Catatumbo: lecturas equivocadas

Por Carlos Obregón
Llega a un mes el paro en el Catatumbo sin que haya sido posible avanzar al menos en un intento de borrador para buscar una solución a un problema que ya dejó cuatro muertos y en este momento vive una crisis humanitaria.

¿Qué es lo que ha impedido un acuerdo? Son muchas las conjeturas al respecto, pero los hechos han dejado en claro al menos las siguientes:

El problema se minimizó al comienzo y, con cierta ingenuidad, se pensó que era solo un asunto del reclamo de unos cultivadores de coca. Por eso, el tratamiento que le dio el Gobierno fue de choque.

No se escuchó la alerta de quienes desde un comienzo advirtieron que detrás de la movilización estaría la presión armada de quienes han ejercido control en la región, esto es guerrilla y paramilitares.

Como lo dijo el senador Juan Fernando Cristo en Hora 20, el Gobierno no solo llegó tarde –este y los anteriores—sino que además ha habido descoordinación de las entidades que han debido ejecutar las acciones previstas en varios documentos, entre ellos un Conpes.
En el equipo del gobierno no ha habido coherencia: una es la visión del conflicto que tienen los negociadores y otra la de algunos ministros, como el del Interior.

A medida que el problema dejó de ser local –el abandono del Estado, el incumplimiento de los programas de los gobiernos– y se volvió un asunto nacional, las demandas fueron volviéndose más exigentes. Ligar la demanda de reserva campesina en el Catatumbo con la mesa de La Habana resultó por enredar el conflicto.

En un año electoral, este tipo de protestas suelen ser presas del oportunismo de grupos de izquierda y derecha, cuya interferencia hace más complejo un acuerdo porque radicaliza las posiciones.

Se ha perdido la confianza entre ambas partes por los permanentes señalamientos mutuos: para una de las partes, la infiltración de las Farc; para la otra la pérdida de credibilidad respecto a los voceros del Gobierno.

El Catatumbo ha demostrado ser una zona mucho más compleja de manejar que las anteriores movilizaciones y paros de Arauca o el Cauca, y por eso las fórmulas de acuerdo que se han intentado no han servido.

La solución que se le dé al Catatumbo puede servir como referente para el manejo de las manifestaciones que surjan en el postconflicto en muchas zonas con problemas similares a esa de Norte de Santander.

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