La estampita de Chávez

Pocos países del mundo se pueden dar el lujo de tener un Presidente ausente. Uno de ellos es Venezuela que dos meses después de su última aparición pública aún cree que Hugo Chávez Frías va a llegar un día de estos montado en el caballo Palomo a continuar gobernando desde Miraflores. La mayoría de los venezolanos se resiste a creer que su gobernante, por más que quiera, no tiene fuerzas físicas para seguir con su Revolución del Siglo XXI.

La idolatría que despierta Chávez entre sus seguidores merece un análisis profundo sobre sociología política, pues no es fácil entender tanto fanatismo y tanto fervor. El día de su regreso -¿regresó Chávez a Caracas?- hubo seguidores que no dudaron en afirmar que lo vieron bajarse del avión y caminar “por sus propios medios” hasta el carro que lo esperaba para llevarlo al Hospital Militar, donde se supone que lo están atendiendo.

Supongamos que Chávez, en efecto, regresó a Caracas y que lo están atendiendo los especialistas del Hospital Militar, entonces valdría la pena preguntarse, y preguntarles a quienes se supone que hablan con Chávez todos los días, entre ellos el vicepresidente Nicolás Maduro, ¿por qué razón no se ha conocido un solo parte médico que indique el verdadero estado de salud del Presidente de Venezuela?

Lo único que los venezolanos han conocido de Chávez en los últimos dos meses es una foto tomada en La Habana en la que aparece con sus dos hijas, sosteniendo en sus manos –no leyendo- un ejemplar del periódico Gramma, el diario oficial del régimen cubano. Los secuestrados también mandan fotos de periódicos recientes, como prueba de supervivencia. Esa foto, digo, es la única prueba que tienen los chavistas de que Chávez está vivo.

Pero la imagen también despierta dudas sobre el supuesto regreso de Chávez a Caracas. Sobre la foto que lo muestra con sus hijas en La Habana, y que en las calles de Caracas se vende más que una estampita de José Gregorio Hernández, hay quienes se preguntan qué pasó con el lunar que siempre había acompañado el rostro de Chávez, pero que en esta oportunidad desapareció como por arte de magia. ¿Aprovechó Chávez el tratamiento del cáncer para operarse el lunar?

Pero parece que los gobernados por Chávez no necesitan saber nada de quien los gobierna. Solo requieren que quienes hablan con él –o eso es lo que dicen- les cuenten que todo está bien y que el Presidente libra la batalla para vencer al cáncer y que volverá pronto a Miraflores. No necesitan verlo para obedecerlo. Fanatismo puro y duro. Lo mismo pasaba en Argentina en tiempos de Domingo Perón y en República Dominicana con Leonidas Trujillo y en Cuba en con Batista y ahora con Fidel. El fanático no necesita meter el dedo en la llaga para creer lo que sus ojos no ven. Es más, no necesitan ver la llaga.

Es por esa razón que en Venezuela, ante la imposibilidad de ver a Chávez en carne y hueso, terminaron adorando una foto. A ella le suplican milagros, como si en verdad la imagen de Chávez pudiera aliviarles los dolores que ni siquiera el mismo Chávez con todo el poder que posee ha podido aliviarse. A la foto la besan, la estrujan, la aprietan contra su pecho, la pasean como si fuera la mismísima Virgen de Coromoto, le hablan al oído para que les escuche sus plegarias, le secan las lágrimas, pues hay quienes juran que han visto llorar a Chávez. Tan necesitados están de Chávez que se conforman con una estampita.

No es serio lo que pasa en Venezuela con Chávez. O mejor dicho: cualquier cosa puede estar pasando en Venezuela con Chávez. Puede estar muerto. ¿Quién prueba lo contrario? Puede estar vivo. ¿Quién prueba lo contrario? Puede que no haya regresado a Caracas. ¿Quién prueba lo contrario? Puede que se haya quedado a vivir por siempre en La Habana, donde lo quieren tanto. ¿Quién prueba lo contrario? Con Chávez puede estar pasando de todo o puede que no esté pasando nada y puede –claro- que lo que pudo pasar ya pasó.

Resulta, sin embargo, que un país serio necesita gobernantes serios, que es lo que no pasa en Venezuela en los tiempos que corren. Nada es serio en Venezuela. Ni Maduro, el sucesor, ni el sistema judicial que persigue impunemente a quienes se oponen al gobernante supremo, ni mucho menos el Consejo Nacional Electoral, que está dispuesto a posesionar así sea a un Chávez embalsamado, con tal de perpetuar su poder, que es el que les permite a los magistrados seguir ahí en sus puestos legitimando elecciones y abusos. Esa es la Venezuela que Chávez edificó a su imagen y semejanza. Por eso es que no sorprende que ahora adoren una foto, como si fuera el mismísimo Chávez en carne y hueso.

Por Óscar Montes
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