Las FARC se convierten en árbitro entre el presidente Santos y Uribe

Compartir:

El titular, “las Farc se convierten en árbitro entre el presidente Santos y Uribe”, aparece en primera página del influyente diario El País de España y encabeza un extenso artículo en el cual además advierte: “El atolladero en que han caído las negociaciones entre la guerrilla y el Gobierno de Bogotá complica la reelección del mandatario colombiano y alienta a los simpatizantes de su rival”.

El informe del periodista M. A. Bastenier destaca que el optimismo que despertaron las negociaciones emprendidas por el presidente Santos con la guerrilla de las Farc en Cuba “se ha trocado en decepción” y agrega: “Mientras se agigantaba la sombra del expresidente Uribe, para quien Juan Manuel Santos, pese a haberlo apadrinado como sucesor, es la viva imagen de la traición; las FARC, tanto en Cuba, como con atentados sobre el terreno, no contribuían precisamente a que avanzaran las negociaciones”.

El articulo hace referencia a las protestas campesinas en el Catatumbo y el paro agrario contra los tratados de libre comercial, y destaca que “lo más grave fue que el presidente Santos, de ejecutoria prudente y competente olfato, perdió una excelente oportunidad de callarse cuando negó que hubiera “paro nacional” alguno.

Además pone de presente que los índices de apoyo al mandatario han caído y un abrumador 72% está contra él y tras reseñar el ultimatum que dio Santos a las Farc en la ONU al cumplirse un un año de conversaciones, con apenas acuerdos “en un punto de la agenda”, para decir que “la paciencia del pueblo colombiano no es infinita”, el articulista reseña:
“Ante el desbarrancadero de las encuestas Santos había procedido a un reajuste gubernamental, significativamente anunciado como ‘Gabinete de Unidad para la Paz’, donde destacaba el nombramiento de Alfonso Gómez Méndez en Justicia para lidiar con el espinoso problema de la participación política, y Rubén Darío Lizarralde en Agricultura, encargado del reparto de tierras a campesinos despojados y desplazados por el conflicto. El Gobierno decía tener a mano, entre baldíos, expropiaciones y recuperación de tierras del narcotráfico, entre tres y seis millones de hectáreas.
También señala que “Santos había previsto un proceso negociador “breve, realista y conciso”, de meses, y en ningún caso años”.

“La actitud de las FARC, entre tanto, es insondable”, dice y formula los siguientes interrogantes: ¿Alarga la guerrilla la negociación pidiendo lo imposible como que las elecciones sean constituyentes, porque bajo esa presión creen que Santos sería más “manejable”? ¿No le importa que una negociación fracasada sirva a los propósitos de Uribe, que ha tronado —y trinado, colombiano para tuitear— contra la negociación? ¿No temen los insurrectos que si las elecciones se celebraran sin acuerdo tuvieran que vérselas con unas cámaras nutridas de uribistas y con el expresidente dominando el Senado? Y tampoco habría que descartar que el desastre cobrara tal magnitud que en las presidenciales tuviera posibilidades el ungido de Uribe.

Luego precisa: La posición de las FARC sobre participación política se ha endurecido en las últimas semanas, pero quizá por ello puede haber grietas en su equipo negociador.

A punto de cumplirse un año de negociaciones– continúa diciendo–, solo está aprobado el punto de la tierra, lo que está lejos de ser un éxito porque el único acuerdo de fondo entre Gobierno y guerrilla es que “nada estará acordado, si no está todo acordado”, como dice Sergio Jaramillo, alto comisionado de paz y gran responsable de la estrategia negociadora. Y aun faltan por debatir la erradicación del narcotráfico, que debería quedar para cuando hubieran cesado las hostilidades; la reparación a las víctimas, que estaría básicamente satisfecha con la consolidación de la reforma agraria y la resignación popular a un alto grado de impunidad para los asesinos; y, por último, la terminación del conflicto armado, que se desprendería naturalmente del acuerdo sobre todos los puntos anteriores.

Advierte que las dificultades no acababan ahí. “Un factor que añadía urgencia a las negociaciones era el llamado “refrendo popular para la paz”, que el Gobierno pretende que se celebre por vía de referéndum coincidiendo con las elecciones legislativas o presidenciales, opción que rechaza la guerrilla porque es probablemente consciente de su impopularidad. Y Uribe, siempre atento, reprochaba que esa consulta solo tendría sentido si las FARC entregaban previamente las armas porque, si no, sería “como votar con los fusiles en la nuca”.

Luego subraya que “el gran ‘suspenso’ del pasado fin de semana lo ha aportado la elección del candidato de Uribe a la presidencia”. Unos 1.300 compromisarios del Centro Democrático debían optar entre tres aspirantes: Oscar Iván Zuluaga, hombre del aparato, que ha sido el vencedor; Pacho Santos, primo hermano del presidente; y Carlos Holmes Trujillo, político profesional. El periodista y ex vicepresidente con Uribe, Pacho Santos, habría ganado claramente, como es creencia universal, si la elección hubiera tenido lugar, como estaba previsto, por consulta popular. Pero el expresidente prefería en apariencia que ganara Zuluaga, razón por la que impuso la votación intra-partidaria, susceptible de primar cuestiones burocráticas y alianzas internas. La versión más racional de la preferencia por Zuluaga, político escasamente conocido, era que si las presidenciales se dirimían entre dos primos, Juan Manuel Santos y Francisco (Pacho) Santos, el espectáculo sería de ‘república bananera’, un mano a mano oligárquico.

Finalmente precisa: La inclinación de Álvaro Uribe por un político profesional en lugar de un aspirante a tribuno como Pacho Santos, ha ahorrado al público algo inédito en la historia de las elecciones no solo colombianas sino latinoamericanas: que dos primos hermanos y además primos dobles, como se dice en Colombia, de padre y madre, se enfrenten por la presidencia. Zuluaga, al que hay que ver en el mejor de los casos como un ’hombre ligio’ del expresidente, ya ha estigmatizado la continuación de las negociaciones y tiene meses de campaña para actuar como eco implacable de su jefe. Paradójicamente, son las FARC quienes pueden decantar la balanza en favor del Santos presidente, apresurando la marcha hacia la firma de alguna promesa de paz a la vista de los idus de marzo.

Compartir: