La hoja de coca una mancha de 4.516 hectáreas, en Norte de Santander

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Por ERNESTO DUARTE OSSA Y JUAN CARLOS CASTAÑEDA
La Opinión

Desde el infinito y por entre las nubes, los ojos de los satélites dejaron al descubierto que Norte de Santander, el Catatumbo y Tibú siguen manchados por el verde intenso de la hoja de coca.

Un total de 4.516 hectáreas cubiertas con ese cultivo ilícito en el departamento fueron detectadas el año pasado, como lo estableció el censo dado a conocer por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

En Colombia, la densidad alcanzó las 47.790 hectáreas, con una disminución del 25% frente a 2011 cuando ese ‘mar verde’ cubría 63.763 hectáreas.

Norte de Santander se alzó con varios ‘títulos’ nada honrosos en esta competencia cocalera.

Figura entre los tres departamentos que en 2012 registraron un aumento en el área coquera.

El primero en esa lista es Chocó, con el 37%, al saltar de 2.511 hectáreas en 2011 a 3.429 en 2012.

La ‘medalla de plata’ se la colgó el territorio nortesantandereano con un crecimiento del 29%, equivalente a 1.026 hectáreas, pues en 2011 la zona en que estaba la mata medía 3.490 hectáreas.

El podio lo cerró Caquetá al sumar 11% de elevación en la extensión sembrada que en 2011 fue de 3.327 hectáreas y en 2012 pasó a 3.695.

Las frías estadísticas, producto de los sondeos satelitales, concuerdan con la candente realidad que viven los campesinos que pueblan las zonas rurales de municipios del Catatumbo.

La Fundación Progresar en un análisis denominado ‘El Catatumbo entre la guerra, la coca y la pobreza’ recordó la marcha de 1996, cuando cerca de 20.000 campesinos dedicados en su mayoría a los cultivos de hoja de coca, llegaron hasta Cúcuta, provenientes principalmente de Tibú, El Tarra, Convención y Teorama.

Diecisiete años después se registró el paro campesino del Catatumbo, zona de la que actualmente se extraen 22.017 toneladas métricas de hoja de coca, como lo determinó la UNODC.

En ese lugar de la geografía colombiana, en límites con Venezuela y bañado por el río del mismo nombre, los sembradíos arrojan cuatro cosechas anuales, según las entrevistas con los cultivadores.

En este aspecto, del ciclo de productividad la región catatumbera es sexta, pues en la Orinoquía se recogen 6,2 veces, en Meta-Guaviare hay 5,4 cosechas en los 12 meses, en la zona central es de 4,5 y en la Amazonía y Putumayo-Caquetá las tierras producen 4,1 veces anuales.

Precisamente, en lugares como Trocha Ganadera, Mica Pela, Monte Adentro, Guadalupe, La India y La Gorgona, en la zona rural de La Gabarra (Tibú) los labriegos no han permitido a los erradicadores que tumben las matas de coca.

“No vamos a permitir que nos quiten lo que nos está dando de comer, sin que nos den otras alternativas”, le dijeron varios de ellos al corresponsal de La Opinión en Tibú que estuvo en el lugar.

Por lo que se extrae de los datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Norte de Santander quedó como el tercer productor en Colombia de esta hoja que en el país se vende, en promedio, a $2.589 el kilogramo.

Según la evaluación que incluyó cifras de fuentes como la Policía Nacional, en 2006 en esta región fronteriza las hectáreas cultivadas eran 488, al año siguiente se multiplicó hasta alcanzar las 1.946, continuando con la tendencia ascendente en 2008 y 2009. En 2010 cayó casi a la mitad pero desde 2011 volvió a moverse a alta velocidad el crecimiento del cultivo ilegal.

Lo sucedido el año pasado en territorio nortesantandereano, cuando las hectáreas con hoja de coca alcanzaron las 4.516, para la ONODC significa un crecimiento equivalente “a nueve veces las hectáreas registradas en 2006”.

De acuerdo con la evaluación del organismo mundial, Norte de Santander no escapa al hecho de que la mancha coquera cruzó los parques naturales llegando a tener 3.379 hectáreas.

El informe revela que en el Catatumbo-Bari se detectaron, al finalizar el año pasado, 155 hectáreas con cultivos de hoja de coca.

Y hay más detalles en el censo coquero colombiano, en cuya elaboración intervinieron los ministerios de Justicia, Defensa y Relaciones Exteriores, la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional, la Unidad Administrativa para la Consolidación Territorial, el Departamento para la Prosperidad Social, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi ya la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Más datos

Tibú, el municipio petrolero nortesantandereano y que estuvo en el foco del paro campesino, aparece mencionado en el reporte de UNODC.

Lo muestra como el cuarto territorio colombiano ocupado por los plantíos de la hoja de coca, con un total de 1.658 hectáreas. En Mica Pela (La Gabarra) un campesino que dijo llamarse Francisco le dijo a La Opinión: “… para nadie es un secreto que por aquí todo se mueve es por esa mata”.

