Paz, alianzas y guerra sucia

Por Carlos Obregón

Columnistas que sorprenden con su voto, predominio de egos en la izquierda y la manipulación política en los cuarteles.

Después de la primera vuelta del 25 de mayo se ha dado lo que es lógico cuando no hay un ganador absoluto, las alianzas y, en esta ocasión, además, la polarización alrededor de un tema, el de la paz. En los países donde existe la figura –Francia es un buen referente –, el tiempo que se da entre una y otra elección sirve para una pausa de reflexión de los electores y para las alianzas entre los políticos.

Por lo visto la semana posterior a las elecciones, todo apunta a que la elección del próximo presidente estará determinada por la suerte del proceso de paz, así como antes de la primera, el foco se centró en la guerra sucia de hacker y contra – hackers y de señalamientos de dineros sucios en la campaña de Santos en 2010.

Pasada esa página, las decisiones que tomaron la semana pasada los perdedores tienen como eje los acuerdos de La Habana: el apoyo de Marta Lucía Ramírez a Óscar Iván Zuluaga y el giro del candidato uribista sobre los tiempos y las condiciones para el diálogo; los apoyos claros de sectores de izquierda a la reelección como la Unión Patriótica, Marcha Patriótica y los progresistas de Gustavo Petro, así como decisiones individuales de algunos verdes como Angela Robledo, Claudia López, Angélica Lozano o de Iván Cepeda, del Polo, dejaron claro cuál será la diferencia entre las dos campañas.

Que la Alianza Verde, el Partido Conservador y el Polo no hubieran tomado partido unificado por un candidato es apenas un reflejo de lo que pasa en su interior, donde hay de todo: fractura y falta de coherencia en los verdes; peleas por “mermelada, en los conservadores y una mezcla de radicalismo y predominio de egos en el Polo.

Por fuera de las asambleas de los partidos hay dos escenarios más adonde se ha trasladado el dilema guerra o paz. Los columnistas más importantes del país han hecho anuncios que nadie hubiera imaginado: William Ospina, un hombre cercano a la izquierda, jugado con Zuluaga, mientras Alfredo Molano, uno de los más duros críticos de la política agrícola y minera de Santos, cantando su apoyo a la reelección.

El otro es más delicado por la sensibilidad del tema y por tocar terrenos cercanos a la mesa de diálogo: tratar de involucrar a los militares activos y sus familias en la contienda, como lo viene denunciando la campaña de reelección. Esto puede hacer tanto daño que puso a los negociadores de paz y a los militares mismos a negar los rumores que se están propalando para meter miedo.

Aunque el país y la opinión valoran que el debate se dé alrededor del futuro de la paz de Colombia, el riesgo que se tiene con la manipulación del tema es que se caiga en la guerra sucia, como parece que ya empezó a suceder.

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