El Oscar cuesta 7,5 millones de euros

Los Angeles. El anuncio de las candidaturas al Oscar fue un jarro de agua fría para Ben Affleck: Argo fue nominada como mejor película, pero su nombre quedó fuera de los cinco candidatos a mejor dirección. Un mes más tarde, tras 7,5 millones de euros en campaña y tras arrasar en el resto de los galardones de la temporada, desde los Globos de Oro hasta los Premios del Sindicato de Actores, pasando por el de Productores, Guionistas y, especialmente, el de Directores, Argo llega este domingo a las puertas del teatro Dolby —se acabó la publicidad de Kodak— como la gran favorita a los Oscar.

Y todas las quinielas apuntan a que Argo se lleve la estatuilla principal. Eso sí, son las mismas quinielas que hace tan solo un mes veían como la obvia ganadora de esta 85ª edición de los Oscar a Lincoln, filme histórico sobre el presidente más reverenciado en los Estados Unidos, centrado en un momento clave en la historia del país como fue la abolición de la esclavitud y contado a través del alma de Steven Spielberg. Lincoln además cuenta con 12 candidaturas —la película que aspira a más premios— y que a menos de 100 horas de que se entreguen las estatuillas solo puede dar por seguro el galardón para Daniel Day-Lewis como mejor actor.

Argo se puede beneficiar de un voto de simpatía hacia el gran olvidado —su director, Ben Affleck— o de castigo a un complejo sistema de votación preferente donde los académicos, con su voto, dan una puntuación a sus seleccionados, saliendo los elegidos de la media de sus notas. También se ha ayudado de una campaña brutal. Se rumorea que los estudios han pagado el doble de lo que invirtieron otros años en su lucha por el Oscar. Porque la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas controla desde hace tiempo la forma en que los estudios cortejan el voto de sus cerca de 6.000 miembros, pero no existe un límite en la cantidad invertida. Y en esta edición, según el periódico Los Angeles Times, se han superado todas las cifras. En Argo y Lincoln Warner Bros. y Disney, respectivamente, han invertido unos 7,5 millones de euros cada uno. Fox (La vida de Pi), Universal (Los miserables), o Sony (La noche más oscura) no están muy lejos de esa cantidad. Tampoco se ha desmelenado en esta ocasión Harvey Weinstein, que en esta campaña presenta El lado bueno de las cosas. Weinstein demostró a Hollywood que el Oscar tiene un precio cuando en 1999 consiguió la victoria contra pronóstico de Shakespeare enamorado gracias a una campaña valorada en 11,3 millones de euros que arrebató a Spielberg y a su Salvar al soldado Ryan la estatuilla principal.

La historia se puede volver a repetir. Para Argo el mejor arma ha sido su derrota en las nominaciones. Si se cumplen las predicciones y sale victoriosa será el segundo filme que gana el Oscar a la mejor película sin contar con una candidatura a su dirección (el primero fue Paseando a Miss Daisy en 1990). Lo que sí es seguro es que será la primera vez en 10 años en que el ganador del Sindicato de Directores (Ben Affleck, en este caso) no obtiene el Oscar. Porque si tanto Argo como Day-Lewis, Anne Hathaway (como mejor actriz de reparto por Los miserables) o Amor como mejor película en lengua no inglesa se dan como triunfadoras antes de empezar (lo mismo ocurre en mejor vestuario, donde nadie duda que el diseño de los trajes de Anna Karenina se llevarán el premio en lugar del español Paco Delgado y su trabajo en Los miserables), el resto de los premios son una caja de sorpresas. Especialmente, el de mejor director.

Spielberg hubiera sido el favorito de no ser por el tono algo distante de su campaña desde que empezó el tsunami Argo. Su silencio se ha entendido como una señal de arrogancia. Ang Lee y su trabajo en La vida de Pi ahora pinta como el favorito con una película que ha fascinado a la Academia, como demuestran sus 11 candidaturas (casi todas técnicas). Es un filme sin polémica y el más taquillero de todos las aspirantes, con una recaudación mundial que supera los 430 millones de euros.

Además está la polémica política que afecta ahora a Lincoln, quizá no tan históricamente correcta como pretendía ser meses atrás. Una polémica que anteriormente hundió las esperanzas de Kathryn Bigelow de una nueva victoria con su La noche más oscura y quizá acabe también con las posibilidades de Jessica Chastain como mejor actriz por su trabajo en este thriller. El movimiento favorecería a Jennifer Lawrence (El lado bueno de las cosas), aunque el factor nostalgia haga posible que la estatuilla se la lleve Emmanuelle Riva, que el domingo, gane o pierda, cumplirá 86 años en el teatro Dolby, y será la candidata más veterana en estos premios por un trabajo —unánimemente admirado— en Amor. A Naomi Watts y su labor en Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, le quedará lo mismo que a la pequeña Quvenzhané Wallis con Bestias del sur salvaje: el placer de haber llegado hasta allí.

Incluso Robert de Niro, si gana como se espera por su trabajo de reparto en El lado bueno de las cosas, habrá tenido que darlo todo durante la campaña de promoción. Alguien tan reacio a hablar con la prensa como este intérprete se echó a llorar durante una entrevista televisada, emocionado por una película que trata de las enfermedades mentales, mientras sus anuncios en prensa recordaban que el actor de actores, el maestro de Toro salvaje, no recibe un Oscar desde aquel filme de Martin Scorsese. Y eso fue en 1981. Si este tipo de campaña le funcionó a Meryl Streep el pasado año con La dama de hierro, ¿por qué no a De Niro?. Vía www.elpais.com

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