Una campaña presidencial para olvidar

POR OSCAR MONTES @LEYDELMONTES

Santos y Zuluaga, candidatos punteros en las encuestas, no estuvieron a la altura del debate electoral y prefirieron los ataques y agresiones a la difusión de sus programas. Peñalosa, López y Ramírez, los grandes damnificados.

Después de votar hoy por los menos dos de los cinco candidatos presidenciales –Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga– deberán encerrarse con sus abogados para preparar su defensa ante las graves acusaciones que recibieron por parte de su principal competidor. Ese fue el talante que mostró la actual contienda electoral en la que se definirá el inquilino de la Casa de Nariño a partir del próximo 7 de agosto.

Nunca antes el país había presenciado una campaña presidencial con tan pobres argumentos y con tantas ofensas y agravios. La de 2014 no será precisamente una campaña ejemplar para mostrar a las futuras generaciones. No hubo sensatez ni responsabilidad en ninguna de las partes, mucho menos decoro y buenas maneras, tratándose de quienes aspiran a regir los destinos del país en los próximos cuatro años.

De manera que la campaña continuará –sin duda– en los estrados judiciales y en caso de que –como indican las encuestas– se requiera de una segunda vuelta para definir al ganador, nada hace pensar que las cosas puedan cambiar y el debate electoral tome la altura que requiere y que los colombianos necesitan para poder acertar en la escogencia de su futuro mandatario.

Las posibilidades de que alguno de los cinco candidatos se imponga hoy en la primera vuelta son remotas. Ese escenario quedó descartado desde el momento mismo en que la contienda tomó la dinámica de la polarización entre el presidente-candidato y su principal contendor, Óscar Iván Zuluaga, quien cuenta con el pleno respaldo del expresidente Álvaro Uribe, principal contradictor de Santos. De hecho, uno y otro buscan afanosamente sumar nuevos electores para poder superar esta fase definitiva.

En el caso de Santos, por ejemplo, en el debate del pasado viernes en Caracol Televisión, fue evidente su interés por persuadir a Enrique Peñalosa y Clara López como futuros aliados, bajo la bandera de la paz. Zuluaga, por su parte, coincide en muchas de sus posturas con la exministra y candidata del Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez.

Pero, además, la segunda vuelta presidencial podría desarrollarse en medio de una verdadera guerra campal entre las dos campañas. Aunque hasta el momento los colombianos hemos presenciado todo tipo de agresiones y ofensas, es de suponer que la “munición gruesa” de Santos y Zuluaga está reservada para la segunda y definitiva vuelta electoral.

Ojalá que los candidatos y sus equipos de campaña recapaciten y concentren sus esfuerzos en exponer sus programas y propuestas, en lugar de tener que valerse de la descalificación de su oponente. O peor aún: en tratar de sacarle a su competidor los “esqueletos que tenga guardados en el armario”, costumbre muy norteamericana de política y que en Colombia ha sido emulada y superada, como estamos viendo los electores.

De manera que el llamado a los candidatos es –como lo planteó EL HERALDO en reciente editorial– a elevarle el nivel al debate y a que los aspirantes dejen de lado las bajas pasiones y se concentren en la promoción y difusión de sus propuestas y programas, con el fin de que los electores puedan escoger a quién desean que esté al frente del Ejecutivo durante los próximos cuatro años.

Reducir el debate presidencial a las injurias y las calumnias, como ha sucedido hasta ahora, es no solo una forma irresponsable de hacer política, sino –sobre todo– la forma más antidemocrática de acceder a la Casa de Nariño. ¿Qué puede pasar con el voto útil? ¿Habrá ganador hoy? ¿Qué pasaría en una segunda vuelta? ¿Qué harán Peñalosa, Ramírez y López?

¿Qué hacer con el voto útil?

La polarización de la campaña entre Santos y Zuluaga terminó triturando a los otros aspirantes, muchos de cuyos posibles electores amanecieron hoy pensando en votar por su candidato o en hacerlo por el presidente-candidato o por el aspirante del uribismo, pero no porque estén de acuerdo con sus propuestas, sino para impedir que su principal rival gane en primera vuelta.

Para decirlo en otras palabras: no quieren desperdiciar su voto, sufragando por quienes tienen pocas posibilidades de acceder a la segunda vuelta, aun cuando vean en ellos a las personas indicadas para asumir la Presidencia. Se trata –sin duda– de una práctica perversa que terminó afectando a quienes hicieron una campaña transparente, orientada mucho más a la difusión de sus programas que a la ofensa personal y la descalificación de sus contendores.

La falta de debates y la propia dinámica de la campaña impidió que los electores tuvieran una mejor y mayor información acerca de sus programas.

