Dilma, harta con declaraciones de la FIFA

BRASILIA, 4 (ANSA) – La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, reconoció sin rodeos estar hasta la coronilla con las habituales críticas de la FIFA sobre la organización del Mundial que comenzará dentro de 8 días.

«Hace mucho tiempo que no concuerdo con varias declaraciones, la verdad hace mucho tiempo…Brasil no está obligado a escuchar ciertas consideraciones que hieren a su soberanía», declaró Rousseff al ser indagada sobre manifestaciones de Jerome Valcke, secretario general de la FIFA. El mes pasado Valcke sostuvo que los brasileños parecen estar más empeñados en conquistar su sexta copa que en concluir las obras de las doce subsedes donde se realizará el torneo.

«No estoy de acuerdo con esto, (dichos de Valcke) Brasil es muy capaz de hacer las dos cosas a la vez, luchar por la copa…y organizar la mejor del mundo», aseveró.

Los choques entre el gobierno y la FIFA han sido moneda corriente. Hace dos años, por ejemplo, Valcke sostuvo que le estamparía un puntapié en el trasero a las autoridades brasileñas, por lo que fue declarado persona no grata por el ministro de Deportes Aldo Rebelo. Semanas más tarde el entredicho fue superado y Valcke recorrió y criticó nuevamente las obras en los estadios.

Recientemente, el secretario general de la Presidencia, ministro Gilberto Carvalho, dijo en entrevista a ANSA que «la presidenta es muy paciente con la gente de la FIFA a pesar de que a veces sus directivos podrían hablar más moderadamente».

Luego de lanzar algunos dardos contra la entidad que controla el fútbol global, Rousseff atenuó el tono y dijo en declaraciones conocidas hoy que su gobierno y la FIFA deben remar juntos «ahora hay que tener una postura que diga vamos juntos hacia la copa», propuso.

Rousseff evitó confirmar si va a pronunciar un discurso en el partido de apertura del Mundilal, el próximo jueves 12 de junio en el estadio Itaquerao de Sao Paulo, luego de la silbatina recibida en 2013 en la ceremonia de apertura del Mundial.

La consultora Ibope publicó ayer que el 42 por ciento reprueba el mundial aunque más del 70 % quiere que el combinado de Luiz Felipe Scolari se consagre campeón y borre el fantasma del Maracanazo de 1950, cuando la «canarinha» cayó 2-1 en la final mundialista ante Uruguay.

«Toco madera para que todo ande bien,creo que sí, el Itaquerao siempre nos da suerte» declaró la Jefa de Estado a un canal televisivo de la cadena Bandeirantes.

Reconoció ser bastante «supersticiosa» y fue por ello que también tocó madera el lunes pasado cuando recibió la Copa del Mundo llevada al Planalto por el presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

Fuentes del Planalto comentan reservadamente la necesidad de revertir la imagen negativa del evento por lo que la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia orquestó una ofensiva para contrarrestar esa tendencia.

Es en ese contexto que desde el mes pasado Rousseff ha recibido periodistas deportivos y editores para dialogar informalmente en el Palacio del Alvorada, al tiempo que concedió dos entrevistas, ambas publicadas parcialmente hoy por la cadena Bandeirantes y el diario estadounidense The New York Times. Consultada sobre que resultado espera en los juegos del seleccionado respondió ser optimista sobre la conquista del título aunque aclaró, «yo tengo sentido critico no hago pronósticos, yo hincho por la selección», que el miércoles goleó 4-0 a Panamá en amistoso preparatorio.

«Con fiesta de la hinchada y una goleada, la selección brasileña hizo una fiesta en la ciudad de Goiana, ya estamos en la cuenta regresiva hacia la Copa de las Copas», auguró Rousseff.

Organizaciones sociales como los Trabajadores Sin Techo y agrupaciones de izquierda radical, principalmente los Black Blocs, prometieron realizar actos de protestas desde el inicio de la copa hasta la final que se disputará el 13 de julio en Rio de Janeiro.

El diario Estado de Sao Paulo publicó el domingo que los Black Blocs estarían en conversaciones con los narcotraficantes del Primer Comando de la Capital, la organización criminal más poderosa del país. Rousseff afirmó que «no voy a admitir que haya ningún tipo de desmanes con la intención de impedir que la gente tenga acceso a la Copa…no es democrático destruir la propiedad privada y publica, y muchos menos que las manifestaciones tegan costos humanos».

«Nosotros vamos a garantizar completamente la seguridad de las personas» durante el Mundial, cuando las 12 ciudades sedes recibirán 3,6 millones de turistas, entre ellos 600 mil extranjeros.

Aseguró, además, que las «manifestaciones son legítimas» aunque considera que «hay mucha cosa política por detrás de las manifestaciones» que se realizan regularmente en las principales sedes del Mundial, como Rio de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia.

Rousseff, que pese a haber perdido popularidad aún preserva el 40%, y aventaja a los otros candidatos en las elecciones presidenciales del 5 de octubre, insinuó que la oposición está interesada en la continuidad de las protestas, porque buscaría desgastar al gobierno de cara a los comicios.

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