Lo anterior significa que en Norte de Santander esa localidad acumula una tercera parte de la zona cultivada con hoja de coca.

Para este análisis, el documento incluyó a Norte de Santander en la región central de Colombia, en donde la producción se situó en 10.405 hectáreas el año pasado.

En esa zona del país, “el 98% de los cultivos ilícitos está concentrado en Norte de Santander, Antioquia, Córdoba y Bolívar”, reseñó la información.

“Por segundo año consecutivo, solo Norte de Santander reportó incremento del área sembrada de coca”, advirtió la evaluación que lo puso en el primer lugar en esta subregión colombiana, donde Antioquia es segundo y Bolívar tercero.

Hoja muy rendidora

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito examinó el promedio regional de pasta y base de cocaína que se obtiene de la hoja de coca.

Y el ganador en esta evaluación fue el Catatumbo se subió a los más alto del podio, pues de una tonelada métrica de hoja que se produce en esa tierra salen 2,2 kilos de base de coca.

La región central le sigue con 1,99, Putumayo-Caquetá y Amazonía 1,74, Pacífico 1,7, Meta-Guaviare 1,5, Sierra Nevada 1,32 y Orinoquía 1,12 kilos.

UNODC entregó las siguientes cuentas sobre la transformación y procesamiento de la hoja de coca en Colombia.

“En el orden nacional, teniendo en cuenta que el 32% de los cultivadores procesa directamente la pasta básica, del total de la producción estimada de hoja de coca 231.695 toneladas métricas en 2012, alrededor de 82.613 se transforma en 132 toneladas métricas de pasta básica, equivalentes a 129 toneladas métricas de base de cocaína.

“Se asume que el resto de la hoja de coca fresca, 149.082 toneladas métricas, se procesa directamente a base de cocaína por parte del cultivador o de otro agente, produciendo 252 toneladas métricas.

“Se calcula que la producción potencial de base de cocaína en 2012, a partir de pasta de coca y directamente de las hojas de coca, suma 381 toneladas métricas”.

Recientemente, la Policía Metropolitana ha dicho que hay una alianza entre las Farc, el Eln, el Epl, Megateo y las bandas criminales para manejar el negocio de la droga en Norte de Santander, desde los cultivos, la producción y comercialización.

Erradicación manual forzosa

El año pasado, en Colombia se erradicaron 30.486 hectáreas de cultivos de coca, describió en otro de los apartes el informe, que en ese aspecto ubicó a Norte de Santander en el quinto puesto. Estos datos provienen de la verificación de UNODC en cada departamento.

Primero fue Putumayo con 3.603 hectáreas. Nariño 2.488. Córdoba 2.498. Antioquia 1.461.

En territorio nortesantandereano la erradicación manual forzosa se desarrolló en 843 hectáreas.

Siguieron Vichada con 689 hectáreas, Chocó 668, Valle del Cauca 528 y una hectárea en Cesar, Cauca, La Guajira y Magdalena.

Sobre la destrucción de los cultivos ilícitos mediante la fumigación aérea, el informe señala que en 2011 y 2012 en Norte de Santander no se empleó ese método.

Y mostró los indicadores de los volúmenes que mediante ese sistema se aplicó en otros años. Por ejemplo, en 2002 se fumigaron 9.186 hectáreas, en 2003 un total de 13.822 y en 2010 se atacaron 149 hectáreas.

Cien mil personas viven del cultivo: Jerez

¿Qué pasó con todas las hectáreas cultivadas con la hoja de coca en el Catatumbo, mientras se recrudecía la situación del bloqueo durante 53 días en la carretera Cúcuta-Tibú?

Para César Jerez, uno de los voceros del paro campesino del Catatumbo, sus cultivadores debieron abandonar las plantaciones para hacerle frente al paro, por lo que dejaron de recibir, según él, el único medio de ingreso que tienen.

Aunque afectó sus bolsillos, muchos aseguraron que la despensa para resistir el paro les alcanzaba para seis meses, pero quienes los esperaban en casa también les reclamaban.

Les pedían para la comida y las necesidades básicas, que entre otras, quedaron insatisfechas a razón de fortalecer los cordones de seguridad en la vía, como repercusión del bloqueo.

La raspadura de la hoja de la mata de coca es como el banco de los campesinos del Catatumbo.

De allí muchos han sacado para vivir pues el dinero de su producción sirve para pagar los caballos o las bestias que sacan a los campesinos a las vías pavimentadas para entregar la mercancía.

Con esos pesos le pagan a quien les cocina, compran las palas, los machetes, la ropa y en el mejor de los casos, pagan la educación de sus hijos.

Esa es la realidad que se vive en el área rural de Hacarí, San Calixto, Teorama, Convención, Tibú, La Gabarra, El Tarra, y otras zonas donde los cultivos de la mata de la hoja de coca pululan, y que por estos días son el centro de atención de los erradicadores de la Policía Antinarcóticos.

