García Márquez era un talentoso escritor pero ningún héroe: The Washington Post

El influyente diario estadounidense “The Washington Post” titula así hoy una nota editorial: “Gabriel García Márquez era un talentoso escritor pero ningún héroe”, en referencia a las reacciones que ha desatado en el mundo la muerte del nobel de literatura colombiano.
El escrito es obra de Charles Lane, quien, según el periódico, es un editorialista especializado en política económica, asuntos financieros y comerciales y un colaborador para el blog PostPartisan.
“Nunca se escribirá el obituario de García Márquez que más me gustaría leer. Eso es porque su autor hubiera sido el poeta cubano Heberto Padilla , quien falleció hace 14 años. No había nadie mejor calificado para evaluar la extraña mezcla de brillantez literaria y podredumbre política que caracterizó la larga carrera de García Márquez”, precisa Lane.
Fundamentalmente el editorialista cuestiona la amistad del escritor colombiano con Fidel Castro y al efecto subraya: “Lo que Gabo no hizo fue alzar la voz, o levantar un dedo, en nombre del derecho de los cubanos a expresarse libremente en primer lugar”.
Y complementa: “Lejos de ser “un representante y voz para el pueblo de las Américas”, se desempeñó como vocero de facto de uno de sus opresores”.
El texto del articulo es el siguiente:
Estadistas elogiaron al ganador del Premio Nobel novelista Gabriel García Márquez, quien falleció a los 87 años el 17 de abril.
“El mundo ha perdido a uno de sus más grandes escritores visionarios — y uno de mis favoritos desde que era joven,” dijo el Presidente Obama; llamó al autor de “Cien años de soledad”, “un representante y voz para el pueblo de las Américas”.
Juan Manuel Santos, Presidente del país natal de García Márquez, le saludó como “el mejor colombiano de todos los tiempos”.
Nunca se escribirá el obituario de García Márquez que más me gustaría leer. Eso es porque su autor hubiera sido el poeta cubano Heberto Padilla , quien falleció hace 14 años. No había nadie mejor calificado para evaluar la extraña mezcla de brillantez literaria y podredumbre política que caracterizó la larga carrera de García Márquez.
En 1968, cuando con “Cien años de soledad” García Márquez fue impulsado a la fama, Padilla publicó una colección de poemas titulada “fuera de juego”
Las autoridades culturales de Cuba permitieron inicialmente e incluso elogiaron libro de Padilla, a pesar de sus entre-las-líneas protestan contra el funcionario, que pensó que ya estaba sofocando Cuba el control de Fidel una década después de la revolución de 1959.
Luego cambiaron las instrucciones: El régimen de los Castro inició una campaña contra Padilla e intelectuales afines que culminó en marzo de 1971, cuando agentes de seguridad del Estado detuvieron a Padilla, agarró sus manuscritos y lo sometieron a un mes del brutal interrogatorio.
Intelectuales alrededor del mundo, liderada por el compañero de García Márquez la estrella del “boom literario de América Latina, Mario Vargas Llosa, condenaron este espectáculo Stalineano.
Muchas figuras culturales que habían apoyado la revolución cubana se disgustaron con él debido al asunto Padilla.
Para García Márquez, sin embargo, era un tipo diferente de punto de inflexión. Cuando se le llamó para firmar la carta abierta de sus compañeros escritores a Castro expresando su “vergüenza y enojo” por el tratamiento de Padilla, García Márquez se negó.
Posteriormente, el colombiano aumentó gradualmente en estimación de la Habana, en última instancia, emergiendo como un miembro del círculo íntimo de Castro.
Fidel ducha a “Gabo” con beneficios, incluyendo una mansión y establecido un Instituto de cine en Cuba bajo la dirección personal de García Márquez.
El novelista, a su vez, prestó su celebridad y su elocuencia al molino de la propaganda del régimen, describiendo al dictador cubano en 1990 como un “hombre de hábitos austeros y sueños insaciables, con una educación formal tradicional, palabras con cuidado y finos modales e incapaz de concebir ninguna idea que no es extraordinario.”
Para justificar esta estrecha relación, García Márquez ofreció a sí mismo como un mediador ostensible cuando Castro ocasionalmente lanzado disidentes para apaciguar a Occidente.
Lo que Gabo no hizo fue alzar la voz, o levantar un dedo, en nombre del derecho de los cubanos a expresarse libremente en primer lugar.
Lejos de ser “un representante y voz para el pueblo de las Américas”, se desempeñó como vocero de facto durante uno de sus opresores.
García Márquez fue tan lejos como para defender a Castro entregó a funcionarios cubanos políticamente heterodoxos — uno de los cuales había sido personalmente cerca del escritor — después de un juicio de 1989.
Uno puede imaginar muchas motivaciones para este comportamiento mezquino, más comprensible que otros.
Como un joven aficionado en actividad del partido comunista en la década de 1950, García Márquez perteneció a una generación de intelectuales de América Latina para los que el antiimperialismo era un ideológico dado, así como una placa de sofisticación; Tal vez él nunca superó eso.
“Amistad” con hombres como Fidel Castro es difícil escapar, sin embargo, dados los beneficios que cosechó de esa relación, tangible y de otro tipo, es dudoso García Márquez haya contemplado una ruptura con Fidel, incluso secretamente.
Lo que sus causas, apologética de García Márquez Cuba siempre serán mar su legado. Verdadera grandeza literaria es una función de no sólo habilidad narrativa y creatividad lingüística, que García Márquez poseyó en abundancia, sino el valor moral, que le faltaba. Contra los males múltiples, sociales y políticos, que plagaron su región natal, llevaba a testigo también selectivamente.
Finalmente, Castro dejó a Heberto Padilla salir de Cuba para Estados Unidos en 1980. En sus memorias de 1989, “Autorretrato del otro,” el poeta señaló que buscó la ayuda de García Márquez para un visado de salida, pero que el escritor intentó disuadirlo, diciendo que los enemigos de Cuba podrían utilizar su partida para fines propagandísticos.
Aparte de ese libro, Padilla produjo poco. Hizo rebotar de trabajo de una universidad a otra antes de morir, un hombre roto, en Auburn, Alabama. Él era de 68.
En verdad, Heberto Padilla no tenía el talento que tenía Gabriel García Márquez. Aún así, algunos de nosotros lo admiramos más.

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