El acuerdo con las Farc: lo que dice y lo que implica

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El acuerdo sobre participación política logrado entre el Gobierno y las Farc contiene dos elementos esenciales: lo que dice el documento y lo que no dice pero sí implica para el futuro del proceso, para el nuevo modelo de democracia que se busca y para la suerte futura del presidente Juan Manuel Santos.

¿Qué es lo novedoso del grueso del contenido? Básicamente:

1. La creación de Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, para otorgar unas curules en la Cámara a las regiones más afectadas por el conflicto, que podrían ser los 111 municipios donde las Farc ejercen amplia influencia –Caquetá, Cauca, Putumayo, Arauca, etc.–, según datos del investigador Ariel Ávila revelados en Hora 20.

2. Un estatuto para la oposición, para que los movimientos que surjan de este acuerdo y los ya constituidos puedan hacer política con garantías y en condiciones de igualdad. El presidente Santos se ha comprometido con el Polo Democrático a promover este estatuto, pero hasta la fecha no ha pasado nada.

3. La revisión integral de la organización y el régimen electoral. Lo que se busca con ello es lograr un acuerdo para acabar con los vicios y la corrupción en el sistema electoral –fraude, compra de votos, politización de las autoridades electorales—para que no se altere la voluntad del elector. Hoy las elecciones de Congreso y Concejos se pierden al momento de cerrase las votaciones y el Consejo Electoral no representa a los partidos de oposición.

También quedaron consagrados temas que, al momento de poner en marcha los acuerdos de paz, serán fundamentales para el ejercicio de la política: participación ciudadana en los planes de desarrollo, veedurías, y cultura para la convivencia, la reconciliación y la tolerancia.

Para el colombiano del común, el acuerdo no despeja el gran interrogante de si los jefes de esa guerrilla cambiarán inmediatamente el fusil por una curul en el Congreso, lo cual solo quedará resuelto al final de la negociación, pero si recoge la intención de la insurgencia de crear un “nuevo movimiento que surja de las Farc – Ep”, como lo dice el documento.

Uno de los postulados que recoge la esencia del punto de la participación política de la guerrilla es que, de lograrse un acuerdo con las Farc, “lo convenido implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todos los colombianos”. Por primera vez se plantea de manera clara que política con armas no es una opción. Esa ambivalencia produjo resultados nefastos en los anteriores intentos de paz.

Lo alcanzado este miércoles en La Habana, aparte de su contenido, tiene diversos efectos: primero, recupera la confianza de la opinión tan escéptica frente al futuro de la negociación; le da un nuevo impulso, y prueba de ello es que el presidente Santos despejó las dudas sobre la suspensión temporal de las conversaciones, y deja sin argumentos de peso a quienes vienen pidiendo una ruptura ante la falta de avances en la mesa. En alguna medida, también, le aligera las cargas al presidente Santos para tomar la decisión de anunciar que quiere reelegirse.

Es un avance importante, histórico han dicho algunos, que aún deja muchos interrogantes, entre otras razones por el carácter secreto de lo convenido, y con un camino largo aún por recorrer.

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