Falta la ruana

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Por Carlos Obregón

La cumbre para lanzar el pacto nacional por el agro empezó con importantes anuncios, este jueves, pero con un problema de fondo: la ausencia de participación de los líderes campesinos que movieron las protestas en agosto, gracias a las cuales –paradójicamente— nació la idea del pacto rural.

No salió como el Gobierno buscaba pues, como lo dijo un panelista en Hora 20, parecía más un consejo comunal que un pacto para buscarle salidas al más complejo problema del país, el del agro, con todas sus riquezas pero también con todas sus miserias y desigualdades.

¿Por qué no salió también como se esperaba? Aunque parezca un asunto cosmético, lo presentaron en Bogotá, desde donde se han tomado las decisiones equivocadas, incompletas o sesgadas contra el sector rural. Un campesino de Nariño, que ya dejó de creer en las promesas del Estado, no alcanza a percibir el mensaje de un propósito de cambio de la política rural del país.

Guillermo Rivera, representante a la Cámara por el Putumayo, dio otro argumento de fondo en Hora 20. El gobierno se precipitó a lanzar el pacto, con una agenda que aún no está clara ni completa y en el que se echa de menos una propuesta sustantiva para zonas cocaleras donde, a falta de una política de transformación productiva, la guerrilla y los “paras” son los que ponen las condiciones.

Un tercer elemento que juega en contra de un buen inicio del proceso es el tema del ministro de Agricultura. Se trata de un técnico y empresario que tiene experiencias para aportar en materia de alianzas productivas, pero que inició con un señalamiento que tiene más ribetes políticos que pruebas de fondo por el hecho de haber montado con su familia un proyecto agropecuario en el Vichada. Las acusaciones contra el ministro Lizarralde han desgastado de entrada a quien tiene el gran reto de liderar el pacto.

El pacto aún está lejos. Lo que hay es una convocatoria con unas bases propuestas por el presidente Santos. Le faltan muchas piezas para armar: ganarse la confianza de los campesinos; lograr compromisos reales de los aminorados gremios agropecuarios; conciliar la voluntad nacional entre lo que se acuerde en La Habana con las necesidades más sentidas de los productores del campo –créditos, subsidios, investigación e infraestructura y seguridad—y darle un vuelco a la institucionalidad del sector, no solo al Ministerio, sino también a la gremial y a la organización campesina.

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