Ley del Montes: La Costa y Bogotá tienen la palabra… y los votos

POR: ÓSCAR MONTES- @LEYDELMONTES

Parte de la suerte del nuevo Presidente se jugará en la Región Caribe y en la capital, pues en el resto del país las cosas están mucho más definidas, tanto para Santos como para Zuluaga.
A escasos ocho días de la segunda vuelta presidencial, ni Juan Manuel Santos ni Óscar Iván Zuluaga tienen la certeza del triunfo. No solo por el estrecho margen con que ganó la primera el candidato del Centro Democrático, sino porque tanto el presidente-candidato como su contrincante jugaron sus restos en dos nichos electorales que si logran persuadirlos podrían garantizarle la permanencia en la Casa de Nariño a uno de ellos o la llegada al Palacio presidencial al otro por primera vez.

Esos dos nichos no son otros que la Región Caribe y Bogotá, cuyos resultados en la primera ronda estuvieron muy por debajo de lo esperado tanto en las huestes oficialistas, como en las de la oposición. Para decirlo en plata blanca: quien se quede con la Costa y Bogotá, se queda con la Presidencia.

Ante ese escenario, el primero en reaccionar fue Santos, quien pocas horas después de la derrota que le propinó Zuluaga en la primera vuelta convocó a los “caciques electorales costeños” y los reprendió por la poca participación de los votantes, quienes apenas superaron el 30 por ciento de la votación esperada. “Santos llamó al orden y exigió resultados contundentes para la segunda vuelta”, me dijo un senador oficialista con quien hablé sobre las expectativas que tienen para el próximo domingo.

De hecho, el presidente-candidato se ha puesto al frente de ofensiva electoral y en su más reciente visita a Barranquilla afirmó de manera categórica que “la Costa me dará la Presidencia”, aunque sabe muy bien que si los caciques costeños que lo acompañan –Gerlein, Cepeda, Char, Ashton, Name, Pulgar, Ñoño Elías y Musa Besaile, entre otros– no se pellizcan, Zuluaga podría sacarle la votación suficiente en Antioquia y la zona andina para derrotarlo de nuevo. El compromiso adquirido por los barones electorales de la Costa fue el de sumarle en la segunda vuelta 400 mil nuevos votos, cifra considerable, pero que con ‘mermelada’ y “buses y taxis a todos los barrios” se puede alcanzar y hasta superar.

El desfile de congresistas costeños recién elegidos –quienes hasta ahora se mostraban “indecisos”– por las oficinas del Ministerio de Hacienda se ha incrementado en los últimos días y todo ello tiene que ver –¿alguien lo duda?– con el reclamo de una buena ración de ‘mermelada’ que despeje sus dudas, como ocurrió con una senadora conservadora de Córdoba, cuya “indecisión” desapareció apenas le garantizaron que podía contar con los millonarios recursos que hasta ese momento los tenía embolatados.

De manera que la estrategia de los barones electorales costeños de ‘cotizar sus votos’ para la segunda vuelta les dio resultados, pues el Gobierno se ha mostrado muy generoso y les está cumpliendo con lo prometido, que no es otra cosa que darles recursos frescos para que puedan mover la maquinaria.
La candidatura uribista, por su parte, le apuesta al voto de opinión, a las mujeres y a los jóvenes costeños, quienes –de movilizarse masivamente– podrían hacerle contrapeso a la máquina aceitada del oficialismo.

Sea como fuere, es evidente que buena parte de la suerte del nuevo Presidente de Colombia se jugará este domingo en la Región Caribe y en Bogotá, pues en el resto del país las cosas están mucho más definidas, tanto en el caso de Santos como el de Zuluaga. ¿Qué esperan Santos y Zuluaga de la Costa? ¿A qué juegan los caciques costeños? ¿El uribismo repetirá el triunfo en Bogotá? ¿Qué pasó con las alianzas?

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¿La Costa elegirá al nuevo Presidente?

La más reciente encuesta de Datexco para ‘El Tiempo’ y La W le da un amplio margen a Santos sobre Zuluaga en la Costa (60,2% para el primero y 31,6% para el segundo), cifra que superaría con creces a las alcanzadas en la primera vuelta por el presidente-candidato. La Costa votaría, pues, con Santos, lo que desmitificaría la creencia general de que la Región Caribe es uribista, como piensan –contra toda evidencia– algunos analistas paramunos.

Pero un eventual triunfo de Santos en la Región Caribe no estaría asociado única y exclusivamente con la aceitada de la maquinaria electoral con ‘mermelada’ oficial. Hay otro componente que es bueno tener presente: el espíritu pacifista de los hombres y mujeres del Caribe, en quienes ha calado mucho más la oferta de conciliación de Santos que la guerrerista de Zuluaga, sin que ello signifique que el uno sea tan conciliador como se muestra y el otro tan camorrista como lo presentan.

El Caribe no es tierra abonada para la confrontación, como ha quedado evidenciado a lo largo de la historia y no solo con la violencia política de los 50, sino con la misma arremetida paramilitar de los 90, que fue un fenómeno “importado” del interior del país. De ratificarse los porcentajes que muestran algunos estudios –especialmente el de Datexco– la Costa, sin duda, será determinante para la elección del nuevo Presidente.

El reto para quienes tienen la responsabilidad y el compromiso de movilizar la maquinaria es convencer a los votantes de que sacrifiquen el “domingo mundialista” por deber patriótico de elegir a su próximo gobernante, tarea que no resultará nada fácil, sobre todo si está precedida de un triunfo contundente de Colombia ante Grecia en Brasil o –Dios no lo quiera– de una derrota que produzca una depresión colectiva que les impida a los votantes levantarse de la cama.

De la ‘operación tortuga’ al ‘mermelatón electoral’

La ‘operación tortuga’ que le aplicaron los caciques costeños a la primera ronda presidencial y que llevó a una participación electoral apenas superior al 30 por ciento en toda la región disparó las alarmas en las sedes de Juan Manuel Santos y de Óscar Iván Zuluaga, sobre todo del primero, quien tomó atenta nota para que esa conducta no se repita el próximo domingo.

El mensaje de los caciques electorales fue contundente: nosotros tenemos la capacidad de movilizar a los votantes –como hicimos el 9 de marzo– pero para ello necesitamos “oxígeno”, o mejor, ‘mermelada’, pues, nuestras arcas quedaron vacías después de las elecciones parlamentarias, donde invertimos miles de millones de pesos. Esa es la ‘mermelada’ que está irrigando por estos días las sedes de los caciques costeños, quienes han recuperado sus bríos para acompañar al presidente-candidato, algunos de forma descarada y cínica, como Yahir Acuña, quien no tuvo empacho en hacer proselitismo electoral el mismo día de la celebración de la primera vuelta.

De manera que la apuesta de Santos es a que la maquinaria electoral costeña esté lo suficientemente aceitada el próximo domingo como para que le permita permanecer en la Casa de Nariño por otros cuatro años. Si los pronósticos de los caciques costeños se cumplen, el próximo domingo podría darse un verdadero ‘mermelatón electoral’.

Bogotá, ¿quién se queda con los 5 millones de votos?

De la misma manera que Santos le apuesta a la Costa, despliega sus fuerzas en Bogotá, donde el uribismo se ha posicionado como una poderosa fuerza electoral, hasta el punto de pelearle de tú a tú a la izquierda democrática, que ha tenido gran acogida en la capital de la República desde los tiempo de Lucho Garzón. Bogotá es el mayor elector del país.

Quien gane en Bogotá por una buena diferencia se queda con la Presidencia. Así de simple. Y eso lo saben Santos y Zuluaga, quienes le apuestan a quedarse con los más de 5 millones de votos que aparecen registrados en la capital. De ellos apenas, 2.5 votaron en la primera vuelta; es decir el premio gordo del próximo domingo son los 2.5 millones de electores que se quedaron en sus casas y que este domingo sí saldrían a elegir a su mandatario.

Por cuenta de eso, Santos y su “nuevo mejor amigo”, Gustavo Petro, sacaron a funcionarios de sus administraciones –como el ministro Rafael Pardo, la directora del Sena, Gina Parodi, el exviceministro David Luna y exsecretario distrital Jorge Rojas, entre otros– para que se pusieran la camiseta del presidente-candidato y salieran a buscar los votos esquivos. Zuluaga, por su parte, puso al frente de esa misión al exvicepresidente Francisco Santos, quien tiene muy buena acogida en la capital. De manera que, así como la Costa es determinante, Bogotá también lo es, y de su comportamiento electoral dependerá el triunfo o el fracaso de uno u otro aspirante.

Clara López, una voltereta muy costosa

Aunque todavía es muy temprano para hacer balances, desde ya se puede afirmar que así como Clara López fue una de las grandes ganadoras de la primera vuelta, se convirtió en la gran decepción de la segunda. La razón es muy simple: no se puede descalificar a un contendor, como ella hizo con Santos a quien señaló –¿sindicó?– de “estar preparando la mayor compra de votos de la historia del país” y a los pocos días sumarse a su causa sin ningún rubor, como si sus graves cuestionamientos no tuvieran ninguna importancia o se tratara de un inofensivo juego de palabras.

La incoherencia política de López la llevó a enfrentarse públicamente con el senador Jorge Robledo, quien promueve la tesis de que el Polo es y seguirá siendo opositor de ambos candidatos, gane quien gane la Presidencia de la República.

El caso de López es distinto al de Marta Lucía Ramírez –la otra candidata revelación de la primera vuelta– quien nunca descalificó, ni señaló a Óscar Iván Zuluaga, a cuya campaña se sumó en calidad de jefe de debate. A López no se le cuestiona que se haya sumado a Santos arropada por la bandera de la paz, con la que ha sido consecuente; se le cuestiona haberlo hecho después de señalarlo de incurrir en prácticas criminales y abiertamente antidemocráticas, que deben ser denunciadas ante las autoridades competentes.

Ese comportamiento en nada contribuye al fortalecimiento de los partidos opositores del país y terminan debilitando al propio sistema democrático, que lo que necesita es una oposición coherente con sus principios e ideologías. López –a quien seguramente Santos respaldará cuando aspire a la Alcaldía de Bogotá– pasó de heroína a villana en pocas horas para buena parte de sus electores.

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