De manera que –pese a la polarización– en la primera vuelta que se celebra hoy, los votantes deben respaldar a quien considere que cumple a cabalidad con los requisitos para llegar a la Casa de Nariño y por quien ofrece las mejores soluciones a los problemas del país. El llamado “voto útil” termina siendo un castigo para aquellos aspirantes que no cayeron en la tentación de valerse de golpes bajos, ofensas y agresiones a sus contendores. Y ello -en el mejor de los casos– es una enorme injusticia.

Los guiños de Santos a Peñalosa y López

En los últimos días el candidato-presidente no ha ahorrado frases amables para los aspirantes Enrique Peñalosa y Clara López, lo que contrasta con el arsenal que le dispara cada vez que puede a su principal opositor, Óscar Iván Zuluaga. Esos piropos no son gratis, obviamente.

Santos sabe que de pasar a una segunda vuelta, como indican las encuestas, deberá contar con el respaldo del candidato de la Alianza Verde y de la aspirante del Polo Democrático, quienes han anunciado públicamente su respaldo al proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana, lo que Santos –hábilmente– interpreta como un respaldo a su candidatura. No obstante, tanto Peñalosa como López dejaron en claro en el debate de Caracol Televisión, que apoyar los diálogos no significa respaldar a Santos.

De cualquier manera, en caso de una segunda vuelta presidencial, es muy difícil pensar en un apoyo de Peñalosa y López a Zuluaga a quien, inclusive, el propio Peñalosa le pidió su renuncia a su aspiración presidencial luego del escándalo por la presencia del hacker Andrés Sepúlveda en su campaña.

Así las cosas, la negociación de La Habana sería la llave que le permitiría al exalcalde de Bogotá y a la candidata del Polo Democrático sumarse a las huestes del presidente-candidato. No hay ninguna otra, como ambos lo expresaron en los debates a los que asistió Santos.

Marta Lucía, cercanía con Uribe y afinidades con Óscar Iván

Pese a que tanto Santos como Peñalosa han tenido relaciones directas y estrechas en el pasado reciente con el expresidente Álvaro Uribe –el primero como su ministro de Defensa y el segundo como su candidato a la Alcaldía de Bogotá– ninguno de ellos se ha mostrado más leal y respetuoso de su antiguo jefe que Marta Lucía Ramírez, su exministra de Defensa y cerebro de la llamada Política de Seguridad Democrática.

La candidata conservadora –a diferencia de Santos, que pasó de llamarlo “el mejor presidente de Colombia en toda su historia” a “mentiroso, manipulador y enemigo de la paz” y de Peñalosa, que hoy reniega de su pasado uribista– ha ponderado a lo largo de la campaña los logros y ejecutorias del expresidente Uribe.

De igual manera ha sido siempre muy respetuosa con Zuluaga, inclusive durante el episodio del hacker Sepúlveda, algo que ocurrió con Peñalosa y mucho menos con Santos, quienes no ahorraron epítetos contra quien había sido aliado político en su época de senador (en el caso de Peñalosa) y compañero de Gabinete, en el caso de Santos. De manera que –en caso de una segunda vuelta– es bastante probable que buena parte de los votos conservadores de Ramírez pasen a las huestes de Zuluaga, aunque otros corran presurosos a donde Santos, quien –sin duda– buscará la forma de “oxigenar” a una buena parte de los dirigentes azules.

¿Quién curará las heridas?

Lo peor de la campaña presidencial, que llega a su fase definitiva no es lo que ya pasó, sino lo que aún falta por pasar. Y lo que falta por pasar no es otra cosa que el Gobierno de quien gane las elecciones y asuma la Presidencia a partir del próximo 7 de agosto.

Cualquiera sea el ganador, deberá hacerle frente a la oposición encarnizada del perdedor y de sus seguidores. Es decir, Colombia deberá asistir al triste espectáculo de ofensas y agravios que ya han protagonizado los candidatos punteros en las encuestas y que llevó la contienda a su peor estado de postración en la historia del país.

En caso de ganar Santos –por ejemplo– no sería fácil de entender cómo el mandatario firma la paz con quienes son considerados los peores enemigos del país, pero mantiene la guerra sin cuartel contra su antiguo jefe político y su excompañero de gabinete. Mientras que si gana Zuluaga, tampoco tendría ninguna lógica que un presidente que ofrece la reconciliación entre los colombianos, mantenga una actitud de abierta confrontación con quien se la jugó por la paz del país.

Ocurre, sin embargo, que después de todo lo que ha ocurrido en la actual campaña, no será fácil para uno y otro tender puentes de acercamiento luego de haber utilizado en contra de su contendor las peores armas, inclusive aquellas que dejaron heridas que no sanarán con facilidad. Solo un poco de cordura y sensatez por parte de ganadores y perdedores permitiría la realización de ese milagro, algo que hasta ahora, lastimosamente, no ha sucedido.

Compartir: