Obama propone reducir un 30% las emisiones de CO2 de las centrales térmicas

Gina McCarthy, directora-administradora de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por las siglas en inglés) de Estados Unidos, ha presentado hoy oficialmente un proyecto de reglamentación para reducir en el conjunto de Estados Unidos un 30% las emisiones de gases con efecto sobre el cambio climático, como el dióxido de carbono (CO2), que producen las centrales de producción de electricidad que funcionan con combustibles fósiles (en especial, las de carbón). En concreto, la reducción que propone esta medida incluida en el Plan de Acción Climático del Presidente Obama toma como referencia les emisiones del año 2005 y para alcanzar una reducción del 20% el año 2020 y del 30% en el 2030.

El proyecto presentado McCarthy, Carbon Pollution Emission Guidelines for Existing Stationary Sources: Electric Utility Generating Units, es un documento de enorme complejidad no sólo técnica (645 páginas) sino también política porque pretende poner en marcha procedimientos de aplicación ejecutiva que eviten la oposición política en el Congreso, alentada por la fuerza de diversos sectores industriales que se sienten perjudicados por esta iniciativa y ya han anunciado una dura batalla para evitar su puesta en práctica.

El presidente de Estados Unidos explicó la filosofía del proyecto de recorte de las emisiones de las centrales térmicas el pasado sábado en su discurso semanal, emitido en esta ocasión desde un hospital infantil. Barack Obama recordó que la contaminación atmosférica y la emisión de gases como el CO2 son una de las principales amenazas para la salud de los ciudadanos y, en especial, de los niños. La salud pública es precisamente el principal argumento de la Casa Blanca para tramitar el nuevo proyecto al margen de los proyectos legislativos habituales.

Gina McCarthy, por su parte, ha destacado hoy que «el cambio climático, acelerador por las emisiones de gases como el CO2, incrementa los riesgos para la salud, la economia y estilo de vida», motivo por el cual la EPA propone «una pieza vital» del Plan de Acción contra el Cambio Climático dirigido específicamente a reducir la contaminación producida por las centrales térmicas.
Las mejoras en la tecnología y el importante descenso de los precios del gas en Estados Unidos (en especial por uso del fracking) -que han permitido reducir la actividad de algunas centrales térmicas de carbón- han hecho posible una reducción de la emisiones de CO2 en este tipo de plantas en casi un 13% desde 2005, según los datos de la EPA. Incrementar esta cifra hasta el 30% en el año 2030 no será fácil porque el carbón también mantiene unos precios muy bajos y este sector industria tiene mucho peso en la vida política de Estados Unidos.

El proyecto presentado ahora por la EPA ofrece una gama de opciones a los estados para cumplir con los objetivos globlales. Mientras que algunos estados se les permitirá emitir más y a otros menos, el promedio federal debe alcanzar el 30%.
Las opciones incluyen hacer plantas de energía más eficiente, reducir el funcionamiento de la planta de carbón y poner en marcha nuevas plantas de energías renovables. Además, los Estados pueden mejorar los programas destinados a reducir la demanda de energía en los hogares y las industrias e incrementar la eficiencia energética.
Oposición política y económica

La decisión del presidente estadounidense, Barack Obama, de recurrir a su autoridad ejecutiva con esta iniciativa, y esquivar así al Congreso, ha suscitado ya críticas por parte de la oposición republicana, por lo que se espera el inicio de una batalla legal.
Algunos legisladores republicanos ya han mostrado su rechazo a la normativa y han anunciado su intención de tomar acciones para frenar su aplicación, con el argumento de supondrá eliminar miles de puestos de trabajo.

Los gobernadores de algunos estados con fuerte dependencia del carbón o de la electricidad generada con este mineral, como Kansas, Kentucky o Virginia, también se han mostrado críticos con el plan.
También la Cámara de Comercio estadounidense ha expresado su oposición a la medida, al pronosticar que costará unos 50.000 millones de dólares al año a la economía y aumentará los costes de la energía.

El gobierno Obama no tiene nada fácil la aprobación y puesta en práctica de estas medidas, puesto que además de la oposición política y económica, su mandato termina antes de que el conjunto de acciones indicadas en este plan puedan haberse completado.

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