Líderes de zona esmeraldífera de Boyacá garantizan continuidad de la paz tras muerte de Carranza

BOGOTA, 05 de Abril ¬_RAM_ El gobierno nacional, las Fuerzas Militares y los mismos líderes de las organizaciones mineras, garantizaron la paz en la zona esmeraldífera de Boyacá, tras la muerte del zar de las esmeraldas, Víctor Carranza.
Precisamente, en momentos en que se anunciaba el deceso de Carranza en la clínica Santa Fe de Bogotá, los dirigentes mineros se encontraban reunidos con el obispo de la Diócesis de Engativá, monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, ratificando la continuidad del acuerdo de paz.
Se recuerda que Monseñor Gutiérrez Pabón, como Obispo de Chiquinquirá, fue junto con Carranza el promotor del acuerdo que reconcilió a los explotadores y comerciantes de esmeraldas y frenó el baño de sangre que por muchos años afectó al occidente boyacense.
El pacto de paz se suscribió en 1990.
El comando de las Fuerzas Militares y la Dirección de la Policia Nacional reportaron que dispusieron el reforzamiento de los dispositivos de seguridad en la zona esmeraldífera, en el occidente boyacense, para garantizar la tranquilidad de sus pobladores.
El general Alejandro Navas afirmó que la fuerza pública está preparada para afrontar cualquier eventualidad en la zona minera boyacense.
“En este caso de Carranza esperamos que no haya ningún problema, ya que tenemos los dispositivos militares y policiales desplegados en esas regiones, donde se ejercen esos negocios, allí tenemos todo el control territorial”, precisó el oficial.
Tal como lo informamos oportunamente aquí en la web de Radio Santa Fe, el deceso de Víctor Carranza se produjo ayer como consecuencia de un cáncer terminal de pulmón y próstata. Hoy se cumplen sus exequias.
Hace algunas semanas, Víctor Carranza previendo su muerte y temiendo que se reviviera la guerra verde, envió una carta a sus rivales en la explotación y comercio de las esmeraldas, convocando un nuevo acuerdo de paz .
En la misiva, Carranza advirtió “ graves situaciones que realmente pueden poner en riesgo la estabilidad de dicho proceso” y por lo tanto recomendó “de manera inmediata, salir a la defensa del respeto por la vida”.
Tras la muerte de Carranza, el control de las minas de esmeraldas de Boyacá se lo disputan Jesús Hernando Sánchez Sierra, socio del desaparecido zar de las esmeraldas y Pedro Rincón, alias ‘Orejas’.
Este último es propietario de la mina La Pita y fue uno de los más caracterizados rivales de Carranza, e incluso se le señalo como presunto autor intelectual de algunos de los atentados que se perpetraron contra el zar de las esmeraldas.
Rincón estuvo preso en el 2009, acusado de homicidio, pero quedó libre por vencimiento de términos y luego fue absuelto, porque los testigos se retractaron, al parecer tras ser intimidados o sobornados, según la fiscalía.
El socio de Carranza, Jesús Hernando Sánchez Sierra, tiene 42 años y oriundo de Briceño (Boyacá), sobrevivió milagrosamente a un ataque de sicarios en octubre pasado en el interior de un almacén ubicado al norte de Bogotá.
La guerra verde se desató en 1970 por el control de los más grandes enclaves mineros, provocando cientos de víctimas.
Ante la excesiva ola de violencia, el Estado se vio obligado a intervenir, y, luego de largas negociaciones, los cabecillas de los grupos mineros enfrentados, firmaron la paz.
En 1973, por primera vez, el gobierno colombiano tomó el control de la zona, siendo la administración de Misael Pastrana Borrero la que impulsó una política de concesiones.
Uno de los más favorecidos con este roceso fue Víctor Carranza, quien se adjudicó las minas de Muzo y Coscuez, que generan el 60 % de la producción mundial de esmeraldas y el 80 % de las de mayor calidad del mundo.
Desde esa época, el negocio de las esmeraldas se transformó en una de las exportaciones no tradicionales que más ingresos le han reportado a Colombia.

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