Gabo y el poder

Por Carlos Obregón

Siento una gran satisfacción por el poder, y no es una fascinación secreta: Gabriel García Márquez (1927 2014).

Lo dijo el expresidente Belisario Betancur: Gabriel García Márquez no se embelasaba con el poder sino “con las vecindades del poder”. En el fondo él era el poder, pero no para mandar sino para buscar propósitos como intentar acuerdos de paz, la libertad de presos políticos y secuestrados y otras tareas infructuosas como acercar a Bill Clinton con Fidel Castro.

Pero el poder lo buscaba más a él por otras necesidades: jefes de Estado en apuros para oír su opinión, candidatos en búsqueda de un guiño, empresarios, periodistas y líderes del mundo que pretendían su apoyo en una declaración pública para una causa humanitaria.

Las pruebas de esos encuentros permanentes con el poder están en las tertulias con los poderosos. La famosa de agosto de 1994 con Clinton en Martha’s Vineyard, en la casa de veraneo del escritor William Styron junto con Carlos Fuentes. O las amanecidas con Fidel Castro –con quien decía tener “una amistad intelectual”– en La Habana para hablar de literatura. Con Omar Torrijos, quien lo tuvo como uno de sus aliados para el acuerdo de devolución del canal y la larga lista de otros mandatarios latinoamericanos, incluidos todos los colombianos.

En su última entrevista en 2006 al diario “La Vanguardia”, de España, García Márquez dio una de las varias razones de por qué un escritor cómo él frecuentaba esos linderos: “como escritor, me interesa el poder, porque resume toda la grandeza y la miseria del ser humano”. Y en el Manifiesto de 1977, ya en la cima de la fama pero no de la gloria, dijo que “La soledad del poder se parece mucho a la soledad del escritor”. Dos años antes había descrito esa soledad del poder en su novela sobre el dictador tropical, “El otoño del patriarca”.

Enrique Santos Calderón, su gran amigo y cómplice de aventuras periodísticas –“Alternativa” y QAP— seleccionó 40 frases sueltas de reportajes del nóbel, una de ellas que parece contradecir al expresidente Betancur: “Siento una gran fascinación por el poder, y no es una fascinación secreta”.

********
Un sábado de mayo de 1994, en pleno cierre de campaña presidencial en Colombia, García Márquez, se apareció con guayabera blanca y botines carmelitas en una sala VIP del aeropuerto de Cartagena. Lo hizo de manera discreta. Permaneció sentado unos largos minutos a la espera de un vuelo privado. El hombre con él que tenía la cita era el candidato Ernesto Samper, que lo buscaba para que apoyara su nombre a la Presidencia. De esa simpatía inicial, ya en el gobierno, se pasó al distanciamiento por el escándalo del 8.000. Samper, por medio de uno de sus ministros lo buscó para intentar tender un puente con “los conspiretas” que intentaban tumbarlo. De ese episodio poco se sabe. Buscaban a un hombre que solía decir que había sido “más conspirador que firmador”.

Compartir: