Reina la inseguridad

Lamento contradecir a quienes desde las esferas oficiales bogotanas vienen pregonando que el país disfruta de una seguridad y una tranquilidad que nunca antes se había visto. No es así. Las cifras, a las que siempre hay que creerles, pues son las únicas que no mienten, indican otra cosa. Indican que la inseguridad impera a lo largo y ancho del país, especialmente en los grandes centros urbanos. La percepción ciudadana es que los grupos ilegales hacen de las suyas sin que nadie actúe para garantizar la vida y la integridad de los colombianos. Veamos:

Medellín, la ciudad más innovadora del mundo, acaba de vivir el peor fin de semana de toda su historia, que ya es mucho decir, pues no podemos olvidar que en los 80, la capital antioqueña fue sometida al asedio inclemente de Pablo Escobar y sus secuaces. Pues bien, en Medellín el pasado fin de semana fueron asesinadas 33 personas -¡treinta y tres!- cifra que no alcanzan metrópolis con mayor número de habitantes y con más factores de violencia, como Río de Janeiro o Sao Paulo, en Brasil, para solo hablar de Sudamérica.

En Cali en lo que va corrido de marzo han sido asesinadas 53 personas. Los crímenes han sido realizados por delincuentes comunes o por integrantes de bandas organizadas que actúan en la ciudad y que nadie ha podido ponerle freno.

En Barranquilla y su área metropolitana en el mes de febrero ocurrieron 27 homicidios, cifra que resulta tan escandalosa como las de Medellín y Cali y que muestra el evidente deterioro que se ha venido presentando en materia de seguridad en todo el país. Pero no solo se trata de homicidios, también ha habido aumento en el número de extorsiones a comerciantes y empresarios de la ciudad. Es tal la situación que hasta a la alcaldesa Elsa Noguera se le colmó la paciencia y ayer reprendió fuertemente y en público a la Policía, que ha mostrado muy poca capacidad de reacción. La Alcaldesa, como máxima autoridad del Distrito, no ha hecho otra cosa que interpretar el clamor popular.

En la zona rural del Departamento del Atlántico, los ganaderos reportan el incremento del abigeato en varios municipios, como lo registró EL HERALDO, sin que tampoco aparezcan las medidas que le pongan fin al flagelo. Un comerciante extorsionado y un ganadero ‘vacunado’ es lo peor que le puede pasar a una ciudad y a un departamento que apuestan a mejorar sus indicadores de crecimiento.

El fenómeno se repite en toda la Región Caribe. Pasa lo mismo en Sucre, Córdoba, Cesar, Magdalena y La Guajira, donde el desespero comienza a apoderarse de ganaderos y agricultores, quienes se quejan de no ser escuchados por quienes, desde Bogotá, definen la política de seguridad. “Yo quisiera saber en qué país viven los voceros del Gobierno que hablan a nombre de nosotros”, me dijo recientemente un ganadero barranquillero que ha tenido que refugiarse en su casa, como en épocas anteriores.

De modo que en materia de seguridad las cosas no están saliendo bien y no es sano ni conveniente que el Gobierno insista en ver palomas blancas donde hay gavilanes con garras afiladas. No es por ese camino como se pone fin a la tragedia de miles de familias en campos y ciudades. Mejor sería adoptar medidas urgentes contra quienes están acabando con lo poquito que se ha construido en los últimos años. No es que reine la seguridad, sino que ya ingresamos al reino de la inseguridad. Grave, muy grave.

Por óscar Montes
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