Dos papas que dejaron su sello en la Iglesia llegan a los altares

Como es ya costumbre, el papa Francisco ha resuelto sorprender al mundo católico, Esta vez, con la canonización simultánea de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, que se celebra este segundo domingo de Pascua, conocido como Domingo de la Misericordia, con una misa concelebrada por 150 cardenales, mil obispos y seis mil sacerdotes.

En su estilo revolucionario, Francisco ha hecho de la ceremonia un acontecimiento mundial, que será visto por millones de fieles en directo desde pantallas gigantes y con ceremonias especiales.

Son dos papas muy distintos los que llegarán el domingo a los altares, pero sin duda, ambos cambiaron la imagen de la Iglesia en el Siglo XX.

Juan XXIII es considerado el padre de la renovación de la Iglesia Católica, y el polaco Juan Pablo II fue conservador y moderno: carismático e inflexible en temas morales.

El Papa Bueno

Juan XXIII, Angelo Giuseppe Roncalli, fue conocido como el papa humilde y bueno, cercano al pueblo, nacido en Bergamo, Italia. Francisco decidió canonizarlo a pesar de que no cumplió la condición de haber realizado dos milagros, ya que el Vaticano solo reconoció uno.

A pesar de que su papado solo duró cinco años (1958-1963), Juan XXIII es considerado el padre de la iglesia moderna por su decisión de convocar el Concilio Vaticano II para actualizar la Iglesia.

El Papa Bueno fue protagonista del momento más dramático de la posguerra, cuando la crisis de los misiles soviéticos instalados en Cuba, en 1962, estuvo al borde de desatar la conflagración nuclear entre Estados Unidos y la URSS. Juan XXIII medió para buscar un acuerdo y escribió una famosa encíclica titulada ‘Pacem in Terris’.

“Juan XXIII es, sobre todo, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II. Como sucesor de Pedro condujo la Iglesia, con mano firme y paterna, a esa experiencia extraordinaria de fe y de renovación personal y colectiva que ha sido, y es, ese acontecimiento eclesial: se trataba de hablar al corazón de las personas de nuestra época, como subrayó la Constitución Gaudium et Spes”, dijo Javier Echevarria, prelado del Opus Dei en Buenos Aires.

El papa viajero

Juan Pablo II, el polaco Carol Wojtyla, fue conocido como el papa viajero. Según Jorge Bergoglio, fue “un gran misionero, el nuevo San Pablo”: visitó 129 países y su extenso papado duró más de 26 años (1978-2005).

Su figura es histórica, porque surgió como el emblema del final del comunismo, de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

En su tierra, Wojtila acompañó, durante los años 80 del siglo pasado, la rebelión de Solidaridad, el famoso sindicato dirigido por Lech Walesa, que hace 25 años realizó la hazaña de ser la primera organización no comunista en ganar las elecciones en el este de Europa.

En un país católico por excelencia, que sufrió como ninguno los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la decisión de nombrar a Wojtyla en el trono de San Pedro otorgó una potente voz a los opositores de toda la región. Fue así como su figura quedó unida a ese proceso mundial.

Por estas mismas razones, su papado ha sido uno de los más polémicos, porque fue un líder conservador, durante cuyo pontificado aumentaron los casos de pederastia en la Iglesia.

Wojtyla elevó a los máximos cargos del Vaticano a otro conservador, el alemán Joseph Ratzinger, quien luego se convertiría en su sucesor, bajo el nombre de Benedicto XVI, cuyo papado terminó con la histórica renuncia que dejó el lugar a Francisco en 2013.

Benedicto XVI, a su vez, decidió beatificar a Juan Pablo II en mayo de 2011, sin esperar los cinco años de la muerte que establece el derecho canónico, por la “fama universal de santidad”. De esta manera, el Papa polaco será santificado en una brevedad récord.

Juan Pablo II fue uno de los más cercanos al continente americano y visitó la región dieciocho veces. Un punto clave que marca las diferencias entre Juan XXIII y Juan Pablo II es el Concilio Vaticano II, que dio impulso en nuestro continente a la “teología de la liberación”, duramente criticada por el papa polaco.

Otra de las polémicas que sacudieron América Latina durante su papado fue la de Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo en México, que había sido puesto como modelo por Juan Pablo II, y que luego fue acusado de abusos sexuales.

La intención de Francisco al realizar las dos canonizaciones simultáneas es conciliar estas dos alas de la Iglesia Católica. En su texto dirigido el viernes al pueblo polaco, Francisco señaló que “antes de recorrer los caminos del mundo, Karol Wojtyla creció al servicio de Cristo y de la Iglesia en su Patria, Polonia. Allí se formó su corazón, que después se dilató a la misión universal, antes participando en el Concilio Vaticano II, y sobre todo después del 16 de octubre de 1978, porque en él encontraron lugar todas las naciones, las lenguas y las culturas”.

Con la canonización de Juan Pablo II, Francisco también busca desmontar las tormentas que se le empiezan a acumular en los sectores más tradicionalistas de la Iglesia, uno de cuyos bastiones es el clero polaco.

El nuevo jefe de los obispos polacos, monseñor Stanislaw Gadecki, de 64 años, arzobispo de Poznan, dijo que “poner en práctica el estilo del papa Francisco puede resultar un problema difícil para nuestra Iglesia”. Su predecesor, el monseñor Jozef Michailik, había definido a Bergoglio como “un arma de los enemigos de la Iglesia”. “Con el Papa se combate hoy en Polonia contra los obispos. Papa Francisco bueno, obispos malos. ¿Papa Francisco sí, obispos e Iglesia en Polonia no?”, había dicho.

Para que no queden dudas, Gadecki señaló las diferencias entre Francisco y Juan Pablo II: “Francisco nació en el sol, nosotros en las nubes. Basta dar una ojeada a los pueblos mediterráneos: son todos sonrientes, alegres. En Brasil y Argentina, gente que vive en auténtica miseria en países plenos de sol y, no obstante todo, están extremadamente contentos. En cambio nosotros la oscuridad nos hace sombríos, a la Iglesia, a la sociedad”.

Especial mención recibió en estos días, en la televisión polaca, la posición de Francisco frente al conflicto entre Ucrania y Rusia, criticándolo porque “en lugar de plantar las aspiraciones imperialistas de Moscú, Francisco habló de la injusticia social”. Con Francisco, “la voz de la Santa Sede sigue siendo importante pero menos distinguible y por tanto menos escuchada”.
Lo cierto es que los gestos de Francisco son muchas veces más expresivos que sus propias palabras.

Y al canonizar de manera simultánea dos Papas que marcan tendencias opuestas, Francisco espera sellar la unidad de la Iglesia.

El País

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