Cuando todo se esconde en la Habana

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Por Martha Lucía Ramírez

La transparencia, tan necesaria cuando se juega el futuro de nuestro país en una negociación con las Farc, no debería ser algo opcional.

Sin embargo, más allá de que los colombianos no conocemos lo que se discute y se pacta entre nuestro gobierno y la guerrilla en una mesa en la Habana, hay algo que es también profundamente preocupante y que tiene que ver con la amplitud de temas que no deberían quedar fuera del debate político.

Soy consciente de que el anhelo de paz, tan fuerte en toda la sociedad colombiana, es algo demasiado poderoso como para no jugar un papel central. Pero no es aceptable que bajo el manto de un proceso con más incertidumbres que esperanzas, se quiera esconder la realidad del país. La realidad que se vive de lunes a domingo en cada casa Colombiana.

El Presidente intenta erigirse en la encarnación de los anhelos de paz. Pero estos no son suyos, son de todos y cada uno de los colombianos.

Por otra parte, este intento de encarnar un deseo colectivo, pretende también que el objetivo de lograr la paz sustituya a la necesaria rendición de cuentas en las políticas de empleo, en la defensa de la justicia, en la importancia de un proyecto de desarrollo serio para el agro, en el fortalecimiento de la educación o en los desafíos para lograr un sistema de salud sostenible.

Quieren esconderlo todo en la Habana. Y el problema de esconder los problemas es que así no desaparecen.

Los colombianos necesitan un gobierno que no se esconda ni mire para otro lado ante las preocupaciones de la mayoría de colombianos. Por el contrario, lo que Colombia necesita es un gobierno que mire de frente y que no esconda nada.

Si se le pregunta al Presidente la razón por la que no se ha activado un plan para evitar el deterioro de nuestra industria y del empleo, el Presidente responderá que el proceso de negociación debe avanzar.

Si se le pregunta al Presidente por qué ha tardado tan poco en subir el sueldo de los congresistas y por qué aún no ha resuelto las demandas de los agricultores y campesinos, responderá que el proceso de negociación de la Habana debe ir más rápido.

Un Presidente debe ser capaz de gestionar la realidad global de un país y de atenderlas necesidades de la mayoría. Porque por mucho que quieran esconder los problemas en la Habana, cada día una mayoría de colombianos se despierta con una incertidumbre creciente acerca de su futuro y el de sus hijos.

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