Ley del ‘Montes’: Segunda vuelta: ¿oportunismo o acuerdos?

Por Oscar Montes
@leydelmontes
La búsqueda desesperada de los votos que les permitan ganar el próximo 15 de junio ha llevado a los candidatos Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos a conformar todo tipo de alianzas, desde las más afines, como la del candidato del Centro Democrático con la candidata conservadora Marta Lucía Ramírez, hasta las más disímiles, como la del presidente-candidato con el petrismo y con integrantes de la Alianza Verde, quienes hasta hace muy poco lo señalaban de “golpista”, oligarca y enemigo de una auténtica paz con la guerrilla de las Farc. Nunca antes la política colombiana había sido tan dinámica.

Prueba de lo activa que se volvió la política criolla, luego de los resultados del pasado 25 de mayo, que dieron como ganador a Óscar Iván Zuluaga con más del 29 por ciento de la votación y llevaron a la segunda vuelta a Juan Manuel Santos con algo más del 25 por ciento, es que si se tomara una foto para saber quiénes aparecen al lado de cada uno de los aspirantes las cosas estarían así: al lado de Santos y de su fórmula vicepresidencial, Germán Vargas Lleras, figurarían los expresidentes Ernesto Samper y César Gaviria, los senadores reelegidos Bernardo Ñono Elías y Musa Besaile, los senadores elegidos Horacio Serpa y Claudia López y la exsenadora Piedad Córdoba, entre otros.

Es decir, la segunda vuelta logró el milagro de juntar a Gaviria con Vargas Lleras, a quien el expresidente señaló recientemente de utilizar la Fundación Buen Gobierno para su beneficio personal; a López con Cambio Radical, uno de cuyos militantes –el ex gobernador de La Guajira, Kiko Gómez, es señalado por la nueva senadora de estar detrás de un plan para asesinarla. Pero, además, la dinámica de la política criolla también llevó a López a posar al lado de Ñoño Elías y Musa Besaile, dos de los políticos a quienes ella responsabiliza de los grandes y graves problemas que aquejan a Córdoba y a la Región Caribe.

En la misma foto aparecerían Piedad Córdoba al lado de Roberto Gerlein, cuyos enfrentamientos en el Congreso por cuenta de las leyes relacionadas con derechos de las minorías y matrimonio igualitario pasaron de los argumentos ideológicos a las ofensas personales y de la promoción de tesis política a los insultos.

También posarían para la foto de la nueva Unidad Nacional Petro junto a Vargas Lleras, a quien aquel señala de fomentar su salida de la Alcaldía de Bogotá y de ser aliado de los grandes contratistas de la capital del país que quieren sacarlo del Palacio Liévano.

Por los lados de la candidatura del Centro Democrático, la dinámica de la política –más que con rostros y nombres– tiene que ver con propuestas, concretamente con la negociación entre el Gobierno y las Farc en La Habana, pues –luego de haber ganado en primera vuelta y de recibir el respaldo de Marta Lucía Ramírez– el candidato Zuluaga pasó del ultimátum a las Farc a la promoción de los diálogos en la isla caribeña.

Es decir –para continuar con el símil de la fotografía– Zuluaga estaría dispuesto a aparecer en la foto al lado de Márquez, Tanja y compañía, siempre y cuando ellos cumplan con algunas exigencias, algo que hasta hace muy poco era un escenario que no pasaba por la mente de ningún uribista, quienes estaban convencidos de que –una vez en la Casa de Nariño– Zuluaga acabaría con la mesa de La Habana.

La única razón que explica este nuevo ‘sancocho nacional’ –como lo llamaría Jaime Bateman, el desaparecido jefe del M-19– es la pesca de votos por parte de los candidatos Zuluaga y Santos. Esa es la razón por la cual el primero se movió de la derecha al centro y Santos del centro a la izquierda. Ambos saben que donde se encontraban ya no había más votos que pescar y por eso se vieron obligados a replantear sus propuestas originales, en el caso de Zuluaga, y a buscar nuevos aliados, en el caso de Santos. Para ello encontraron en la paz el pretexto perfecto que les permite realizar estas maromas, sin que sean vistas como una manifiesta demostración de incoherencia política y de oportunismo electoral. ¿Quiénes ganan con las nuevas maniobras? ¿Qué pasará con los votos verdes y del Polo? ¿Quién se quedará con los votos azules? ¿La Costa pondrá el Presidente? ¿Y si gana Colombia?

