Rafael Correa busca triunfo histórico en elecciones presidenciales de Ecuador

Ecuador se plantea su lugar en el mundo en las elecciones presidenciales de este domingo en las que elegirá entre la actual cercanía con Venezuela, China e Irán, y una política volcada hacia sus mayores socios comerciales, Estados Unidos y la Unión Europea.

Hasta el año 2007 Ecuador, un pequeño país exportador de petróleo, había mantenido la mirada hacia Estados Unidos, el principal comprador de su crudo y su gran socio comercial.

Sin embargo, al llegar al poder Rafael Correa, un economista de izquierda educado en Bélgica y Estados Unidos, dio un giro de timón “en dirección opuesta a Estados Unidos” y se alineó con la Venezuela de Hugo Chávez, aseguró Andrés González, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad San Francisco de Quito.

El Presidente afirma que el país “ha recuperado soberanía” durante su mandato, con un enfoque centrado en América Latina y el rechazo de los TLC.

Sus rivales en los comicios, en los que podrán votar 11,6 millones de ecuatorianos, son el exbanquero Guillermo Lasso, el expresidente Lucio Gutiérrez, el exministro Alberto Acosta, el empresario bananero Álvaro Noboa, el pastor evangélico Nelson Zavala, el izquierdista Norman Wray y el independiente Mauricio Rodas.

Ellos acusan a Correa de poner la ideología por delante de los intereses del país al querer estrechar relaciones económicas con Irán, pese a las sanciones internacionales que pesan sobre esa nación por su programa nuclear.

La oposición también le critica haber recibido al presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, acusado por la ONU de graves violaciones de los derechos humanos.

Candidatos como Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez y Mauricio Rodas proponen negociar acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa, e integrarse en la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Perú, México y Colombia para promover el libre comercio.

También afirman que Correa ha cambiado la dependencia de Estados Unidos por la dependencia de China, que se ha convertido en el principal prestamista de Ecuador. El Mandatario no ha tenido reparo en incomodar a Estados Unidos, al que acusó de infiltrarse en la Policía ecuatoriana y dominar la OEA. También echó a la embajadora en su país.

Al mismo tiempo, Correa ha coqueteado con la idea de la integración plena en el Mercosur. No obstante, si toma ese paso a Ecuador le sería imposible, según analistas, firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea, su segundo mayor mercado, puesto que tendría que adoptar los aranceles exteriores comunes del Mercosur y no podría negociar tasas diferenciadas con Bruselas.

Tras ser criticado por sus ataques contra la prensa, Correa acaparó la atención internacional por alojar indefinidamente en la delegación diplomática de su país en Londres a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, un hombre que dice defender la libertad de expresión.

Si alguno de sus rivales vence las elecciones, tendrá que definir qué hace con Assange y si mantiene al país en la Alba, el bloque de gobiernos latinoamericanos de izquierda encabezado por Chávez.
Con la enfermedad que padece el ‘comandante’ venezolano, los derroteros de ese grupo están en el aire y algunos analistas han mencionado a Correa como un posible sucesor como su líder.

Imparable

El 7 de febrero, el último día en que se publicaron encuestas en Ecuador, Rafael Correa aventajaba al segundo clasificado, Guillermo Lasso, con entre 38 y 51 puntos porcentuales en intención de voto. Para no ir a una segunda vuelta, Correa necesita más del 50 % de los votos o el 40 % con una ventaja de diez puntos porcentuales frente al segundo.

El Mandatario ha mantenido un alto nivel de popularidad durante todo su gobierno, principalmente debido al buen desempeño de la economía, apuntalada por el alto gasto e inversión pública, según los analistas.

Correa ocupa desde 2007 el Palacio de Carondelet. En 2009 los electores lo refrendaron en el cargo, en unos comicios realizados bajo las reglas de una nueva Constitución, impulsada por él.

Confiado en el triunfo, en la tarima Correa canta, baila, aplaude y parece un caudillo invencible, sin contendor a la vista que haga contrapeso a ese volcán de arengas y ataques que profiere.

No hace promesas porque sabe que ha cumplido muchas, pero se esmera en repetirlas como si quisiera que quedaran grabadas en el inconsciente colectivo: que ha construido 8.000 kilómetros de carreteras y puentes; que ha edificado o reconstruido cientos de escuelas y decenas de hospitales; que ha impulsado programas de salud y educación gratuitos para los más pobres.

Con un estilo directo, que confronta y golpea, con un discurso plagado de agravios en contra de opositores y una tenacidad a toda prueba, se ha convertido en un verdadero tornado en la política ecuatoriana.

Considerado héroe para los beneficiarios de sus programas asistenciales, Correa también es temido por empresarios, defensores del libre mercado, periodistas y activistas de derechos civiles. Y a escasas horas de celebrarse las elecciones, parece estar virtualmente reelegido para un segundo período presidencial de cuatro años. Claro, si no cambia la Constitución durante su probable segundo mandato.

Correa es uno de los pocos mandatarios que ha logrado estabilizar a una nación que ha tenido a siete presidentes de 1997 a 2007. En esos años, además, se derrocaron tres mandatarios: Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2003).

“El retorno del Estado, el lanzamiento de una agenda amplia de políticas públicas… producen en los ciudadanos la imagen de un estado dinámico, que responde a la demandas de cada uno, cuando estaban acostumbrados a que no haya atención” , dijo Franklin Ramírez, profesor y catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso.

“Esto ha producido un entorno de relativa estabilidad política, con niveles de crecimiento económico no muy elevados, pero importantes, con generación de empleo y redistribución del gasto social”, añadió.

De ser elegido este domingo, Rafael Correa puede batir el récord de permanencia en el poder, ostentado por ahora por el militar Ignacio de Veintemilla, que presidió Ecuador por siete años a finales del Siglo XIX, según dijo Gonzalo Ortiz, miembro de la Academia Nacional de Historia de Ecuador.

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