Francia: Nicolas Sarkozy pasa a la ofensiva

Por: Eduardo Mackenzie

La demostración de fuerza hecha  por Nicolas Sarkozy el domingo pasado no será olvidada rápidamente por sus adversarios políticos. El mitin de Villepinte, cerca de París, que congregó durante cinco horas  a más de  60 000 militantes de la UMP (Unión del Movimiento Popular), marcó sin duda el momento crucial de la actual campaña presidencial en Francia.  Al día siguiente, y por primera vez, Sarkozy pasó al primer lugar en la favorabilidad de los electores en un sondeo de opinión, desplazando por un punto y medio al socialista François Hollande, su mayor rival.

Ninguna otra concentración electoral había sido más masiva y entusiasta. En enero pasado,  el Partido Socialista se gastó casi un millón de euros para transportar gente de todas partes a Le Bourget, pero ese mitin, que no superó los 20 000 militantes, se quedó pequeño frente al que se acaba de ver en Villepinte.

Ante un mar de banderas tricolores, los dirigentes de la UMP, varios ministros y los jefes de las otras formaciones  que apoyan la candidatura de Sarkozy (del centro, radicales, cristianos y ruralistas) tomaron la palabra.  Finalmente, el primer ministro François Fillon precedió a Sarkozy en la tribuna y dijo que “sin la intervenciones de Francia, el euro quizás no habría sobrevivido”. Estaban presentes también allí varias personalidades del mundo de la cultura que apoyan a Sarkozy, entre ellos Gerard Depardieu y Jean D’Ormesson.

Acusando el golpe, los socialistas y la extrema derecha de Marine Le Pen salieron  naturalmente a mentir, una vez más, en todos los tonos y en todas las tribunas. Dijeron que Sarkozy había adoptado una “postura antieuropea”.

Todo lo contrario. El candidato-presidente propuso tres reformas centrales que reforzarán la reindustrialización país y la construcción europea y dejará a la UE en mejores condiciones para encarar  crisis destructivas como las vividas en los cuatro últimos años. “La economía francesa será protegida sólo si Europa se protege”, enfatizó.

Sarkozy hizo un llamado a la UE para que luche en igualdad de condiciones con sus competidores internacionales: “Europa no puede ser la única región que no se defiende (…). No puede someterse a la ley de los países más fuertes del mundo”.  Denunció a aquellos que  inundan las economías de otras naciones con sus mercancías baratas y cierran al mismo tiempo sus mercados a los productores europeos. «El libre comercio, sí, pero la competencia desleal, no», reiteró el candidato de la “Francia Fuerte”.  Pidió que los futuros acuerdos comerciales firmados por la UE con terceros países sean aprobados por los jefes de Estado de los 27. Hasta ahora, la negociación de esos acuerdos comerciales descansa en manos de una burocracia no elegida.

El candidato de la UMP hizo otras propuestas: el establecimiento de una Ley de Compras  Europeas, inspirada en el «Buy American Act», creado en 1933, durante la Gran Depresión. Esa ley obliga al sector público, al gobierno federal y a los Estados de la Unión a comprarle preferentemente a las empresas norteamericanas. Al copiar ese ejemplo, «las empresas que producen en Europa se beneficiarán del dinero público europeo».  Si en un año no se llega a un acuerdo, “Francia aplicará ese sistema de manera unilateral”, advirtió Sarkozy.

La segunda propuesta beneficiará a las pequeñas y medianas empresas europeas. Sería una especie de «Small Business Act» europeo, como el que existe también en los Estados Unidos. Se requiere que esas empresas “tengan una participación en los contratos públicos y no sean dejadas de lado como ocurre hoy».

Los acuerdos de Schengen, sobre la circulación de personas en la UE, firmados en 1985 y aplicados desde 1995, deben ser reformados, dijo Sarkozy, pues funcionan muy mal: algunas fronteras de la UE se convirtieron vías de entrada de emigrantes clandestinos. Países de la UE que vigilan mal sus fronteras, como  Grecia e Italia, dejan pasar ilegalmente decenas de miles de personas. Como se vio en la isla italiana de Lampedusa, éstas no se quedan allí  sino van a instalarse en los países más desarrollados, lo que agrava en todas partes el desempleo y los déficits sociales. La libre circulación de las personas en la Unión Europea no será eliminada pero los Estados que  incumplan sus deberes serán sancionados.  Si no hay progreso en esa discusión, Francia  suspenderá su participación, declaró el candidato.

Los millones de franceses que siguen a Sarkozy están  hartos de la parcialidad de buena parte de la prensa y del audiovisual  francés, los cuales  amalgaman  y deforman, en  favor del candidato socialista. Hollande decretó, por ejemplo, que el balance del gobierno de Sarkozy era malo cuando, en realidad, es excelente. El ímpetu reformista del presidente y su papel determinante en la elaboración, con Ángela Merkel, de soluciones para enfrentar las cuatro crisis (financiera, económica  de deuda externa y del euro) que estuvieron a punto de colapsar hace unos meses la estabilidad europea, es inocultable.

