El camino culebrero que le espera a Lizarralde

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Por: Juan Carlos Bernal C.

A la Casa de Nariño el ministro de Agricultura llegó desautorizado. Pero políticamente el presidente, Juan Manuel Santos, no lo podía dejar ir, y había que convencerlo para que continuara en el cargo. Permitir su renuncia sería otorgarle otro trofeo al senador del Polo, Jorge Enrique Robledo, quien a través de intensos debates provocó la renuncia del embajador colombiano en Estados Unidos, Carlos Urrutia, amigo personal del primer mandatario. Robledo también debilitó a Francisco Estupiñán, quien solo duró en el Ministerio tres meses y salió del cargo sin pena ni gloria.
El primer ministro de Agricultura de Santos, Juan Camilo Restrepo Salazar, un experimentado funcionario que ya había probado las carteras de Minas y Hacienda, fue combativo y sacó en Cámara y Senado la ley de Restitución de Tierras, pero sufrió tantas citaciones, tantos debates y tantas controversias que se cansó y se fue, y dejó la locomotora del campo con el tanque apenas para arrancar.

Aunque el sector agrícola empezó a registrar cifras positivas de crecimiento, después de años de tasas negativas y Restrepo le dio una nueva dimensión a Agro Ingreso Seguro, los problemas en el campo surgen como peste, hasta el punto de que se está convirtiendo en una piedra en el zapato para Santos. “Nadie sabe para dónde va esto”, dice Robledo.

El propio presidente de la Sociedad de Agricultores, Rafael Mejía López, considera que no existen políticas de largo plazo y que los inversionistas están en la incertidumbre.

“Los empresarios de Colombia y los inversionistas tanto nacionales como extranjeros dejaron de realizar inversiones en el campo ante la incertidumbre derivada de los acontecimientos que en los últimos meses se han presentado”, afirmó el dirigente gremial tras conocerse el retiro del proyecto sobre baldíos.
En el reciente Congreso Agrario, uno de los de mayor tradición en Colombia, se revelaron cifras según las cuales el crecimiento del empleo en el campo es cero y la rentabilidad del negocio negativa.

Lizarralde, el ministro que estuvo este fin de semana en la cuerda floja, asistió al evento de los agricultores, pero no dio soluciones. Por el contrario los regañó y les dijo en su propio foro que en lugar de pedir subsidios para comercialización deberían apoyar las políticas para la construcción de vías terciarias y secundarias y promover la construcción de distritos de riego.

Los empresarios del sector quedaron desencantados. Lizarralde viene del negocio del campo. Es cultivador de palma africana, una próspera actividad que está en la mayoría de las regiones del país. Pero está entre la espada y la pared: tiene que defender las políticas sociales del gobierno, incluidas las pactadas en los diálogos de La Habana, y la de los agricultores, pequeños, medianos y grandes, donde los intereses no son siempre compatibles.

La Habana tiene líos, y grandes. Fue el primer punto de las conversaciones y no se sabe el texto acordado. Pero se abordaron temas sensibles como la tenencia de la tierra, el uso de ella, inversión social, seguridad alimentaria, zonas de reservas campesinas, crédito y medio ambiente. Cada uno tiene ingredientes que van mucho más allá de la mención literal y pueden tener connotaciones económicas, políticas y sociales.

“Se está entregando todo a los terroristas de las Farc”, ha reiterado el expresidente Álvaro Uribe, cuya posición es secundada por el candidato de su partido Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga.

Lizarralde, estará ahí, en ese remolino, si perdura en el cargo, aunque muchos pronostican su pronto retiro. Su permanencia obedece a conveniencias políticas tras su fracaso con el proyecto de baldíos. En lo que resta de las actuales sesiones del Congreso, que terminan el 16 de diciembre, Robledo, Cepeda y Ánglea Robledo, no lo dejarán descansar. Y en las sesiones ordinarias del próximo año, ese será un caballito de batalla de la oposición. La pregunta es: ¿aguantará?
Un breve resumen de los desafíos del ministro indica lo siguiente:

1. Los compromisos del Catatumbo. Levantar el paro de la región, que duró desde el 12 junio hasta el 1º de agosto, fue necesario adquirir una serie de compromisos, muchos de los cuales ni siquiera se han empezado a ejecutar. Millonarias inversiones en infraestructura, mantener las zonas de reserva campesina –que tienen elementos geopolíticos y estratégicos-, refinanciación de créditos, compensaciones económicas a las familias cuyos cultivos ilícitos fueron eliminados y asistencia alimentaria, hacen parte de la gama de obligaciones que están vigentes. En cualquier momento el paro se puede reactivar.

2. Restitución de tierras. Esta iniciativa está en marcha, pero las metas se encuentran lejos de cumplirse. Uno de los problemas fundamentales es el asesinato de líderes campesinos que desean volver a sus predios. Además, existen problemas de trámite y de comprobación de títulos.

3. Ejecución del presupuesto. Como en el Presupuesto General de la Nación se había hecho un recorte para el sector agrícola correspondiente a 2014, el gobierno ante la oposición se vio obligado a reformularlo. El Congreso lo aprobó –incluida el aplazamiento del desmonte progresivo del 4 por mil-, pero queda pendiente su distribución y oportuna ejecución. Todos están pendientes del tema y ese es otro gran desafío.

4. Cumplimiento a las obligaciones con movimientos agrícolas. Los integrantes de las mesas de negociaciones están descontentos. Acusan al gobierno de estar incumpliendo los compromisos que son muchos, entre ellos reducción de los precios de los fertilizantes, la restricción a las importaciones, la condonación de deudas, apoyo a los sistemas de comercialización y mayores recursos para la construcción de vías. No es fácil satisfacer a todo el mundo y, por ejemplo, la SAC ha dicho que el gobierno se dejó chantajear de los líderes que promovieron la movilización, que llegó, inclusive, a la Plaza de Bolívar, procedente de Boyacá, Cuaca y Nariño, entre otros. La amenaza sigue latente.

5. Refinanciación de créditos. El gobierno ha dicho que, solo a cafeteros, se les ha refinanciado millonarias deudas, así como a paperos y cebolleros, entre muchos otros. Pero por el lado de los agricultores existe la opinión contraria, y ese es otro complejo dada las limitaciones presupuestales.

6. El nuevo proyecto de baldíos. Tema espinoso que quedó para la próxima legislatura que se iniciará en las sesiones ordinarias de marzo. Desde ya la oposición se declaró vigilante y se convierte en uno de los mayores temas de control político. Lizarralde será el objetivo.

7. Comercio exterior. Si el gobierno se comprometió con los campesinos a restringir importaciones y en los 14 TLC firmados, lo que se promueve es el libre comercio, la pregunta que surge es ¿cómo va a cumplirle la administración Santos a las dos caras de la moneda? Si limita las importaciones e impone derechos compensatorios a las compras de los signatarios de los TLC, entrará en incumplimiento y en los tratados existen cláusulas de penalización. Y si incumple a los campesinos, a la fija habrá de nuevo movilizaciones.

De modo, que la situación es compleja y los retos enormes. “Nadie quisiera estar en los zapatos de Lizarralde”, afirma el senador, Juan Mario Laserna.

Fuente www.ape.com.co

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