Colombia entera entre la gloria y el abismo

Por: Alejo Vallejo B.

Bogotá, 01 de Junio ¬_RAM_ En mi pueblo, hace muchos años, por allá en los tiempos de ‘la Violencia’, había un curita, el padre Peláez, que armado de zurriago en mano, disponía autoritariamente que los liberales se hicieran en la fila de la izquierda y los conservadores en la de la derecha durante las procesiones de la virgen del Carmen, evitando con ellos cualquier roce de índole política o altercado vulneraran la paz celestial y por ende el buen orden eclesiástico de la parroquia.

Hago esta asociación con un pasaje muy sintomático de nuestra historia provincial porque en el fondo del inconsciente colectivo del pueblo colombiano me parece escuchar en lontananza aquellas voces jerárquicas y doctrineras en procura de recoger el redil. Todavía seguimos siendo liberales y conservadores, acompañados de algunos movimientos híbridos, alternativos, oposicionistas, que no han logrado configurar una opción coherente y contundente en el escenario de las ideas democráticas, orientadas a gobernar el país. En algunas ocasiones la extrema derecha ha cortado de cuajo esas aspiraciones, en otros casos esas ilusiones han naufragado en el mar de los sargazos ideológicos.

Quizás es el péndulo gravitacional que se mueve sin cesar en torno al pensamiento dicotómico (con cara ganó yo, con sello pierde usted, la doble cara de la moneda del bipartidismo siempre en juego). Y sigue siendo ese bipartidismo decimonónico, rezago de oscurantismo y parálisis, el que no nos ha permitido remozar nuestras ideas, expectativas y aspiraciones, para contemporizar la república y modernizar el país ante las exigencias de la globalización de las culturas y la mundialización de los capitales.

Estas elecciones que se avecinan serán definitivas para una nación que no conoce la paz. Una nación sufrida que ha visto morir a sus hijos en manos de la violencia fratricida, miles y miles de víctimas, generaciones enteras, en un territorio donde sobra la tierra, la comida, el agua. Los dos partidos en contienda, el Centro Democrático y el Partido de la U, serán responsables ante la historia y ante la humanidad de lo que puede ser y no será, o serán magnánimos y ecuánimes de permitir alcanzar la aspiración mayor al pueblo colombiano.

El domingo 15 de junio, vamos a votar por un nuevo presidente. El logro de la paz es una construcción social de todos y no de unos pocos. Con las guerrillas no se ha firmado nada. Los campesinos, los obreros, las víctimas de los conflictos, los desplazados, las mujeres, los niños, los estudiantes, los indígenas, los afrocolombianos, los adultos mayores, todos somos partes fundamentales de ese cuerpo llamado república que requiere y está dispuesto a jugársela toda por la paz. Al otro lado de ese espejo en que nos miramos todos no hay más que guerra, desolación orfandad, dolor, tristeza, decadencia.

Por eso yo me voy a plegar con mi voto no al candidato que más hojaldra coma o al que orinando haga más espuma. Yo votaré a conciencia por quien me brinde y garantice las condiciones para conquistar la gloria inmarcesible que este país anhela y no el abismo insondable que la larga y amarga noche prefigura. Que entre el diablo y escoja entre la gloria y el abismo.

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