La paz, el gran tema electoral

La derrota del pasado 25 de mayo no estaba en las cuentas del más pesimista de los seguidores de Juan Manuel Santos. Todos daban por hecho que el presidente-candidato sería el ganador de la primera vuelta y su única inquietud tenía que ver con el nombre del contrincante: Óscar Iván Zuluaga o Enrique Peñalosa. Pero la derrota alteró no solo sus cuentas sino su estado de ánimo y llevó a Santos a jugarse a fondo con la única carta que le quedó para mantenerse en el poder por otros cuatro años: la negociación de paz con las Farc en La Habana. De hecho, para lograr el triunfo en la segunda vuelta concentró toda su estrategia en el dilema: paz o guerra, como lo muestran las cuñas que se están emitiendo por los medios de comunicación en las que le pregunta a varias madres si estarían dispuestas a mandar a sus hijos a la guerra. Pudiendo resaltar los logros de su gobierno en otros frentes –sean estos manejo de la economía y logros sociales, entre otros– el presidente-candidato prefirió el escenario catastrófico de “la paz conmigo” o “la guerra con Zuluaga”. Llama la atención que el tema de la negociación en La Habana no figura entre los prioritarios de la opinión pública, como sí ocurre con otros, como la salud, la educación y el empleo, que siguen siendo para los colombianos los graves problemas que debe resolver el próximo mandatario. Zuluaga –que venía resaltando otros asuntos, como la educación– también decidió enfatizar su discurso en la negociación, morigerando su propuesta inicial de ruptura de los diálogos, pasando a la de la suspensión de los mismos y llegando hasta la de la negociación, “pero con condiciones”.

Los votos azules, apetecidos y cotizados

Ya se volvió costumbre que cada cuatro años quienes quieran llegar a la Casa de Nariño tengan que ir hasta la casa azul en Bogotá a pedir el respaldo de sus militantes al tiempo que se comprometen con darles una buena participación en su eventual gobierno. Pero este año las cosas cambiaron. Ello es así porque por primera vez su candidata –Marta Lucía Ramírez– se jugó a fondo con las bases del partido y dejó de lado a sus jefes. Mientras las bases tienen el corazón uribista, los jefes lo tienen santista. De tal manera que los dos millones de votos de Marta Lucía son más afines al expresidente que al presidente-candidato. Así lo interpretó ella al sumarse a las huestes de Óscar Iván Zuluaga, mientras que los ‘caciques azules’, encabezados por Roberto Gerlein y Efraín Cepeda, se alinearon al lado de Santos. De hecho, fueron algunos de los dirigentes azules –Gerlein, entre ellos– quienes cuestionaron y demandaron la escogencia de Ramírez como candidata oficial del partido. ¿Quién ganará el pulso azul? Aunque esa pregunta solo tendrá respuesta el próximo 15 de junio, lo cierto es que quien se quede con una buena tajada de los dos millones de votos –entre Zuluaga y Santos– tendrá en el bolsillo buena parte del tiquete para ingresar a la Casa de Nariño.

Polo y verdes, libertad para sus votantes

Entre Clara López Obregón y Enrique Peñalosa, candidatos del Polo Democrático Alternativo-UP y Alianza Verde, respectivamente, suman más de tres millones de votos, de acuerdo con los resultados del pasado 25 de mayo. Así ocurriría en caso de que dichos votos fueran endosables y cada elector votara de forma disciplinada por quien ordenen los candidatos. Pero es evidente que no es así, pues no solo López y Peñalosa tienen serias diferencias con Zuluaga y Santos, sino que sus electores hacen parte de una inmensa franja que tampoco comulga con ninguno de ellos. Esa fue la razón que primó para que tanto López como Peñalosa anunciaran que dejaban en libertad a sus votantes para que actúen como bien lo consideren, incluyendo el voto el blanco y la abstención. López fue más allá y en su declaración afirmó que “el Polo ha sido, es y seguirá siendo opositor” de cualquiera que gane el próximo 15 de junio. Esa posición no fue compartida por su fórmula vicepresidencial, Aída Avella, quien anunció su respaldo a la paz de Santos. Por el lado de los verdes, dirigentes como la electa senadora Claudia López también tomó partido y se sumó a la causa santista. Podría pensarse que buena parte de los votantes del Polo también respaldarían a Santos –por aquello de los diálogos de La Habana– y lo mismo ocurriría con los petristas de la Alianza Verde.

Fútbol y votos: ¿Falcao y Messi, o Zuluaga y Santos?

Aunque para algunos se trata de un asunto menor, es bueno tener presente que la segunda vuelta se llevará a cabo el domingo 15 de junio, un día después del debut de la Selección Colombia en el Mundial de Brasil. ¿Ello qué significa? Significa que –en caso de un triunfo colombiano, como todos esperamos– el guayabo de miles de votantes potenciales será del tamaño de una catedral, razón por la cual van a preferir un jugo de naranja bien frío en la mesita de noche y no una caminata interminable hasta el lugar de votación. Además, como en el fútbol, al igual que en la política, cualquier cosa puede suceder, no hay que descartar –Dios nos ampare– que Colombia pierda con Grecia. Entonces, la pregunta es qué tanto se afectará el ánimo de los electores para ir a las urnas. También hay que tener en cuenta que ese domingo juega Argentina
–encabezada por Messi– y más de un votante preferirá ver una gambeta del genial 10 gaucho en lugar de escuchar arengas a favor de Zuluaga o Santos. De manera que este factor externo debe ser tenido en cuenta a la hora de sacar cuentas del posible número de votos. No hay que olvidar que la abstención en primera vuelta fue del 59,93%.

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