Obispos católicos piden a colombianos dejar apatía, votar por la paz

Bogotá, 21 de Mayo ¬_RAM_ Los Obispos de la iglesia Católica solicitaron a los colombianos hacer a un lado la apatía y la indiferencia y acudir el próximo domingo a las urnas con el fin de ejercer el voto, libre y consciente y derrotar la corrupción, el clientelismo y la indebida presión de los grupos armados o de otros intereses deshonestos en la esfera pública.

Los jerarcas de la iglesia exhortan a los compatriotas a avalar aquellas propuestas “que mejor cooperen con la consecución del bien común, de la justicia y de la paz”.

El pronunciamiento lo hicieron los Obispos retomando una declaración que suscribieron a principios de este año en la asamblea plenaria anual de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC).

“No podemos conformarnos con la apatía pesimista o con la lamentación estéril (…) Debemos asumir una actitud responsable y proactiva”, señala el comunicado.

Instan a los colombianos a que ejerzan el sufragio con un gran sentido de responsabilidad ciudadana, “para elegir por quien sus calidades humanas, éticas y morales, estén mejor capacitadas y dispuestas a comprometerse con la búsqueda del bienestar integral de todos los colombianos”.

En otro aparte del mensaje los prelados exhortan a los candidatos a desarrollar una propuesta de campaña electoral “propositiva y trasparente”, caracterizada por el respeto y por el sano debate de sus propuestas, pensando siempre en el “servicio del bien común”.
Otros apartes del documento son los siguientes:

Como creyentes y ciudadanos, no podemos conformarnos con la apatía pesimista o con la lamentación estéril que nada aportan ni resuelven.
Debemos asumir una actitud responsable y proactiva. Por ello, aunque en “nuestro país el voto no es legalmente obligatorio, ejercer el derecho constitucional al sufragio ha de ser considerado como un imperativo ético y moral que compromete a todo ciudadano y, de modo particular, a todo auténtico discípulo de Cristo.

Por medio del voto, libre y consciente, los colombianos estamos llamados a derrotar la corrupción, el clientelismo y la indebida presión de los grupos armados o de otros intereses deshonestos en la esfera pública.

En ese contexto, respetando la libertad de cada fiel y ciudadano, los Obispos proponemos dos elementos fundamentales a considerar en el momento de elegir:

Un primer elemento de discernimiento es recordar que la “paz es obra de la justicia” (cfr. Is. 32, 17).

En nuestro país subsisten desigualdades sociales que excluyen a millones de compatriotas de las condiciones mínimas necesarias para alcanzar un desarrollo humano integral.

La clase política no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento causado por la pobreza que impide a muchos de nuestros hermanos el acceso a una alimentación adecuada, a una vivienda digna, a un sistema de salud pública eficiente, a una educación de calidad y a un empleo digno y justamente remunerado que permita a las familias colombianas gozar de mejores condiciones económicas.

Tampoco puede permanecer indiferente ante los problemas que afrontan nuestros campesinos, nuestra clase trabajadora, los desplazados y las víctimas de la violencia.

Es necesario, que nuestros líderes asuman un compromiso eficaz para establecer políticas públicas que, superando el asistencialismo, puedan dar eficaz solución a las causas profundas del “conflicto social” que ha sido el principal motor de las diversas formas de violencia que nuestro país ha padecido.

Un segundo elemento que debería ser tenido en cuenta a la hora de elegir a nuestros gobernantes es la identidad de sus propuestas con los principios éticos y morales auténticamente humanos, no solo cristianos, especialmente con la tutela del derecho fundamental a la vida y con la defensa de la naturaleza del matrimonio y de la familia.

Durante los últimos años, nuestro país ha vivido un proceso de aceleradas transformaciones sociales y culturales que requiere de la participación activa de hombres y mujeres que, con iluminado criterio, puedan garantizar el respeto de nuestros valores fundamentales en el ámbito público e institucional.

Por otra parte, un ejercicio auténticamente democrático del voto lleva consigo el deber moral de oponerse, activamente, a cualquier tipo de manipulación o corrupción del sufragio.

En ese sentido, los fieles católicos deben sentirse particularmente comprometidos a rechazar y a denunciar, ante las autoridades competentes, toda práctica que pueda atentar contra la trasparencia democrática de las elecciones: la compra-venta del voto, el trasteo de votantes, las coacciones burocráticas que imponen votar por un determinado candidato o las persistentes presiones de los grupos armados.

Tenemos la responsabilidad ética de purificar nuestra democracia y las instituciones del Estado del pesado lastre de la “politiquería” y del clientelismo.

Precisamente en ese contexto, los Obispos de Colombia deseamos renovar nuestra radical condena de la corrupción, una enfermedad endémica del Estado que contagia a la actividad privada y causa grave daño al desarrollo moral, económico y social de nuestro país.

En efecto, un porcentaje importante de los recursos públicos, que deberían ser invertidos en el bienestar de los colombianos más pobres y desfavorecidos, sigue siendo sometido al servicio de intereses mezquinos.

Lamentablemente, la corrupción no se limita a la ilegítima desviación de los recursos del Estado.

Los Obispos observamos con preocupación el establecimiento de una “anticultura política” caracterizada “por el abuso de poder, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la connivencia con grupos ilegales, la falta de transparencia en la contratación y otros numerosos hechos, delictivos e inmorales, que afectan gravemente la eficacia y la credibilidad de las instituciones del Estado” (cfr. Comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado del 17 de abril de 2013).

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