Operación tortuga: ¿quién da más?

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Por Carlos Obregón
¿Tienen algo que ver los diálogos de La Habana, las EPS, el Consejo de Estado, Bienestar Familiar, la reelección del presidente, la alianza de Verdes y Progresistas, las encuestas, el Procurador y la falta de liderazgo de los partidos y de los ministros con la operación tortuga que adelanta el Congreso?

Sí, todos ellos de alguna tienen qué ver, con más peso en algunos casos que en otros. Este martes hay desayuno en la Casa de Nariño con los congresistas de la U y cena en la noche con los liberales y tal vez habrá otras “cumbres” con los conservadores y con Cambio Radical y hasta con el PIN.

Todo porque los proyectos de Salud y referendo para la paz están empantanados. Los congresistas de la Unidad Nacional tienen todos una disculpa para no estar marchando al ritmo deseable para aprobar estos proyectos.

Dentro de ellas hay argumentos entendibles, que sirven de escudo para no votar, pero que a la vez esconden en el fondo razones no válidas para la opinión. El argumento de los impedimentos, por ejemplo, es uno de esos casos. Hay temor de votar ambos proyectos por el antecedente de la reforma a la justicia, por cuyo trámite irregular podrían perder la curul 12 congresistas, en un fallo pendiente en el Consejo de Estado. El procurador, por su parte, ha metido miedo con las amenazas contra quienes vayan a La Habana y el rumor que ha tomado fuerza de que investigaría a quienes voten el referendo.

Amparados en estas razones estarían desbaratando los quórum. Pero en el fondo hay ocultas razones de tipo burocrático como la pelea entre la U y Cambio Radical por la dirección del Bienestar Familiar o por quién se queda con el manejo de las regalías en época electoral. El cambio en la dirección de Planeación Nacional podría hacer más fácil el reparto de esa mermelada.

El otro enredo de estas reformas está por el lado conservador. Este Partido aún no decide si apoya la reelección del presidente o se va en alianza con el uribismo. Apoya a regañadientes proyectos como el del referendo, pero no se la juega a fondo por su suerte, mientras que a su interior se dan debates sobre si perder o no los puestos que aún les quedan.

El que peor la está pasado es el ministro de Salud con la reforma. El ministro Alejandro Gaviria tiene al menos tres problemas que no ha podido resolver: el cabildeo de las EPS ha resultado superior a su capacidad argumentativa; no ha podido obtener el apoyo suficiente de los líderes de la alianza de gobierno ni del gabinete mismo y tampoco ha convencido a la opinión de las bondades del proyecto.

Nunca se había tenido una agenda legislativa de tanta importancia en el último año de gobierno, es verdad, pero la caída del presidente Santos en las encuestas parece estar conspirando también desde el Congreso. Por eso hoy los votos de cada congresista se han cotizado tanto.

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