Ley del Montes: Santos, ¿solo por seis años?

Al cierre del Congreso Nacional de Municipios, el viernes pasado en Cartagena el presidente Juan Manuel Santos sorprendió a los asistentes con una frase que alteró los planes de quienes habían apostado por su deseo de aspirar a un nuevo mandato y por su permanencia por ocho años en la Casa de Nariño.

“En el caso del Presidente de la República, yo estaría dispuesto a lo siguiente, óigase bien, si yo me llego a presentar a la reelección, que el periodo del próximo presidente sea solamente de dos años y a partir de ese momento de seis, sin reelección”.

Los primeros en aplaudir la sorpresiva propuesta presidencial fueron los alcaldes asistentes al Congreso, quienes también aspiran a tener mandatos de seis años. Es decir, si la iniciativa que ya puso a rodar el presidente Santos sale adelante tendríamos en Colombia presidentes, alcaldes y gobernadores por seis años, sin reelección.

Santos fue más allá en la búsqueda de sus dos años adicionales: “Si me presento yo, la reelección que sea de dos años, para poder nivelarnos y de ahí en adelante, todos con seis años”. “Hay que ver las implicaciones constitucionales y las conveniencias”, dijo Santos, quien se refiere, obviamente, al costo político que tendrá que pagar por reformar el ya famoso “articulito”, como lo llamó Fabio Echeverri Correa, cuando en su momento propuso la reelección de Álvaro Uribe Vélez.

Si la propuesta llega a feliz término, algo que nadie garantiza, pues se trata de una reforma constitucional que deberá ser tramitada por el Congreso y declarada exequible por la Corte Constitucional, Santos estaría en la Casa de Nariño seis y no ocho años. ¿Bueno o malo?

Una reelección con nombre propio: paz con las Farc

El problema de los mandatos presidenciales es que cuando los gobernantes son muy buenos, cualquier período es corto, hasta los mismísimos ocho años que están establecidos en Colombia con la reelección inmediata. Pero cuando los gobernantes son muy malos, hasta dos años terminan siendo una eternidad. Ante esa disyuntiva, el presidente Santos optó por un período ni muy corto, como en efecto lo es el de los cuatro años, donde los dos primeros se le van a todo presidente en la ‘organización de la casa’; ni muy largo, como también acontece con los ocho años de gobierno en un país como Colombia, donde la figura presidencial tiende a desgastarse muy rápido, como de hecho le ocurrió a Uribe, cuyo segundo mandato terminó empañando los logros obtenidos en el primero. Una permanencia de seis años en la Casa de Nariño le podría permitir a Santos terminar las tareas que emprendió desde el momento en que llegó a la Presidencia. De ellas la más importante es la negociación con las Farc, que se lleva a cabo en La Habana. De manera que esta reelección presidencial, así sea por dos años, como la quiere Santos, tiene nombre propio: culminación del proceso de paz con las Farc. El problema, sin embargo, es que la reelección de Santos, ahora sí, quedaría amarrada a los diálogos de La Habana, que es, sin duda, el escenario de mayor riesgo para el Gobierno en general y para Santos en particular.

¿Respaldará Uribe la propuesta de Santos?

El expresidente Álvaro Uribe es uno de los afectados con la sorpresiva decisión de Santos de prolongar por seis años su permanencia en la Casa de Nariño. Es apenas obvio que, para sus cuentas, es mejor tener a Santos en Palacio por seis años y no por ocho. De hecho, la astuta jugada de Santos lo que pretende no solo es cooptar a uribistas indecisos con su reelección, como es el caso de varios congresistas conservadores y de La U, sino neutralizar a los ‘uribistas pura sangre’, quienes respaldarían el Acto Legislativo, aunque ello signifique tener que legitimar los diálogos de La Habana, que es lo que terminaría pasando. Este gana-gana, sin embargo, tiene un serio problema: la suerte de los congresistas, pues con la reforma constitucional habría alcaldes, gobernadores y presidentes de seis años, pero congresistas de cuatro. La razón es muy simple: son muy pocos los colombianos dispuestos a respaldar la ampliación de los períodos de los congresistas a seis años. Con un agravante: los congresistas que se ‘quemen’ en marzo no van a votar para que los que lleguen se queden en sus curules por seis años. ¡Elemental, mi querido Watson!

6 años es mucho tiempo para un presidente malo

Aunque la propuesta de Santos de una reelección por dos “añitos” más, planteada en Cartagena el viernes y reafirmada ayer en Soledad, Galapa y Sabanalarga, tomó por sorpresa a varios de sus aliados políticos, que serían determinantes para el éxito o el fracaso de la iniciativa en el Congreso, hay quienes consideran que un período presidencial de seis años podría resultar demasiado largo. El senador Armando Benedetti, con quien hablé ayer del tema, sostiene que con la reelección en Colombia se “eligen presidentes para ocho años”, pero si les va mal en su gestión solo permanecen cuatro en el cargo. “El problema –dice Benedetti– con los presidentes de seis años fijos es que si salen malos, tenemos que soportarlos todo ese período, que es mucho tiempo para un presidente que no haga bien la tarea”. La iniciativa de los gobiernos de seis años, curiosamente, ha sido promovida por la exsenadora Piedad Córdoba, quien fue la primera que habló del tema, aunque lo amarró única y exclusivamente a los diálogos de La Habana. De cualquier manera, la suerte de la iniciativa depende de los tiempos del Congreso y de los congresistas elegidos en marzo de 2014.

Germán Vargas Lleras, el otro ganador

Cualquier modificación al período presidencial requiere de un Acto Legislatvo, es decir de la reforma al famoso “articulito”, que no es otro que el 190 de la Constitución Nacional, que fija el período presidencial en cuatro años y que, además, establece la reelección inmediata del mandatario solo por un período. En plata blanca, la reforma constitucional planteada por Santos lo que busca es ampliar su período a seis años y eliminar la reelección presidencial de manera definitiva. O al menos hasta que a otro Presidente se le ocurra reformar el “articulito” y acomodarlo a sus propios intereses. En lo que tiene que ver con las implicaciones políticas de la iniciativa de Santos habría que decir que otro de los afectados es el ministro de Vivienda Germán Vargas Lleras, quien, al igual que Uribe, seguramente prefiere a Santos cuatro años en la Casa de Nariño y no ocho, pues la política es dinámica y lo que hoy es, mañana puede no ser. Es decir: nadie le garantiza a Vargas Lleras que en cuatro años su figura seguirá vigente como hoy. En efecto, Vargas Lleras no solo es considerado la estrella del gabinete, sino la carta de Santos en caso de que ninguna de las que juegue –incluyendo la que acaba de poner sobre la mesa en Cartagena, Soledad, Galapa y Sabanalarga, en el Atlántico–, le funcione. De manera que el Ministro de Vivienda también resulta ganador con la iniciativa de Santos, quien, de paso, lo neutraliza y lo mantiene como aliado incondicional. El Partido Liberal, el otro actor de la obra, seguirá firme al lado del Presidente que le tendió la mano cuando cruzaba el desierto burocrático.

Por Óscar Montes

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