En entrevista con César Jerez, el líder campesino afirmó que “del cultivo de la coca vive todo el mundo, las guerrillas cobran un impuesto, también cobran las bandas criminales y los paramilitares”.

“También hay estructuras corruptas de la Policía y el Ejército que extorsionan a los cultivadores, y a los productores de la hoja de coca”.

Para los cultivadores la única solución radica en establecer de una manera estructural y legítima, acuerdos económicos y sociales que cobijen a un promedio de 2.000 familias que viven de la raspadura de la siembra del alcaloide en todo el Catatumbo.

El llevar cocaleros a la cárcel, según los líderes campesinos por montajes judiciales de las autoridades, ha sido una zancadilla, pero no ha hecho caer la producción de los cultivos ilícitos en Norte de Santander, lo que también compromete problemas económicos, políticos y sociales.

Y según Jerez, debe ser atendido mediante la implementación de políticas públicas, como la declaratoria de la Zona de Reserva Campesina para el Catatumbo.

“Esto significa la intervención del Estado y condiciones de desarrollo rural, lo que conlleva a que la gente no se afecte”.

Para el pasado 3 de agosto, día en que se levantó el bloqueo de la carretera Tibú-Cúcuta, César Jerez afirmó que las plantaciones estaban paralizadas, que no hubo raspadura de la hoja de coca y que el regreso de las familias a sus parcelas era el inicio del post conflicto, pues el llegar a sus casas y no encontrar qué echarle a la olla, es otra pelea, en este caso para el estómago de la población.

“Se estima que unas 100.000 personas viven del cultivo de la hoja de coca, hay un promedio de fincas que tienen entre una y cuatro hectáreas por familia que están sembradas y que están siendo erradicadas”, comentó Jerez, el también coordinador nacional de las Zonas de Reservas Campesinas.

¿Cómo contrarrestar el impacto de las erradicaciones en el Catatumbo?

Esta región, fuera de caracterizarse por matanzas, una fuerte presencia de la guerrilla de las Farc, el Eln, paramilitares y demás, también tuvo otro punto de reconocimiento.1

Los cultivadores más veteranos cuentan que el Catatumbo tuvo riqueza en suelos que dieron cientos de toneladas de arroz, frijol, maíz, yuca y frutas, entre otras, pero el estado de las vías fue deteriorando el traslado de los productos, lo que le puso fácil a la coca que su raspadura y la base del alcaloide fuera transportada de una manera más sencilla.

Uno de los puntos del pliego de peticiones que los voceros le vienen planteando al Gobierno en medio de los diálogos, es el arreglo de las vías secundarias y terciarias que conducen a esta parte de la región.

Carreteras como la de Cúcuta-Tibú; Tibú-La Gabarra y La Gabarra-Convención-La Mata es una de las exigencias del campesinado que, confían en que la pavimentación, sea la cuota inicial de un proceso de renovación social del Catatumbo.

El dinero de la coca

Uno de los cultivadores de la hoja de coca del Catatumbo que accedió a dialogar con La Opinión, relató que los cultivos han disminuido en esta época en un 70% y que aunque sea momento de cosecha, las cosas no están nada fáciles para ellos.

“Una arroba de la raspadura de la hoja de coca tiene un costo de $8.000 en el mercado del ilícito. Y se necesitan por lo menos 10 arrobas para que un campesino tenga el sustento diario para sostener a una familia de ocho personas aproximadamente”.

Aunque no reveló su identidad, señaló que muchos de sus compañeros no han tendido qué comer y que les preocupa que el paro y las mesas de negociaciones se sigan dilatando, al punto de no encontrar otra salida que enfrentarse a la Policía y al Ejército para evitar que les arranquen la plantación.

“Acá muchos dejaron de cultivar. Lo que se está viendo ahora es que pocos raspadores les piden permiso a los dueños de fincas de trabajar media jornada y así logran unos poquitos pesos”.

“Pero eso no se ve todos los días, porque hay cultivadores que no dan permiso, porque ellos están dejando que permanezca un poco más de tiempo sembrada”.

Este hombre cuenta que en su casa vive con la esposa cuatro hijos mayores, una niña pequeña, dos primos y sus respectivas esposas, quienes han encontrado en el sembradío y la paspadura de la hoja un sueldo bimensual de $2’500.000.

“Ustedes dirán que eso es mucha plata. No le voy a decir mentiras, los hombres de la casa somos los que trabajamos con los cultivos, pero es que eso de los dos millones no se da siempre, a veces solo sale un millón, y eso lo usamos para pagar la cantidad de deudas que tenemos mientras llega la cosecha”.

“Así como a los presidentes, ministros y todos los de corbata, nosotros también tenemos que cucharearle a nuestros hijos, buscar vestido, arreglar las casas que se han caído con la lluvia y tratar de vivir entre la guerra”, expresó el raspador de la mata.

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