Ley del Montes: Y ahora que no está Hugo Chávez, ¿qué sigue?

Un Nicolás Maduro conmovido hasta el llanto juró ante la Asamblea Nacional y ante el pueblo de Venezuela, el pasado viernes en la noche, “lealtad absoluta y eterna al comandante Hugo Chávez”. Sus palabras fueron recibidas como bálsamo purificador por millones de seguidores del desaparecido líder, quien antes de morir había designado, precisamente, a Maduro como su sucesor, encargo que este recibió con “humildad y orgullo”, según sus propias palabras.

Era un secreto a voces que desde que Chávez recayó en su enfermedad en diciembre pasado, Maduro contaba con su bendición y –sobre todo– con la de los cada día más poderosos e influyentes hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes parecen tener en sus manos buena parte del futuro de Venezuela y de su nuevo Presidente encargado y candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Maduro –lo dijo en su discurso de posesión– le guarda tanta gratitud y lealtad a Chávez, que se fue, como a Fidel y Raúl, que se quedaron.

El reto para Maduro como Presidente encargado y como futuro Presidente, si se cumplen los pronósticos de los expertos, es profundizar aún más la llamada por Chávez Revolución del Siglo XXI, tarea que dejó inconclusa y que aspiraba terminar en el 2030.

La receta de dicha Revolución incluye, por supuesto, más estatización de la economía, algo que va hoy más que nunca en contra de la tendencia dominante en el mundo, así como una mayor dosis de asistencialismo por parte del Gobierno, que termina cobrando por ventanilla –como va a ocurrir con Maduro de candidato el próximo 14 de abril– los favores que el gobernante les brinda a la población. ¿Es Maduro el conductor que el chavismo necesita?

Maduro deberá ordenar la casa y ofrecer garantías a opositores
En su discurso del pasado viernes en la noche, luego de juramentarse como Presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro fue muy generoso con sus “compañeros de lucha”, a quienes les recordó todos y cada uno de sus logros, pero muy tacaño con quienes, desde la otra orilla, han asumido una posición crítica con el gobierno revolucionario venezolano. Es decir, Maduro habló más como candidato presidencial –que lo es– que como Presidente encargado –que también lo es–. Esa curiosa dualidad es, sin duda, una figura perversa para un régimen que se proclama como democrático y garantista. En otras palabras, el Maduro presidente habló para sus potenciales electores y no para sus gobernados, muchos de los cuales ni votaron por Chávez ni piensan votar por Maduro. La única vez que Maduro habló a quienes no hacen parte del partido de gobierno fue cuando les ofreció garantías para que ingresaran a sus filas, es decir volvió a hablar como candidato. Y es que, electoralmente, Maduro tiene el reto de aumentar la votación alcanzada por Chávez en las pasadas elecciones presidenciales, cuando derrotó a Henrique Capriles, por cerca de 1.5 millones de votos, tarea que no será nada fácil, pues Maduro no es Chávez. Así de sencillo. De manera que, en lugar de aumentar la votación, es bastante probable que Maduro baje considerablemente los votos alcanzados por Chávez. Esa es la razón por la cual Maduro le apunta al corazón de los chavistas, con quienes quiere seguir contando, pero también les ofrece una pedazo de zanahoria a quienes, cansados de perder elecciones, podrían considerar la posibilidad de volverse ‘revolucionarios’.

¿Qué papel jugará Estados Unidos en la era Maduro?
En su discurso, luego de juramentarse como Presidente encargado, Maduro –como Chávez– fustigó duramente al “imperialismo norteamericano”, lo que fue recibido con estruendosos aplausos, pero se cuidó muy bien de dejar por fuera de esa generalidad a “sindicatos y algunos centros de estudio y universidades” con quienes Venezuela tiene muy buenas relaciones. De hecho, uno de los asistentes a los funerales de Chávez fue el excandidato presidencial Jesse Jackson, cuya presencia en la Asamblea fue resaltada por Maduro. La verdad monda y lironda es que Maduro es más amigo del ‘Tío Sam’ de lo que parece. Sus acercamientos a Washington en los últimos meses ha generado todo tipo de suspicacias dentro del ‘chavismo pura sangre’, que cree que todo lo que viene de Estados Unidos “huele a azufre”. Aunque el discurso de Maduro es tan radical como el de Chávez, en lo que tiene que ver con Estados Unidos su pragmatismo lo llevará a tender puentes en lugar de volarlos.

¿Será Juan Manuel Santos el nuevo mejor amigo de Maduro?
La mención que hizo Nicolás Maduro de Juan Manuel Santos durante las exequias de Hugo Chávez llamó la atención, pues es evidente que se trata de un gesto que indica que el Presidente encargado, y seguramente futuro Presidente de Venezuela, tiene el mismo interés de su antecesor por mantener muy buenas relaciones con el mandatario colombiano. De igual manera, Santos también destacó en Cúcuta, poco antes de viajar a Caracas, que logró construir con Chávez unas muy buenas relaciones, a pesar de que con él existían profundas diferencias ideológicas y políticas. Lo mismo pasará con Maduro, quien jugará un papel fundamental en la puesta en marcha y desarrollo de múltiples proyectos binacionales, como la construcción del oleoducto que le permitirá a Venezuela sacar hidrocarburos por el Pacífico colombiano. Maduro no tiene, pues, ni deseos ni razones para agriar las aguas y romper amarras con Colombia. Todo lo contrario: en momentos en que necesita consolidar su liderazgo nacional e internacional, nada mejor que contar con dos grandes aliados estratégicos: Estados Unidos y Colombia, países que han mostrado una gran predisposición al entendimiento político, diplomático y comercial con el vecino país, sobre todo después de haber dejado atrás los gobiernos de Álvaro Uribe y George W. Bush, con quienes Chávez tuvo pésimas relaciones. A diferencia de Chávez, que “compraba peleas” por cualquier motivo, Maduro es menos intervencionista y entiende que organismos creados gracias a su gestión como canciller venezolano, como el Alba, están precisamente para ventilar aquellos asuntos que comprometen las buenas relaciones de los países de América Latina.

La paz nace en La Habana y hace escala en Caracas
Aunque algunas expresiones de Maduro, como esa de plantear la hipótesis de que el cáncer de Chávez fue “inoculado” por sus enemigos, resultan absurdas y carentes de toda lógica, como bien lo expresó el médico oncólogo Carlos Rodríguez a RADIO H, emisora de la Casa Editorial EL HERALDO, lo cierto es que el Presidente encargado de Venezuela es una persona que se caracteriza por analizar fríamente los diversos escenarios que podrían crearse a partir de una decisión que tenga de adoptar. Así ocurrirá, por ejemplo, con el tema de la paz que negocian actualmente el Gobierno de Colombia y las Farc en La Habana, donde Venezuela tendrá un papel fundamental para su éxito. La paz de Colombia pasará por La Habana, pero deberá hacer escala en Caracas, pues en ambas ciudades se encuentran hoy por hoy las llaves de la reconciliación nacional. Maduro, al igual que Chávez, es cercano a las Farc, pero lo es mucho más de los hermanos Castro, que son el verdadero poder.

Por Óscar Montes

Twitter: @leydelmontes

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