El Papa da un impulso a la reforma financiera del Vaticano

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En diciembre de 2010, Benedicto XVI aprobó un «motu proprio» para fortalecer la lucha contra las actividades ilegales en el campo financiero y monetario. Con la firma de ayer de un nuevo decreto, el Papa Francisco sigue los pasos de su predecesor. Esta Carta Apostólica, en forma de «motu proprio», nace con la intención de «renovar el compromiso de la Santa Sede en lo que respecta a la adopción de los principios y a la utilización de los instrumentos jurídicos desarrollados por la comunidad internacional», con el fin de «prevenir y de luchar contra el blanqueo de dinero, la financiación del terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva», afirmó el Santo Padre en el texto. Así, el documento recoge la obligación de los dicasterios, los organismos dependientes de la Santa Sede y las organizaciones sin ánimo de lucro con personalidad canónica, de cumplir con las leyes del Estado del Vaticano en estos apartados.

Para el 10 de agosto

Las nuevas normas entrarán en vigor el próximo 10 de agosto. Entre las más destacadas, destaca la constitución del Comité de Seguridad Financiera, que coordinará a las autoridades competentes la Santa Sede y del Estado vaticano. Estará presidido por el asesor para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, Bryan Peter Wells. Y, entre otros, formarán parte Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y el español Lucio Ángel Vallejo Balda, secretario de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede. Este comité puede exigir información a los entes y organismos dependientes del Vaticano e identificar las medidas necesarias para la gestión y la contención de los riesgos de blanqueo de capitales. Está previsto que dicho organismo se reúna cada cuatro meses.

Del mismo modo, el Vaticano refuerza la función de vigilancia de la Autoridad de Información Financiera sobre aquellas entidades que desarrollan profesionalmente una actividad de naturaleza financiera, respondiendo así a una recomendación del Moneyval del Consejo de Europa.

«Fundamentalmente, es una línea de continuidad en el ámbito financiero con Benedicto XVI», afirma a este diario el sacerdote y periodista José María Gil Tamayo. «Quiere homologar al Estado Vaticano con la comunidad internacional en lo que respecta a la transparencia financiera», añade. Por ello, considera que «su reforma va en una adecuación al espíritu evangélico de la Iglesia», además de que «blinda al Vaticano ante cualquier resquicio de falta de honorabilidad». En definitiva, supone toda una inyección de «credibilidad»

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