Santos es prisionero de Uribe, afirma guerrilla del Eln

La guerrilla del autodenimnado Ejército de liberación nacional, Eln, afirma que el presidente Juan Manuel Santos “es prisionero de Uribe” y que “si se le acerca se chamusca y si se le aleja, la extrema derecha le cae a palo”.

En un escrito que precisamente titula “Santos Prisionero de Uribe”, los cabecillas del reducto subversivo basan sus criterios en que los diarios de la costa dicen que “al presidente Santos lo van a tumbar los campesinos” y en las oficinas de la campaña que impulsa su reelección afirman, que “el Paro agrario es una bomba atómica contra la reelección”.

Al efecto, advierte que “la pregunta obligada que debemos hacernos es si los campesinos, indígenas y afros protestan contra la reelección o si más bien luchan contra la inhumana condición en que los mantiene este régimen”.

También señala: “Si el gobierno incumple a los campesinos, indígenas y afros, estos seguirán en la movilización, sea para volver a presentar su pliego de peticiones a Santos reelegido o al mandatario que lo releve. En cambio, si el gobierno cumpliera a los campesinos, aseguraría puntos a su favor dentro de la amplia opinión democrática que se solidariza, con estos, los sectores sociales más olvidados y marginados del país”.

En otros apartes, el escrito precisa:

No puede faltar el componente de la paz en la puja por la presidencia de Colombia. Un diario capitalino expresa que “la estrategia para ganar en primera vuelta conjuga dos factores: un acuerdo sobre el tema de narcotráfico en la negociación con las FARC en La Habana y el anuncio del inicio formal de conversaciones con el ELN. Esa es la ‘bandera de la paz’…”.

Una cosa es que Santos haya abierto el diálogo con la insurgencia y otra bien distinta es su propuesta de hacer una transacción, como la hecha en los años 70 del siglo pasado, cuando el régimen dominante hizo entrega a las multinacionales el carbón de la Guajira, bajo la modalidad de “pacto de la gallina gringa y el marrano colombiano, para hacer huevos con tocino”. Observadores calificados del actual proceso de diálogo, sostienen que el régimen quiere hacer de gallina y le propone a la insurgencia que se sacrifique en nombre de la paz.

Por su parte, el partido de los militares, en boca del general Harold Bedoya, denuncia que “nunca antes las FARC habían logrado tanto como con este gobierno”. Mensaje que hace parte de su declaración de respaldo al candidato presidencial de Uribe Vélez.
La verdad está en los hechos, Santos es prisionero de Uribe, si se le acerca se chamusca y si se le aleja, la extrema derecha le cae a palo.

Un flaco favor le haríamos las guerrillas a la paz de Colombia, desapareciendo, para que nada cambie en el país.
Supongamos que se acabe esta generación de guerrillas, es claro que los poderes mafiosos de ultraderecha que pululan en todos los rincones de Colombia, hegemonizarían aún más el régimen, con la consiguiente reducción al mínimo del Estado de derecho, hecha para esclavizar mejor a la sociedad colombiana.

Un caso de la vida real, es el de Claudia López, la senadora del Partido verde, perseguida por esas mafias por haberlas denunciado. Ella alerta: “me siento muy insegura. La protección del Estado no es que se redoble el esquema de seguridad, el cual agradezco, sino que no haya complicidad y que la justicia actúe. Mientras se mantenga esa complicidad y la acción de la justicia sea lenta, mi vida corre peligro. Cada minuto que pase mientras ‘Marquitos Figueroa’ siga libre e impune, mi vida está en riesgo”. Claudia López ha publicado varias fotos en las que el presidente Santos y Vargas Lleras aparecen con Kiko Gómez, el compinche de Figueroa. La senadora cuestionó al hoy candidato a la vicepresidencia Germán Vargas Lleras, porque a pesar de sus denuncias, su partido, Cambio Radical, avaló a Gómez para las elecciones de 2011.

La paz la construimos entre todos quienes la queremos, en un esfuerzo que se opone a quienes viven de la guerra, proceso que requiere participación masiva y constancia para concretarlo, porque va más allá de los fuegos artificiales de las campañas electorales, que apenas son un reflejo de la lucha entre la mayoría y una minoría, por el poder en Colombia.

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