ante el retiro de Luiz Inacio Lulla, el expresidente de Brasil, quien lucha por superar el cáncer. Es evidente que Santos está construyendo un nuevo paradigma regional que permita superar las diferencias históricas que por años han marcado las relaciones entre América Latina y los Estados Unidos.

“Tendiendo puentes todo es posible”, fue una de las frases que más aplausos despertó en el Centro de Convenciones, así como el llamado que hizo a los Estados Unidos a “desbloquear” a Cuba. La VI Cumbre de las Américas mostró, pues, a un presidente Santos con proyección internacional y con muchas ganas de jugar duro en el plano regional, lo que es muy bueno para el país. Quedó claro que ese será su énfasis como gobernante, así como para Álvaro Uribe fue la seguridad interna. Ello no es malo ni bueno, es diferente.

Juan Manuel Santos y su liderazgo regional
La celebración de la Cumbre en territorio colombiano, más allá de las críticas de los oportunistas que siempre aparecen, tiene un hondo significado y un alto valor simbólico de reconocimiento a la nueva diplomacia ejercida por Colombia y liderada por el Presidente Santos, así como a los significativos logros en materia de seguridad, alcanzados por Álvaro Uribe Vélez. No puede ser sino bueno que todos los jefes de Estado americanos, con excepción de Ecuador, que se marginó voluntariamente; de Venezuela por problemas de salud de Hugo Chávez; y de Cuba, que no clasifica como democracia, estén en Cartagena.

Que el Presidente de la nación más poderosa del mundo pernocte en Cartagena, es tan bueno como importante. Que más de 700 empresarios del mundo estén allí no solo haciendo negocios, sino hablando de equidad social, mediante la educación, como lo propuso Shakira, o de interconexión eléctrica regional, como lo hizo Santos, es muy bueno, pues no solo se trata de una propuesta social, sino de un gran negocio, ya que Colombia es dueña de la más extensa infraestructura de interconexión de la región. En resumen, es bueno ganar plata y a la vez luchar contra la iniquidad social.

El gesto inamistoso de Uribe con Santos
Poco antes de la celebración de la Cumbre, e incluso durante el desarrollo de la misma, el expresidente Álvaro Uribe asumió un comportamiento saboteador que para muchos significa una declaración de guerra al presidente Santos, a quien llamó mentiroso y derrochador. Sobre este último calificativo hay que decir que Uribe desconoce que la Cumbre se convirtió ante todo en la más eficiente campaña publicitaria del país en general y de Cartagena en particular. Reunir a 30 presidentes para que después se conviertan en promotores de las bondades de Colombia -entre ellas la seguridad, que consolidó el propio Uribe- es algo que el dinero no puede comprar, como dice la cuña de una entidad bancaria. En esos términos, la Cumbre no es derroche sino inversión. Tiene mala presentación que Uribe con un discurso demagógico y populista hable de derroche de recursos, cuando la inversión que se hizo en el evento resulta, sin duda, muy inferior a los réditos que el mismo tendrá a futuro.

La ausencia de Ecuador y el capricho de Correa
La celebración de este tipo de cumbres tiene de malo que algunas veces -casi siempre- no pasan de ser una especie de reunión social donde abundan más las buenas intenciones que las realizaciones. Es malo para la Cumbre que sus resultados solo se puedan reconocer dentro de varios años, cuando se ejecuten los acuerdos y las iniciativas que han sido tratadas en Cartagena.

La ausencia de Rafael Correa es malo para la función integracionista del evento, pero hay que decir que Ecuador no asistió por voluntad de su Presidente, no por un gesto inamistoso de Colombia. Correa en lugar de asistir y liderar la invitación a Cuba -tema que deberá ser abordado a fondo en esta o en la siguiente cumbre- prefirió marginarse, asumiendo una actitud infantil y caprichosa que lo hizo quedar muy mal ante sus pares del Continente. Correa no puede exigir la aceptación de Cuba, argumentando un supuesto ejercicio de la democracia en la Isla, cuando él mismo en Ecuador restringe y limita la libertad de prensa y persigue a quienes ejercen la oposición política.

Esconder a los pobres no significa eliminar la pobreza
Reconocer y destacar las bondades de la Cumbre y sus beneficios a futuro, no significa que se tenga que aceptar el comportamiento asumido por la Alcaldía de Cartagena de ‘recoger’ a los indigentes de la ciudad, quienes fueron trasladados a un sitio “donde se van a sentir muy bien», según el alcalde Campo Elías Terán. La pobreza de la ciudad -una de las más altas del país- no desaparece escondiendo a los pobres. Igualmente es un lunar de la Cumbre el comportamiento asumido por quienes pretenden desconocer en pleno Siglo XXI la inatajable globalización, que hoy por hoy rige el destino comercial y político del mundo.

Como también es inaceptable que algunos estudiantes universitarios hayan pretendido aprovechar la Cumbre para protestar por la presencia del presidente de Estados Unidos en Colombia, cuando, precisamente, Barack Obama representa una verdadera revolución en su país, pues se trata del primer presidente negro elegido en una nación en la que hasta hace unos 30 años aún había Estados que tenían como política oficial la discriminación racial. Barack Obama, más que una persona repudiable, es un ejemplo. Es así de simple.

Análisis
Óscar Montes
La Ley del ‘Montes’
@leydelmontes

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