Pese a esas crisis sucesivas, Nicolas Sarkozy, gracias a las reformas que realizó, protegió a los franceses y le permitió al país evitar las duras medidas reductoras de salarios, pensiones de jubilación, salud, subsidios familiares, etc. que tuvieron que asumir otros países, como Italia, Gran Bretaña, Italia, España, Portugal y Grecia. El aumento del desempleo en Francia fue de medio millón de personas, es cierto, pero esa cifra es inferior a la registrada en los otros países. Esos detalles son los que Hollande, Le Pen y otros tratan de ocultar al electorado.

Según el periodista Eric Brunet, de los 1 319 anuncios de reformas que hizo Nicolas Sarkozy durante su campaña electoral en 2007 y durante su gobierno, 1 246 han sido tratados por el poder público, es decir han sido objeto de  un “verdadero examen profundo de las instancias gubernamentales y administrativas”. Y  de las 1 319 promesas ya citadas, 931 fueron realizadas o están en vías de realización.  “Eso significa”, dice Brunet, que el presidente de la República cumplió con el 70,55% de sus promesas electorales,  seis meses antes del fin de su mandato”.

Hollande, en ese mismo periodo, no hizo nada por su país. El Partido Socialista, aliado a los sindicatos más intransigentes,  trató de bloquear todas las reformas y quiso erigir la candidatura presidencial de Dominique Strauss Kahn, hasta cuando éste fue atrapado por su vida licenciosa. Nadie sabe cuál es el programa de gobierno de Hollande. Prisionero de viejos esquemas marxistas, y arrastrando los escándalos financieros que comprometen a dos o tres jefes socialistas, Hollande dice una cosa un día y lo contrario después y advierte, en todo caso, que desbaratará lo hecho por Sarkozy. 

Sarkozy aumentó la edad de la jubilación de 60 a 62 años y  salvó con ello el sistema de pensiones. Gracias a esa reforma, 24 mil millones de euros de ese sector serán economizados hasta 2018. Su gobierno modernizó el sistema hospitalario, redujo la deuda pública, aprobó la autonomía de las universidades y aumentó un 23%  el presupuesto de éstas. Más de un 25% de jóvenes de pocos recursos reciben becas de estudio.  200 0000 niños discapacitados fueron escolarizados. El creó 1 700 puestos adicionales en el sector justicia y aumentó las penas contra los delincuentes y contra la reincidencia criminal. 40 000 cámaras de video protección fueron instaladas en 2011. La delincuencia bajó un 7,5% desde 2002. Sarkozy reafirmó la laicidad y prohibió el porte de la burqa islamista en los lugares públicos.

Ese gobierno, entre otras cosas, estableció el servicio mínimo  en los servicios públicos  (trenes, aviones y educación nacional) para evitar que la población sea convertida en rehén de los huelguistas. Para luchar contra las deslocalizaciones, reducir los costos de trabajo, y mejorar la competitividad de las empresas, redujo en 13 mil millones de euros las cargas patronales sobre los salarios. Para revalorizar el trabajo exoneró de cargas el pago de las horas extras. Casi 10 millones de asalariados se beneficiaron con esa medida. Suprimió  los derechos de sucesión para favorecer la transmisión del patrimonio a los hijos. Para controlar la inmigración expulsó a 30.000 inmigrantes clandestinos por año.

Nicolas Sarkozy reforzó los planes de investigación científica contra el cáncer y el Alzheimer. 150 000 personas salieron de la miseria gracias al subsidio RSA.  600.000 viviendas sociales fueron construidas desde 2007. El protegió la energía nuclear y aumentó en un 14% las energías renovables en la producción de electricidad desde 2007.

La izquierda, enemiga del cambio y adicta a los privilegios, atacó a Sarkozy durante estos cinco años de manera bestial. Nunca se había visto en Francia  algo parecido.  ¿Por qué? Porque él se atrevió no solo a reformar la sociedad sino a encarar, como ninguno otro antes, las presiones socialo-comunistas, en la calle, en el parlamento y en los medios.  En todas partes él y su equipo de gobierno le dieron el debate a las intocables élites de izquierda, a sus pretendidos principios, a su ideología autoritaria y de muerte. Como dice Eric Brunet,  “Sarkozy  envió un misil al corazón de un sistema que se creía inviolable”.

Paradójicamente, un líder europeo de izquierda, que conoce bien al candidato de la UMP, predijo hace unos meses que Sarkozy será reelegido. Tony Blair, ex primer ministro británico, estima que Sarkozy fue elegido en 2007 para que sacudiera y reformara a Francia y que por eso mismo ésta le permitirá seguir en el poder.  “Francia quiere reencontrar la grandeza y eso sólo llegará a través del cambio”, concluyó.


Compartir: