Son los Santos los que hacen crecer la iglesia: Francisco

Francisco encabezó el llamado «domingo de los cuatro papas» para la canonización de sus antecesores Juan Pablo II y Juan XXIII. En su homilía, destacó la personalidad de ambos y recordó que «son los santos los que hacen crecer la Iglesia».

«A San Juan XXIII me gusta recordarlo como el Papa de la docilidad al Espíritu Santo», dijo Francisco en su homilía en referencia a que de allí vino su inspiración para convocar al Concilio Vaticano II en los años 60, que tan fecundo fue para el catolicismo.

Y sobre el polaco Karol Wojtyla señaló: «San Juan Pablo II fue el Papa de la Familia -así quería ser recordado él mismo. Me gusta subrayar esto cuando estamos recorriendo un camino sinodal para la familia».

Por eso, pidió «que ambos intercedan por la Iglesia para que ésta sea dócil al Espíritu Santo en el servicio a la familia».

Previamente, el Papa había centrado su mensaje en las heridas de Cristo: «Jesús mostró sus llagas la primera vez que se apareció a sus discípulos. No estaba Tomás entre ellos ese día. Y dijo que si no las veía y tocaba no creería. Ocho días después Jesús vuelve a aparecérseles a sus discípulos y ese día se vuelve hacia Tomás y lo incita a tocar sus llagas. Tomás se arrodilló y dijo: ‘Mi Señor y mi Dios’. Las llagas de Jesús son la verificación de la fe».

Las llagas son el signo permanente del amor de Dios, señaló a continuación el papa Francisco. No para creer que Dios existe sino para creer que Dios es amor y fidelidad, aclaró.

Se refirió entonces a los dos nuevos Santos de la Iglesia: «San Juan XXIII y San Juan Pablo II han tenido el coraje de mirar las llagas de Jesús, no tuvieron vergüenza de la carne de Cristo, no tuvieron vergüenza de la carne del hermano», porque en cada persona sufriente está Jesús.

El Papa definió a Juan Pablo II y Juan XXIII, como «dos hombres valientes, llenos de la parusía del Espíritu Santo, que dieron testimonio a la Iglesia y al mundo de la bondad y la misericordia de Dios. Conocieron las tragedias del siglo XX, pero no fueron derrotados por ellas. Más fuerte en ellos fue la fe en Cristo, redentor del hombre y Señor de la Historia».

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