Benedicto XVI, ¿expapa?

Por: Oscar Montes

La renuncia de Benedicto XVI a su condición de Papa tomó por sorpresa a todo el mundo. Pese a su edad avanzada, nadie esperaba que el máximo jerarca de la Iglesia Católica decidiera abandonar el Vaticano para irse a pasar sus últimos días al monasterio de Castel Gandolfo. Entre los primeros que debieron salir a absolver dudas sobre la nueva condición de Benedicto XVI se encuentran los sabios de la Real Academia de la Lengua, a quienes millones de creyentes en el mundo les preguntaron a quemarropa: ¿Y ahora cómo vamos a llamar al Papa?

De afán, porque los últimos sucesos así lo obligaban, los sabios de la RAE decidieron que a Benedicto XVI se le puede llamar “expapa”, rótulo que a mí, que no soy miembro de la RAE, no me gusta ni cinco, entre otras cosas, porque creo que un papa nunca deja de serlo, así renuncie, como tampoco un general pasa a ser exgeneral, a lo sumo se le puede llama “General en uso de buen retiro”. De manera que, al menos para mí, Benedicto XVI seguirá siendo papa.

Pero la renuncia de Benedicto XVI también tomó por sorpresa a quienes se encargan de sus pertenencias más íntimas, desde sus coloridos y siempre bien lustrados zapatos color cardenal, hasta su Anillo del Pescador o Pescatorio. Pero, ¿qué ocurre cuando un papa renuncia? La pregunta, por supuesto, no es un asunto menor, dada la trascendencia del hecho. Por fortuna, esta otra duda razonable también tuvo pronta respuesta: el Pescatorio de Benedicto XVI será destruido, como sucede cuando cada Papa muere, y el nuevo Papa tendrá su propio Anillo del Pescador.

La renuncia de un papa no es algo que se dé con frecuencia. De hecho, solo cuatro lo han hecho en la historia de la Iglesia Católica. El último fue Gregorio XII, en 1415. Ahí radica buena parte de la incertidumbre que aún acompaña a los miles de millones de católicos del mundo. ¿Cómo llamar a Benedicto XVI a partir del 28 de febrero? ¿Cardenal Josep Ratzinger? ¿No es una forma de degradarlo? ¿Se puede ser Coronel después de llegar a ser General?

La sabia decisión que tomó Benedicto XVI produjo, además, una controversia sobre las razones de su retiro. Contrario a quienes han empezado a especular sobre ese asunto y han planteado todo tipo de hipótesis, algunas más estrambóticas que otras, entre ellas las que tienen que ver con el escándalo de los llamados ‘vatileaks’ y con un golpe sufrido en la cabeza durante su viaje a México en 2012, creo que ningún papa renuncia por un escándalo en el que no tiene nada que ver, ni mucho menos por un golpe que se propinó cuando se estaba afeitando.

A diferencia de quienes consideran que detrás de la salida de Benedicto XVI hay una trama oscura que pretende ocultar mafias poderosas o cualquier otro tipo de motivación perversa, soy de los que piensan que el Papa renuncia porque está cansado y quiere descansar. Punto. Benedicto XVI considera que, dada su edad avanzada, no está en condiciones físicas ni mentales para continuar con su ministerio petrino. Esa es la razón de su renuncia. Como todo ser humano, Benedicto XVI quiere disfrutar de la tranquilidad que se merece. Otros a esa edad, la Reina Isabel de Inglaterra, por ejemplo, prefieren seguir en la brega, mientras tortura a Carlos, el príncipe heredero del trono, que ya parece mayor que ella.

De manera que Benedicto XVI ha decidido voluntariamente retirarse a sus aposentos. Con discreción y humildad consideró que la Iglesia Católica debe tener al frente a alguien más joven y con más bríos para que continúe la cada vez más difícil y exigente misión evangelizadora. Ello lo muestra más humano, más terrenal y, sobre todo, más desprendido del poder, algo que a decir verdad es cada día más escaso entre los poderosos. Es un ejemplo que deben imitar muchos y no solo en el Vaticano.

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