¿Qué le espera al nuevo Fiscal General?

Por Óscar Montes
@leydelmontes

“No creo que la Corte Suprema se someta a un nuevo desgaste como el de la vez pasada”, me respondió un magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia cuando le pregunté por la primera sesión para elegir al nuevo Fiscal General de la Nación. Y tal cual.

La escogencia del abogado penalista externadista Eduardo Montealegre Lynett como sucesor de Viviane Morales resultó mucho más rápida de lo esperado, puesto que solo bastaron unos pocos minutos de su intervención para que los magistrados quedaran convencidos de las calidades del nuevo Fiscal General.

Al referirse a la “vez pasada”, el magistrado auxiliar hacía mención al año y medio que se tomó el alto tribunal para elegir a Morales como Fiscal General en propiedad, en reemplazo de Mario Iguarán.

Montealegre es un destacado penalista y un connotado profesor de Derecho Penal en varias universidades del país. Llegó a ocupar la presidencia de la Corte Constitucional, donde se destacó por sus posturas liberales en la defensa de los postulados y principios de la Constitución de 1991.

A raíz de su elección, el nombre de Eduardo Montealegre ha sido asociado al de altos funcionarios de la EPS Saludcoop, de quienes fue su defensor, luego de que se destapara el escándalo por la destinación indebida de los recursos de la salud para la construcción de obras suntuosas o al pago de millonarios salarios a su presidente Carlos Palacino.

De igual manera, figura como defensor del Estado ante demandas internacionales por violación de Derechos Humanos. ¿Qué le espera al nuevo Fiscal? ¿Qué tan determinante es su período al frente de esa entidad? ¿Cómo debe ser el nuevo Fiscal?

El período, tema fundamental

Si bien es cierto que con la elección de Eduardo Montealegre Lynett como Fiscal General quedó disipada la incertidumbre sobre la interinidad del cargo, la misma dejó abierta otra ventana que podría atentar contra el buen desempeño del nuevo funcionario: el que tiene que ver con su período.

En efecto, ni el Consejo de Estado –cuando anuló la elección de Viviane Morales– ni la Corte Suprema –cuando eligió a Montealegre– se ocuparon del asunto, lo que ha generado toda suerte de especulaciones, empezando por el propio presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien considera que el período del nuevo Fiscal debe ser de un año y medio, y siguiendo por el propio Montealegre, quien sostiene que su período debería ser de cuatro años.

El problema, sin embargo, es que no es lo mismo un fiscal para un año y medio que uno para cuatro años. Mientras el primero llega a terminar la tarea que otra persona empezó, el segundo llega para dejar huella en el cargo. El diseño y ejecución de una política contra las organizaciones criminales del país requiere de mucho tiempo y dedicación. De suerte que el éxito o el fracaso de Montealegre como Fiscal depende de cuánto tiempo dure en la Fiscalía.

Sin estabilidad no hay política criminal

Tres fiscales generales en tres años es exactamente lo que no se puede hacer si de lo que se trata es de diseñar y ejecutar una política criminal desde las altas esferas del Estado. Y eso es lo que ha pasado en Colombia, luego de la salida de Mario Iguarán de la Fiscalía General, el retiro intempestivo de Viviane Morales por decisión del Consejo de Estado y la llegada de Eduardo Montealegre. ¿Cuáles son los pilares que soportan la política criminal de Colombia en estos momentos?

Por increíble que parezca, la respuesta a esa pregunta no parece sencilla, puesto que la inestabilidad del cargo de Fiscal General se ha encargado de impedir una respuesta contundente a ese interrogante. Y si bien es cierto que desde el Ejecutivo se marca un derrotero a seguir, no es menos cierto que el mismo requiere al frente de la Fiscalía General de un funcionario con plena autonomía y con absoluta independencia, que sepa trabajar armónicamente con todas las ramas del Poder Público, tanto con quien lo terna, como con quienes se encargan de elegirlo.

Un Fiscal General garantista

Independientemente del tiempo que permanezca en la Fiscalía General, Eduardo Montealegre debe ser ante todo y sobre todo un fiscal general garantista. Ello significa que debe dar plenas garantías de defensa a quienes investiga desde el máximo organismo de lucha contra las organizaciones criminales del país.

Para decirlo en plata blanca y teniendo muy en cuenta la actual polarización del país, que ha terminado arropando a los altos tribunales de Justicia, Montealegre no puede ser ni tan uribista como quieren los amigos de Álvaro Uribe, ni tan anti-uribista como pretenden los enemigos del ex Presidente.

Si cumple con ese simple propósito, Montealegre puede estar absolutamente convencido de que el país sabrá valorar su paso por la Fiscalía General de la Nación. Para ello deberá mostrarse ajeno a todo tipo de componendas políticas y autónomo a la hora de tomar decisiones, aún aquellas que afecten a quienes fueron sus amigos en el pasado reciente.

El nuevo Fiscal General y Saludcoop

Aunque hubiese sido mucho mejor tener un fiscal general sin ningún tipo de cuestionamientos ni reparos, es cierto que de Eduardo Montealegre lo que más debe importar no son sus relaciones pasadas con Saludcoop, por ejemplo, sino sus vínculos presentes con ese grupo económico, cuya suerte está hoy en manos de la Fiscalía General.

Si bien es cierto que tiene muy mala presentación que el Fiscal General haya recibido honorarios de Saludcoop, no se trata de una actuación ilegal, puesto que Montealegre prestó sus servicios profesionales a ese grupo económico y por tal desempeño recibió el pago de unos honorarios. Para evitar suspicacias o futuras demandas, el nuevo Fiscal General deberá marginarse cuanto antes de todo lo que tenga que ver con ese proceso, así como de todos aquellos en los que haya tenido participación.

Es decir, lo malo no es que Montealegre haya defendido a altos funcionarios de Saludcoop en el pasado, sino que los siga defendiendo desde su nuevo cargo. O algo tan grave como eso: que se crea que los sigue defendiendo desde la Fiscalía General de la Nación. La respuesta a esa legítima inquietud solo la tiene Montealegre.


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