¿Qué pasa en La Habana?

La semana pasada el jefe negociador del Gobierno en La Habana, Humberto De La Calle, sorprendió al país con el anuncio de que ya las partes habían llegado a los primeros acuerdos sobre el tema agrario. Excelente noticia, pues es bien sabido que ahí radica el principal cuello de botella no sólo de la negociación en particular, sino en general del conflicto armado que por más de 50 años padece el país.

El llamado “problema de la tierra” atraviesa de forma transversal toda la crisis social, económica y política desde tiempos inmemoriales, independientemente de que hoy –a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas- la propiedad y uso de la misma hayan cambiado de forma dramática. La tierra sigue siendo, pues, la nuez de la guerra.

Precisamente por la importancia estratégica que tiene el hecho de haber avanzado en un tema tan substancial para la suerte de la negociación es que llama la atención que la delegación gubernamental no haya ido más allá del simple anuncio, es decir del mero titular de prensa, como si creyeran que ello es suficiente para que los colombianos nos declaremos satisfechos de los avances. Resulta, sin embargo, que es todo lo contrario.

Por ser tan determinante la suerte de la tierra del país es que se necesita que el Gobierno, especialmente sus delegados en La Habana, sean mucho más claros, contundentes y categóricos a la hora de enviar mensajes a la opinión pública relacionados con el tema.

Obviamente no se trata de que rompan la confidencialidad que, todos sabemos, debe acompañar este tipo de negociaciones. Lo que se pide es que trasciendan el simple anuncio, que presentado y difundido escuetamente y sin ningún tipo de contexto sólo contribuye a una mayor confusión e incertidumbre acerca de lo que está pasando con los diálogos con las Farc.

Sería bueno, por ejemplo, que la delegación nacional –no las Farc– nos informe a los colombianos en qué puntos concretos avanzaron en La Habana en lo que tiene que ver con la propiedad y uso de la tierra. ¿Es cierto que las Farc ya no condenan el latifundio, como informó alguien cercano a la mesa? Si ello es así, ¿cuál es el alcance que tiene un giro de semejante trascendencia? ¿Qué pasará con las tierras que están en poder de las Farc y que fueron arrebatadas por ese grupo guerrillero a decenas de familias del país, especialmente en la zona del Caguán? ¿Se va a integrar una comisión de alto nivel para que informe sobre el estado actual de la tierra en el país, que es, precisamente, una de las peticiones de las Farc?

Si bien es cierto que el exceso de información no es sano en toda negociación, tampoco lo es el secretismo que acompaña a algunas de ellas. Lo sano es informar oportuna y certeramente de los avances de la misma. Es la única manera de darle transparencia a unos diálogos que son vitales para la suerte del país, mucho más si lo que se quiere es que los acuerdos a los que lleguen las partes sean refrendados por el pueblo. ¿Cómo piensan Gobierno y guerrilla que los colombianos vamos a avalar unos acuerdos que desconocemos casi que de forma integral?

De manera que sería muy bueno que el manejo de esos asuntos tan delicados sea replanteado por quienes integran la delegación gubernamental y son voceros de la comunidad.

No se trata, repito, de caer ahora en una especie de ‘verborrea mediática’, pero sí de tener plena conciencia de que los logros de la mesa deben ser transmitidos oportunamente a la opinión pública. Ese sería, sin duda, el primer gran logro de la paz. Mientras tanto los colombianos nos seguiremos preguntando, ¿qué es lo que está pasando en La Habana?

Por Óscar Montes
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