Petro Poroshenko, ‘rey del chocolate’, nuevo presidente de Ucrania

«Ucrania tiene un nuevo presidente», proclamó Poroshenko, conocido como el ‘rey del chocolate’ por sus negocios de dulces y bombones, quien planea efectuar su primer viaje como jefe de Estado al Donbass, la cuenca hullera ucraniana que incluye a las regiones rebeldes prorrusas de Donetsk y Lugansk.

«No hay dinero gris, ni negro, ni blanco. O combatimos la corrupción o es que estamos implicados en ella», fue una de las frases de Poroshenko, uno de los hombres más ricos de Ucrania, durante la campaña electoral.

Aunque centró su campaña en la lucha contra la corrupción, no es por eso por lo que Poroshenko ha derrotado a su principal rival, la ex primera ministra Yulia Timoshenko. Poroshenko fue el principal patrocinador del Maidán (plaza), el movimiento de protesta pacífica que desembocó en violentos disturbios y condujo en febrero pasado al derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich.

Los ucranianos premiaron su generosidad hasta el punto de que no necesitará una segunda vuelta para hacerse con la Presidencia. Al contrario que en la Revolución Naranja de 2004, cuando participó activamente en los mítines en Kiev, Poroshenko mantuvo un perfil bajo durante el Maidán y dejó que otros sufrieran el desgaste.

Los analistas consideran que la Revolución Naranja fracasó debido a la incompatibilidad entre Timoshenko, entonces primera ministra, y Poroshenko, mano derecha del entonces presidente Víktor Yúschenko. Desde entonces, se alejó de la política durante varios años para centrarse en su emporio empresarial, encabezado por Roshen, considerada una de las mayores compañías mundiales en producción de bombones y dulces, y que ahora ha prometido vender en un gesto de que luchará contra la corrupción.

Durante la campaña, el candidato contó con la ventaja de ser el dueño de varios medios de comunicación, lo que le permitió eludir los debates y propagar su mensaje electoral sin apenas participar en actos. Al contrario que su rival, Poroshenko optó por una campaña sin estridencias, en la que ha dado prioridad a propuestas concretas, alejadas del toque populista del resto de candidatos.

Nada más conocer este domingo su victoria tras los sondeos, prometió convocar elecciones parlamentarias antes de finales de año para acabar con la interinidad del Gobierno de unidad nacional creado tras la caída de Yanukóvich. Antes de presentar su candidatura, viajó a Crimea para intentar mediar en el conflicto en la península prorrusa, pero durante su visita a Simferópol fue increpado por una agresiva multitud, imágenes que han podido aportarle réditos electorales.

También le benefició el hecho de que Roshen fuera una de las principales víctimas del bloqueo al que Rusia sometió en 2013 a las exportaciones ucranianas, antes incluso del estallido de las protestas populares. En cuanto a las tensas relaciones con el Kremlin, ha dado una de cal y otra de arena: prometió presentar una denuncia en los tribunales internacionales contra Rusia por la anexión de Crimea y, al mismo tiempo, normalizar las relaciones con el país vecino en un plazo de tres meses.

Poroshenko acusó a Rusia de instigar la sublevación prorrusa en el este ucraniano -dos regiones se han proclamado independientes- y ha abogado por reforzar las Fuerzas Armadas para defender el país en caso de una agresión exterior.

Como anunció antes de los comicios, reiteró que su primer viaje, una vez asuma el cargo, lo realizará al este prorruso, para recuperar la confianza de su gente en el Gobierno central. En una muestra de su carácter camaleónico, Poroshenko fue uno de los fundadores del Partido de las Regiones, el más votado en el este rusohablante; y ostentó cargos de responsabilidad en el Gobierno cuando eran presidentes tanto Yúschenko como Yanukóvich.

Poroshenko se ha labrado una imagen moderada, muy alejada del radicalismo de Timoshenko, que lo convirtió en un candidato ideal en tiempos de crisis, tanto para Rusia como para Occidente.

EFE

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