Metro de Sao Paulo en huelga a una semana del puntapié inicial del Mundial

Los empleados del metro de Sao Paulo iniciaron este jueves una huelga ilimitada, poniendo bajo presión a las autoridades a una semana del inicio del Mundial de fútbol en la mayor ciudad de Brasil, donde nació hace un año la histórica revuelta social.

El metro de Sao Paulo constituye la principal vía de acceso al Arena Corinthians, el moderno estadio donde tendrá lugar la ceremonia inaugural de la Copa del Mundo y el primer partido entre Brasil y Croacia el 12 de junio, así como otros cinco de los 64 juegos del torneo.

La huelga, declarada tras el fracaso de negociaciones salariales, afectará a 4,5 millones de usuarios en esta megalópolis de 20 millones de habitantes.

A su vez, la noche del miércoles, cerca de 4.000 militantes del movimiento Sin Techo y 400 miembros de la policía militar manifestaron de manera separada cerca del estadio mundialista aún en obras, y bloquearon una de las principales avenidas de esta inmensa ciudad.

Hace menos de dos semanas, una huelga de choferes de autobús en Sao Paulo provocó embotellamientos récord de 168 km en la mañana, y dejó a más de un millón de personas sin transporte.

«Nada ha cambiado»

El sindicato de los 10.000 empleados del metro de Sao Paulo consideró insuficiente la oferta de reajuste salarial anual de 7,8% propuesta por el gobierno estatal de Sao Paulo. Reclama un aumento de 16,5%.

«No es posible aceptar un aumento de menos de dos dígitos», declaró antes del anuncio oficial de la huelga el presidente del sindicato, Melo Prazeres Junior.

«Es el mundo real. La inflación del precio de los alimentos y la inflación general son bastante más elevados» que la propuesta de las autoridades, subrayó.

Hace exactamente un año, Sao Paulo fue el punto de partida de la revuelta social histórica que sacudió a este gigantesco país emergente de 200 millones de habitantes en plena Copa Confederaciones.

Las manifestaciones comenzaron con estudiantes de Sao Paulo reclamando la gratuidad del transporte público que fueron duramente reprimidos por la policía militar, y se extendieron rápidamente como una mancha de aceite por todo el país.

Cientos de miles de manifestantes brasileños que rechazaban toda bandera política denunciaron -a veces con violencia- los 11.000 millones de dólares de dinero público gastados para la organización del Mundial y reclamaron inversiones masivas en transporte, salud, educación, vivienda.

«Nada ha cambiado. El pueblo salió a la calle y ninguno de los tres poderes ha estado a la altura para responder a las demandas», dijo a la AFP el fundador de Rio da Paz, Antonio Carlos Costa, una ONG que el martes infló en Brasilia gigantescas pelotas de fútbol ante el Congreso para protestar contra los gastos del Mundial.

«Brasil es la séptima economía del mundo, pero está en el escalón 85 en el índice de desarrollo humano, hay 50.000 asesinatos por año, es normal que la población se enoje si va mucho dinero a construir estadios», añadió.

Un malestar que persiste

La presidenta Dilma Rousseff defendió esta semana el legado del Mundial, diciendo que obras en aeropuertos, puertos y carreteras quedarán para Brasil y no están hechas para la Copa.

No obstante, «las encuestas muestran que la percepción sobre servicios públicos y economía no ha mejorado», señala Bruno Batista, responsable del tradicional sondeo de la Confederación del Transporte.

La huelga de los empleados del metro y las manifestaciones del miércoles de noche en Sao Paulo son sintomáticas de lo que ha cambiado en un año en el frente de las protestas.

«Es radicalmente diferente de lo que ocurrió en 2013, cuando las protestas fueron una expresión del malestar que existía en el país, y las personas salieron a la calle espontáneamente. Ahora el malestar persiste, pero partidos y movimientos asumieron la delantera y la clase media se aparta por miedo a la violencia de los radicales», destaca el sociólogo de la Universidad del Estado de Rio (UERJ) José Augusto Rodrigues.

La selección de Chile llegará este jueves de noche a Belo Horizonte (sureste), sumándose a Australia, Croacia e Irán que ya están en Brasil.

La selección brasileña, en tanto, viajará desde su centro de entrenamiento en Teresópolis (a 90 km de Rio) a Sao Paulo para enfrentarse el viernes a Serbia en su último amistoso antes de la Copa, confiado tras la goleada de 4-0 asestada a Panamá el martes.

AFP

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